El Perú desde la intimidad

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El Perú desde la intimidad Epistolario de Manuel Candamo (1873-1904) Primera edición: mayo de 2008 © José A. de la Puente Candamo y José de la Puente Brunke De esta edición: © Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2008 Av. Universitaria 1801, Lima 32 - Perú Teléfono: (511) 626-2650 Fax: (511) 626-2913 feditor@pucp.edu.pe www.fondoeditorial.pucp.edu.pe Imágenes de carátula: Manuel Candamo y Teresa Álvarez Calderón (colección particular) Fotografía de carátula: Daniel Giannoni Prohibida la reproducción de este libro por cualquier medio, total o parcialmente, sin permiso expreso de los editores. ISBN: 978-612-317-144-5 3

EL PERÚ DESDE LA INTIMIDAD Epistolario de Manuel Candamo (1873-1904) INVESTIGACIÓN, ESTUDIO PRELIMINAR Y NOTAS DE JOSÉ A. DE LA PUENTE CANDAMO Y JOSÉ DE LA PUENTE BRUNKE 4

PALABRAS INICIALES En 1935 ingresé como alumno de segundo año de Secundaria al colegio de la Recoleta, situado entonces en la avenida Uruguay. Como yo vivía en Magdalena Vieja, almorzaba a diario en la casa de mi abuela materna, Teresa Álvarez Calderón de Candamo, en la avenida Wilson, muy cerca del colegio. Almorcé allí hasta su muerte en 1937, a la edad de 86 años, y conversando con ella aprendí mucho sobre el Perú del siglo XIX. Me hablaba de su esposo, Manuel Candamo —fallecido en 1904—, no solo con cariño, sino con especial devoción, ponderando su carácter y sus acciones. Narraba acontecimientos históricos como asuntos cercanos y cotidianos: la conmoción que produjo el asesinato de Manuel Pardo; los sufrimientos e incertidumbres durante la Guerra con Chile; los debates en torno al contrato Grace; la revolución de 1895; se trataba, en fin, de temas que con ella aparecían una y otra vez en las charlas cotidianas. En esas conversaciones también me hablaba de los papeles que le dejó Manuel Candamo, y muy en especial del conjunto de cartas que ella conservaba en una antigua caja de té «Hornimans». Se trataba de casi trescientas cartas que su esposo le dirigió en diversas etapas de su vida, constituyendo el grupo más numeroso e interesante el de las que le envió desde Chile, entre 1882 y 1883, cuando él estuvo detenido por las autoridades del país del sur, junto con otros políticos peruanos, durante la guerra. Además de las cartas a ella dirigidas, conservaba muchas otras recibidas por Manuel Candamo de parte de muy diversos corresponsales, al igual que de sus hermanos, residentes en Europa. Mi abuela me manifestó su deseo de entregarme el archivo de su esposo, el cual fue recibido por mí en 1946, tras la muerte de la hermana mayor de mi madre, Carmen Candamo Álvarez Calderón, quien cuidó con afecto los papeles de su padre y mantuvo muy vivo su recuerdo. Siempre he pensado que un archivo familiar —y más cuando registra - documentos que pertenecieron a un político— merece ser publicado. Sin 5

embargo, no es fácil la edición de cartas muy personales, como es el caso de las que Manuel Candamo dirige a su esposa, y que constituyen la mayor parte de este epistolario. La discreción podría indicar la conveniencia de no publicar esos testimonios. En efecto, se trata de cartas íntimas entre marido y mujer. Sin embargo, con mi familia he discutido largamente el tema, y se ha considerado la importancia que se desprende del epistolario de un hombre que fue de un modo u otro protagonista de los sucesos, en muchos casos dramáticos, de las décadas finales del siglo XIX. En suma, pensamos que la publicación del epistolario de Manuel Candamo es un aporte serio al mejor conocimiento del Perú de esa época. El epistolario reúne cartas escritas entre 1873 y 1904. En muchas de ellas aparecen afirmaciones durísimas, negativas y muy pesimistas sobre el país, todo lo cual debe entenderse dentro del dramático contexto de la Guerra con Chile y sus consecuencias. No son las afirmaciones de Candamo fruto de un estudio reflexivo ni de un análisis académico, sino manifestaciones espontáneas que reflejan tiempos de gran tensión. Lo mismo se puede decir con respecto a sus afirmaciones sobre diversas personas, que obedecen al mismo dramatismo de la época. Este epistolario se publica sin omitir carta alguna y sin alterar ni suprimir adjetivos o frases cuya divulgación pudiera resultar incómoda. Uno de los grandes vacíos en lo referido a las fuentes que ha manejado y maneja la historiografía peruana es, sin duda, el del escaso conocimiento de archivos familiares, así como el del limitado número de memorias autobiográficas publicadas. En este sentido, el epistolario de Candamo aparece como un valioso testimonio de uno de los protagonistas de nuestra historia política republicana. Con afecto y nostalgia pienso en mi madre —que tenía quince años cuando murió mi abuelo—, quien con sus enseñanzas y su ejemplo me transmitió la imagen de Manuel Candamo, presidida por una clara voluntad de servicio al Perú. Sin embargo, esta publicación no encierra intención alguna de apología ni de elogio; su propósito es el de ofrecer a los estudiosos un material hasta hoy inédito que puede ser útil para nuevas investigaciones. J.A.P.C. 6

NOTA DE LOS EDITORES Se ha dividido el epistolario en cuatro partes. La primera recoge las cartas dirigidas por Candamo a su esposa durante varias etapas de su vida; la segunda incluye la correspondencia con sus hijos; la tercera consta de las cartas que le remitieron sus hermanos, cuñados y algunos otros parientes; y la cuarta parte contiene la correspondencia de Candamo con otras personas, entre las cuales destacan muchos importantes políticos de su tiempo. No se conserva ninguna carta escrita a él por su esposa. La primera parte —integrada por las cartas que Candamo dirigió a su esposa— constituye el núcleo central de este epistolario, y en ella podemos encontrar las opiniones más íntimas de nuestro personaje. En efecto, se trata de los textos más espontáneos de este conjunto documental. Además, reflejan las etapas durante las cuales estuvo alejado de su esposa y de sus hijos, y de acuerdo con ellas presentamos las cartas al lector. Fueron las siguientes: i) Campaña militar en el sur del Perú (1874) ii) Viaje a París (1875) iii) Guerra con Chile y ocupación de Lima (1880-1881) iv) Destierro en Chile (1882-1883) v) Segundo destierro (1884) vi) Viaje a Eten en campaña electoral (1897) vii) Viaje a la sierra central: negocios y actividad política (1898) viii) Estancia en Chosica (1903) Las partes segunda, tercera y cuarta están conformadas por un número menor de cartas, por lo cual no ha sido necesario subdividirlas. * * * 7

En esta edición publicamos todas las cartas que conforman el epistolario personal de Manuel Candamo, custodiado en el archivo familiar. 1 Se trata de una edición crítica: no solo se transcriben las cartas en su integridad, sino que se ha hecho el esfuerzo de anotarlas, con precisiones de diverso tipo que consideramos de utilidad, como breves notas biográficas de personas mencionadas, o comentarios con respecto a situaciones o hechos a los que Candamo alude, con el fin de entenderlos en su contexto. Aparte de los periódicos consultados y del repertorio bibliográfico utilizado, que se consignan al final de este libro, para la labor de edición hemos recurrido también a documentación de archivo. Los fondos del Archivo Arzobispal de Lima —en especial los libros parroquiales del Sagrario y de Los Huérfanos— nos han permitido consultar las partidas de bautismo, de matrimonio o de defunción, según los casos, de varios de los parientes de Candamo mencionados en el epistolario. En el Archivo Central del Ministerio de Relaciones Exteriores hemos consultado papeles referidos a las ocasionales funciones diplomáticas de Manuel Candamo, a las funciones de su hermano Carlos como ministro del Perú en Francia y Gran Bretaña, y a la trayectoria de otras personas aludidas en el epistolario. En el Archivo de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima y en el Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima se recogió información sobre la relación de Candamo con esas instituciones. Datos útiles para la preparación de este epistolario han sido obtenidos también en el Archivo General de la Nación y en la Biblioteca Nacional del Perú. En el Archivo Histórico de la Universidad Nacional de Ingeniería se ha encontrado información sobre las minas de Yauli, en las cuales tuvo Candamo intereses económicos. En el Archivo del Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú se ha ubicado un documento sobre la participación de Manuel Candamo en la Guardia Nacional, en 1873. El Archivo Histórico del Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú conserva papeles de Manuel Candamo referidos también a su participación en la Guardia Nacional, al igual que documentos del tiempo de su gobierno. * * * Para facilitar la lectura de las cartas, eventualmente se ha modernizado la ortografía y la puntuación, cuidando de no alterar el sentido de las 8

frases. Se ha desarrollado la mayoría de las abreviaturas. En los casos de arcaísmos, o de palabras o expresiones poco usuales hoy, se ha procurado hacer la correspondiente explicación en nota al pie. Cuando no ha sido posible transcribir una palabra, se indica «ilegible» entre corchetes, y cuando se ha transcrito pero no se entiende, se indica «sic» del mismo modo. Algunas cartas presentan partes rotas; en esos casos indicamos «roto» entre corchetes. Cuando hay cartas inconclusas, se consigna la indicación de «incompleta», igualmente entre corchetes. En muchas de las cartas aparecen palabras subrayadas; de ese mismo modo han sido transcritas. * * * En la transcripción de las cartas ha sido fundamental el trabajo de Leticia Quiñones Tinoco y de Erika Goya Gasha, jóvenes historiadoras que pusieron mucho interés y cuidado en esa labor. Mención especial merece Leticia Quiñones, quien no solo participó en la transcripción; fue una muy eficaz asistente en la prolongada tarea de edición de las cartas y de redacción de las notas a pie de página, y mostró gran dedicación y empeño. Muchas otras son las personas que han colaborado de diversos modos con esta publicación, aportando información útil y consejos diversos. Debemos mencionar a Cristóbal Aljovín, Miguel de Althaus, Jorge Álvarez Calderón Sehr, Ada Arrieta, Mela Bryce de Tubino, Rodolfo Castro, John Coatsworth, Eduardo Contreras Morosini, Fernando Flores Zúñiga, José Gálvez Krüger, Manuel Gastañeta Carrillo de Albornoz, Miguel Grau Wiesse, Laura Gutiérrez Arbulú, Carlos Heeren Ramos, Oswaldo Holguín Callo, Iván Millones, Martín Monsalve, Juan Luis Orrego, Jorge Paredes Lara, Alfonso Quiroz, Eusebio Quiroz Paz-Soldán, José Ragas, Julio Retamal Ávila, Jaime Rosenblitt, Rafael SánchezConcha, Eduardo Torres Arancivia, Felipe Tudela y Barreda y Martín Ueda. Expresamos un especial agradecimiento a Héctor López Martínez, uno de los mejores conocedores del siglo XIX peruano, quien con gran generosidad leyó el epistolario y aportó información fundamental para el enriquecimiento de esta edición. Igualmente, han sido muy importantes los aportes y consejos de José Carlos Martin, profundo conocedor de la 9

historia del civilismo. Desde Chile contamos con la valiosa ayuda de nuestro colega Milton Godoy Orellana, quien con la asistencia de Rodrigo Arraya nos brindó muy importante información sobre personajes chilenos mencionados en el epistolario. Deseamos referirnos especialmente a Teresa Candamo de Picasso, quien siempre vio con simpatía la publicación de estas cartas, y valoró la importancia que tienen como fuentes históricas. Además, nos ofreció algunas de las fotografías que publicamos en este libro. Finalmente, agradecemos a la Pontificia Universidad Católica del Perú el haber acogido la publicación de este epistolario. En su Fondo Editorial, Patricia Arévalo Majluf, su Directora General, brindó todo su apoyo a este proyecto, y la eficaz y escrupulosa labor de edición de Johann Page fue decisiva para la culminación del mismo. 10

SIGLAS AAL Archivo Arzobispal de Lima. ACMRE Archivo Central del Ministerio de Relaciones Exteriores. Lima. AGN Archivo General de la Nación. Lima. AHCEHM Archivo Histórico del Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú. Lima. AHML Archivo Histórico de la Municipalidad de Lima. AHUNI Archivo Histórico de la Universidad Nacional de Ingeniería. Lima. AMC Archivo Manuel Candamo. Lima. AHMNAAHP Archivo Histórico del Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia del Perú. Lima. ASBPL Archivo de la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima. BNP Biblioteca Nacional del Perú. Lima. 11

ESTUDIO PRELIMINAR 12

ESTA PUBLICACIÓN PRESENTA las cartas del archivo familiar de Manuel Candamo, importante político peruano de las últimas décadas del siglo XIX, que alcanzó la presidencia de la República en 1903. Son documentos valiosos para conocer muchos aspectos de la historia peruana de esos tiempos. Además, el carácter familiar y confidencial de la mayoría de las cartas nos permite ponderar las más íntimas opiniones del personaje o de sus corresponsales con respecto a asuntos muy variados: desde los graves problemas del país, hasta cuestiones propias de la vida cotidiana, como la salud, la alimentación o la higiene. Considerando que la mayor parte de las cartas corresponde a los años de la Guerra del Pacífico, este repertorio es especialmente útil para conocer las vivencias y los sentimientos de una familia de la clase dirigente peruana ante el conflicto: los temores con respecto a la seguridad de sus seres queridos; la preocupación por lo que sería la entrada de las fuerzas chilenas en Lima; las impresiones con respecto a las negociaciones de paz; o las opiniones sobre los líderes políticos peruanos y su falta de unidad. En definitiva, este epistolario será una importante fuente de consulta para los estudiosos del Perú de la segunda mitad del siglo XIX. Manuel Candamo perteneció a una generación que vivió momentos muy intensos del desarrollo histórico del Perú. En su juventud tuvo la experiencia de lo que se podría definir como el país de los tiempos de Castilla: se manifestaba optimismo con respecto al desarrollo social y político del Perú; se promovieron muchas obras públicas; el país adquirió una posición rectora en los movimientos de unidad americana; se dio un intenso proceso de publicación de obras fundamentales sobre el Perú. En cuanto a esto último, fue el tiempo de La Revista de Lima, y de la aparición de decisivos aportes intelectuales, como fueron —entre otros— los de Manuel de Mendiburu, de Mariano Felipe y Mateo Paz Soldán, de Manuel Atanasio Fuentes, de Sebastián Lorente, de Antonio Raimondi y de Ricardo Palma. La generación de Candamo apreció la prosperidad impulsada por la riqueza del guano, y aunque se advertían síntomas de la falta de visión de los gobernantes en cuanto al desarrollo económico, no se vislumbraba —ni en los ánimos más pesimistas— el conjunto de desgracias que iba a suponer la Guerra del Pacífico. En cuanto al ámbito social, la abolición de la esclavitud y la llegada de los trabajadores chinos fueron acontecimientos fundamentales, y el mundo andino seguía siendo una realidad distante para muchos de quienes integraban la burguesía urbana de la costa. 13

La crisis económica de la década de 1870, y el posterior conflicto bélico, significaron para esa generación las horas más duras y dramáticas, tanto en lo personal y familiar como en el ámbito nacional. Pero quizá ese gran trauma significó también un impulso para el desarrollo de muchos estudios e investigaciones sobre el Perú que se dieron a conocer en los años posteriores a la guerra. Estudiar el Perú y lo peruano desde todos sus ángulos no fue para los hombres de esos años una tarea académica aislada o distante; significó, más bien, la preocupación por analizar la identidad del país, para contribuir así al esfuerzo por reconstruirlo. Se fundaron la Academia Peruana de la Lengua, la Academia Nacional de Medicina, la Sociedad Geográfica de Lima y la Cámara de Comercio de Lima. Fueron años en los que aparecieron obras importantes en el ámbito cultural: Mariano Felipe Paz Soldán, quien murió en 1886, publicó su Narración histórica de la Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia; Juan de Arona, fallecido en 1895, dio a la luz su Diccionario de Peruanismos; Manuel González Prada y Ricardo Palma enriquecieron su prestigio intelectual; mujeres notables, como Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera y Teresa González de Fanning destacaron en el campo de la creación literaria y de la enseñanza; se vivieron adelantos singulares en la medicina, y se produjo el sacrificio de Daniel A. Carrión para un mejor conocimiento de los males causados por la verruga. En definitiva, Manuel Candamo fue testigo de momentos fundamentales de nuestra historia, todos los cuales aparecen reflejados en este epistolario. I. EL CONTEXTO: LA POLÍTICA PERUANA EN EL TIEMPO DE MANUEL CANDAMO La historia republicana del Perú ha padecido problemas políticos recurrentes. En este sentido, el epistolario que estamos publicando registra muchas opiniones y comentarios que parecerían haberse formulado hoy en día. Esto ha sido también frecuente en otros países latinoamericanos. Observando la historia política de la región en su conjunto, no son pocos los autores que hacen notar una cierta tendencia a la repetición: por ejemplo, en cuanto a la inestabilidad, o en cuanto al predominio de las lealtades personales sobre las institucionales (Adelman 1999: 1). El historiador británico Malcolm Deas, al publicar los escritos de William Wills, personaje inglés que se estableció en Colombia en el siglo XIX, afirma lo siguiente: «Repasando los pensamientos y las opiniones de 14

Wills, me ha sorprendido su actualidad (...) y me he sentido tentado, como historiador a veces concienzudo, a escoger para la portada de este libro esa frase que los abogados insisten en poner al principio o al fin de las películas: “cualquier parecido entre las polémicas de este libro y las actuales no es sino mera coincidencia”. Pero no es mera coincidencia» (Deas 1996, I: 302). Así, en las cartas de Candamo aparecen comentarios sobre problemas que hoy nos siguen preocupando. Entre otros, el egoísmo de muchos miembros de la clase dirigente y de la clase política en particular; su falta de solidaridad con los intereses del país, que eran subordinados a intereses personales o de grupo; o los prejuicios de la elite limeña con respecto al hombre andino. Por otro lado, teniendo en cuenta que Chile es uno de los grandes «escenarios» de este epistolario —ya que Candamo escribió más de doscientas cartas a su esposa desde su destierro en el país del sur—, resulta pertinente referir la frecuente contraposición que se plantea entre las realidades políticas peruana y chilena, constatándose históricamente en esta última una menor inestabilidad y un funcionamiento institucional más logrado. Son diversas las interpretaciones con respecto a ello. Por ejemplo, se ha afirmado que Chile representa uno de los casos peculiares en América Latina en los que por un largo periodo la oligarquía habría acaparado tanto la riqueza como el poder, entre otras cosas porque el ejército aprendió a obedecer a la autoridad civil. Por el contrario, en el caso peruano la creación de la Guardia Nacional por Manuel Pardo habría sido una manifestación de la falta de confianza de los civiles en los caudillos militares (Bourricaud 1969: 30). No obstante, la idea de que la estabilidad política chilena hubiera sido una creación civil ha sido discutida, afirmándose que el respeto de los militares hacia las instituciones no estuvo dado por una sumisión frente a la autoridad civil, sino por la decisiva participación militar en ellas, habiéndose producido una suerte de «cogobierno»: en el siglo XIX habría sido notable la participación de militares en actividad en cargos de designación política o de elección popular, como fruto de «alianzas entre civiles y militares miembros de las oligarquías», y en particular generales victoriosos en las guerras de esa centuria (Fernández Darraz 2003: 273-274). En cuanto al Perú, opina Bourricaud que la oligarquía habría gobernado en el siglo XIX «por interpósita persona», con excepción del periodo presidencial de Pardo (1872-1876) y de la etapa de estabilidad iniciada en 15

1895. Sin embargo, estas afirmaciones generales son delicadas, sobre todo en lo referido a la definición de la oligarquía, y a su variada composición, como el propio Bourricaud pone de relieve: avanzando dicha centuria, a las grandes familias virreinales se unen aquellas beneficiadas con la exportación del guano, o con la explotación del salitre o del algodón. Pero todas ellas habrían obtenido ventajas de un «acuerdo implícito» con los caudillos militares que detentaron el poder (Bourricaud 1969: 30-31). Investigaciones más recientes plantean claramente la existencia de una burguesía en el Perú del siglo XIX, a pesar de constituir —el concepto de burguesía— un «paradigma multivalente». En efecto, se trató de un sector social difícil de precisar en sus características centrales, pero que surgió influido por la modernización capitalista que se desarrollaba en los centros económicos mundiales (Mc Evoy 2004a: X), 2 y que en el Perú de buena parte del siglo XIX se presenta en el contexto de lo que ciertos estudiosos han denominado «modernización tradicionalista». 3 En las cartas de Candamo aparecen comentarios diversos sobre la realidad chilena de entonces, con opiniones elogiosas sobre la organización del país y la estabilidad imperante.4 Simon Collier ha rastreado diversos textos —algunos muy tempranos— en los que se manifiesta una sensación de superioridad de Chile frente a otros países latinoamericanos. Por ejemplo, en 1839 un periódico afirmaba que Chile era objeto de admiración y elogio por su estado de civilización y tranquilidad; en 1841 otro sostenía que ese país estaba a la cabeza de la civilización en América del Sur; en 1857 otro periódico decía que Chile era la primera de las naciones de Sudamérica, y al año siguiente se afirmaba que era «la Inglaterra de Sudamérica». Por su parte, en 1841 el ministro del Interior Irarrázaval decía al Congreso que Chile representaba una «espléndida lección» para otros países, y en 1853 el joven Diego Barros Arana manifestaba que lo que había sido una provincia desgraciada del imperio español era entonces una república establemente constituida, y admirada incluso en Europa (Collier 2003: 146). Debe señalarse también que Chile recibió el valioso aporte de muy notables emigrados políticos: el más importante fue, sin duda, Andrés Bello, quien llegaría a ser rector de la Universidad de Chile, y fue además el redactor del Código Civil vigente hasta hoy en ese país. En el caso peruano, se advierte una clara admiración del foráneo frente a un país que había sido el centro del poder español, y frente a una ciudad 16

que había sido sede de una corte virreinal. Buen ejemplo de esa percepción lo tenemos en los comentarios de Domingo Faustino Sarmiento, quien visitó Lima en 1864: se refirió al pueblo limeño como uno de los más cultos de América; sobre la inauguración de la Escuela de Artes y Oficios afirmó que era un «establecimiento para el que han construido el más bello y soberbio palacio que exista en América»; y visitando Chorrillos manifestó que los llamados ranchos eran auténticos palacios (Sarmiento 2001:18, 19 y 26-27). Podemos encontrar también elogiosos comentarios sobre el Perú de parte de muchos chilenos notables, que además son muestra de la estrecha relación que en el siglo XIX se dio entre las capas sociales altas de ambos países. Valga como ejemplo lo dicho por Benjamín Vicuña Mackenna recordando el tiempo que pasó en el Perú: «Desconocido, errante y alejado de mi patria, he encontrado, como tantos otros de mis conciudadanos, la más indulgente acogida en este país esencialmente hospitalario y en el que todo lo que rodea al hombre es un halago o una invitación» (Donoso 1977: 120). Si bien la historiografía ha puesto mayor énfasis en subrayar las diferencias en cuanto al desarrollo histórico del Perú y de Chile en el siglo XIX, resulta importante advertir las fundamentales semejanzas, como el legado virreinal compartido, tanto en lo cultural como en lo económico; o el similar proyecto político —el republicanismo— que ambos Estados emprendieron desde su Independencia;5 o el hecho de la pertenencia al mismo mundo intelectual. Así, los dirigentes políticos peruanos y chilenos compartían el mismo «universo mental», influidos —entre otros movimientos intelectuales— por la tradición hispana, por el pensamiento ilustrado y por los planteamientos liberales. Además, otras circunstancias contribuyeron a que sus experiencias personales y políticas fueran compartidas: hubo muchos lazos de parentesco entre las capas sociales altas de ambos países; los problemas que tuvieron que enfrentar fueron bastante parecidos; y los frecuentes exilios suscitaron mayores vinculaciones entre ellos (Cavieres y Aljovín 2005: 21). Cabe preguntarse por qué en el Perú no se constituyó una clase dirigente estable y con voluntad de servicio a los intereses del país. Se creó un Estado teórico, desligado de la compleja realidad del Perú. El vacío de poder fomentó el advenimiento del caudillismo y de la anarquía. No faltó inteligencia ni gente con cualidades; faltó espíritu solidario. De acuerdo con lo que planteó Bartolomé Herrera en su célebre oración pronunciada en las 17

exequias del presidente Gamarra, la anarquía llegó a lo íntimo de los espíritus, que no reconocían ninguna autoridad (Herrera 1929: 14-33). A mediados del siglo XIX, con la exportación de la riqueza guanera, se había iniciado una nueva etapa histórica en el Perú. 6 Se trató, en efecto, de un periodo clave de la historia republicana, acertadamente denominado por Basadre como de «prosperidad falaz» (Basadre 1983, III y IV), ya que significó una gran oportunidad perdida para un auténtico desarrollo económico del Perú. La consignación del guano que los comerciantes peruanos obtuvieron del gobierno, les reportó grandes beneficios económicos. La firma en 1869 del contrato Dreyfus, promovido por el entonces ministro de Hacienda Nicolás de Piérola, generó protestas y acciones legales de los consignatarios. 7 En 1870 se produjo un importante cambio en la relación de la casa Dreyfus con el gobierno: la firma francesa pasó a convertirse en agente financiero del Estado peruano. Por tanto, se transforma «de comprador de guano en banquero del Perú» (Bonilla 1994: 103). 8 Tras las discrepancias surgidas entre el Estado y la casa Dreyfus, el presidente Prado firmó en 1876 un contrato de venta de guano con antiguos consignatarios, que dio lugar a la creación de la Peruvian Guano Company Limited, de la cual fueron accionistas tanto Carlos Candamo — hermano de Manuel— como su cuñado Arturo Heeren. 9 En definitiva, la época del boom guanero significó —reiteramos— una gran oportunidad perdida para el Perú, ya que los ingentes recursos provenientes de la venta del fertilizante no llegaron a convertirse en la base del desarrollo económico del país. Además, el endeudamiento del Estado fue creciente, al punto de que en 1874 se produjo la bancarrota fiscal. Así, la política peruana del tiempo de Candamo tuvo en los problemas financieros del Estado uno de los temas más polémicos de debate. Antes de la Guerra con Chile, las controversias en torno a las consignaciones y al contrato Dreyfus fueron permanentes. Después, las discusiones sobre el contrato Grace fueron también intensas, apareciendo en este epistolario muchas opiniones con respecto a todos esos asuntos. El Partido Civil está también presente en este epistolario, aunque no tanto en las cartas familiares cuanto en las que Candamo intercambió con otros corresponsales. En efecto, él estuvo vinculado desde sus orígenes a esa organización política, que apareció como un esfuerzo por superar el modelo «neo-patrimonial» de Ramón Castilla, intentando la instauración de la «república práctica», con una base democratizante, popular y 18

nacionalista. 10 En los últimos años se ha producido un «renacimiento» de la historia política, y en este sentido se han publicado novedosos aportes con respecto al estudio del Partido Civil. Carmen Mc Evoy ha puesto de relieve el carácter integrador e inclusivo del proyecto de Pardo, al que considera un verdadero proyecto nacional (Mc Evoy 1994). Durante mucho tiempo se había dado por aceptada la afirmación de que la agrupación fundada por Manuel Pardo no había sido un verdadero partido político, sino un pequeño grupo de hombres acaudalados, que por su riqueza había logrado alcanzar el poder. 11 Mc Evoy pondera cómo entre los adherentes al Partido Civil hubo no solo personajes de la clase alta limeña, sino también individuos pertenecientes a los estratos medios urbanos e incluso a sectores populares —también urbanos—, como fue el caso de los artesanos.12 El historiador alemán Ulrich Muecke, por su parte, se inclina a señalar que se trató de un partido popular en el sentido de que hubo masas populares en las calles durante sus campañas. Pero si bien fue capaz de movilizar al pueblo, en su estructura de miembros el partido estuvo integrado básicamente por personas pertenecientes a los sectores alto y medio (Muecke 2004: 76-78 y 87-88). El Partido Civil se planteó como objetivo ser de ámbito nacional, tratando de atraer a las elites económicas e intelectuales del interior del país, que habían disfrutado las ventajas del crecimiento de los años de exportación del guano. Después de varias décadas de caudillismo militar, el Partido Civil planteó solucionar las crisis económica e institucional, apelando a la participación ciudadana —de los sectores urbanos emergentes—, y utilizando lo que para entonces fueron originales estrategias, como la movilización de la opinión pública. En lo económico, planteó impulsar el desarrollo de las bases materiales del Perú — agricultura, minería, comercio e industria—, incidiendo en la importancia de los diversos medios que favorecerían ese desarrollo, como la delimitación del rol del Estado, la inversión de capitales y la construcción de ferrocarriles (Mc Evoy 1994). De este modo, representó un proyecto nacional para el desarrollo del país, a pesar de que por las circunstancias históricas sus planteamientos económicos no llevaran a la industrialización. De acuerdo con la doctrina liberal, el Estado debía crear las condiciones necesarias para que fuera el libre juego de las fuerzas del mercado el que resolviera los grandes problemas. Así, por ejemplo, la 19

industria no iba a ser apoyada por el Estado, sino por los ferrocarriles (Muecke 2004: 43-44). Pardo había señalado desde mucho antes que la integración económica entre la costa y la sierra debía ser un elemento fundamental en el proceso de recuperación de la unidad del Perú, dado que la relación entre ambas regiones era difícil o casi inexistente (Mc Evoy 2004b: 28). El Partido Civil se desarrolló entre los sectores urbanos, y con un discurso político de corte occidental, en el cual las peculiaridades étnicas del mundo andino no fueron puestas de relieve, o no fueron conocidas, debido a la distancia geográfica y mental que lo separaba de los sectores mayoritarios de la población, como ocurría por entonces en todos los países de la región (Mc Evoy 1994: 305-306). Predominaba en los sectores dirigentes una imagen negativa de los indios, normalmente descritos como poco dados al trabajo. No se consideraba esta característica como innata, sino como consecuencia de la opresión suscitada desde los tiempos virreinales. Por tanto, no era una visión que se pudiera equiparar con la del racismo moderno, basado en la teoría de la evolución y el pensamiento científico. Se trataba sobre todo de viejos prejuicios hacia las clases bajas rurales (Muecke 2004: 40). En definitiva, el Partido Civil, buscando la realización de la «República práctica, República de la verdad», enfrentó la campaña electoral de 1871 y 1872 presentándose como el intérprete de los cambios sociales y económicos ocurridos en el Perú a raíz del boom guanero, y buscando fundamentar el país en «el mundo de las realidades materiales». Sus representantes consideraban que el Perú requería de un verdadero cambio, ya que era insostenible continuar con un orden político basado en la fuerza, un orden económico y social fundamentado «en los dispendios del Tesoro» y un orden fiscal dependiente de «los descuentos del porvenir». Así, en esa campaña electoral los civilistas plantearon que el orden político debía fundamentarse en «la constitucionalidad de la República» y no en la fuerza de las bayonetas; y que el panorama económico y social solo mejoraría si se le basaba en el trabajo productivo (Mc Evoy 2004b: 43 y 52). El gobierno de Manuel Pardo tuvo que enfrentar la grave crisis económica de la década de 1870, al igual que diversos movimientos de resistencia a las reformas planteadas por el Partido Civil. La muerte de Pardo y la Guerra del Pacífico son dos circunstancias que deben considerarse al estudiar la evolución posterior de esa agrupación política. Después de la guerra el partido se disgregó, y muchos de sus miembros se 20

adhirieron al Partido Constitucional del general Cáceres. En varias cartas de este epistolario hay referencias a esos difíciles años, y en ese contexto debe ponerse de relieve la figura de Candamo, quien tuvo decisiva participación en lo que sería la «refundación» del Partido Civil en la década de 1890. En efecto, Manuel Candamo es uno de los más notorios representantes de la denominada República Aristocrática,13 a pesar de que como presidente no pudo cumplir siquiera el primer año de su periodo constitucional. Así, mucho más importante que su labor como Jefe de Estado fue su ya mencionada tarea de reconstrucción del Partido Civil luego de la Guerra con Chile, al igual que su espíritu dialogante y conciliador, que permitió el entendimiento entre dirigentes políticos antes duramente enfrentados. Esta es precisamente la más importante lección de la República Aristocrática: significó más de veinte años de estabilidad institucional —excepción hecha del golpe de estado contra Billinghurst—, lograda en buena medida por la amplitud de miras de muchos de los dirigentes políticos, que supieron subordinar sus intereses particulares a los del país. Ese tiempo, comprendido grosso modo entre 1895 y 1919, encerró valores importantes, como el respeto a la norma legal y a la Constitución, la honestidad en el manejo de los fondos públicos y una preocupación, que se hizo creciente, por los problemas sociales. Los hombres dirigentes de finales del siglo XIX y principios del XX se esforzaron por formar un Estado eficaz, que sirviera para alcanzar el bien común y la justicia. Sin embargo, se trató de un tiempo en el que ya no tuvieron tanta vigencia los objetivos de «intensa participación e integración nacional» propios del «primer civilismo» de la década de 1870, siendo un proyecto político más restrictivo en términos de participación ciudadana (Mc Evoy 1997: xiii). 14 II. EL PERSONAJE Manuel Candamo: notas sobre su vida Manuel Candamo nació en Lima el 14 de diciembre de 1841. Fueron sus padres Pedro González de Candamo y Mercedes Iriarte. Pedro González de Candamo, hijo de Alonso Candamo y de Petronila Astorga, había nacido en Valparaíso en 1799,15 y llegó a Lima en los días de la Independencia como coronel de milicias con la expedición libertadora 21

dirigida por José de San Martín. Por esos años inició sus actividades comerciales. En particular obtuvo considerables ganancias durante el año de 1825, importando trigo y otras mercancías de primera necesidad desde Chile, que desembarcaba en Chorrillos y vendía a altos precios en el Callao. En 1828 apareció en el registro de quienes auspiciaron la formación de la Sociedad Filarmónica de Lima, de la cual fue miembro fundador. Pronto la casa comercial de Pedro González de Candamo se situó entre las de «primera clase», dedicándose también a negocios financieros. 16 En la década de 1840 inició, junto con otras personas, una fábrica de cristal y otra de tocuyos. Incursionó también en el negocio del guano, y tuvo una cercana vinculación con el presidente Castilla. Promovió, además, la construcción del ferrocarril de Lima al Callao, 17 y continuó con sus actividades financieras. 18 En 1848 trasladó sus oficinas a su domicilio en la calle de la Coca, a una cuadra de la Plaza de Armas (Clavero 1904: 35).19 González de Candamo forjó una de las más importantes fortunas del Perú de entonces,20 al punto de que el cónsul británico Jerningham se refirió a él como «el Rothschild de Chile y Perú». Tuvo intereses en la casa comercial de Zaracóndegui, la cual recibió en 1860 la concesión para la venta del guano a los Estados Unidos — sustituyendo a la casa Gibbs—, a cambio de muy importantes adelantos de dinero para el erario público (Bonilla 1994: 51). Se sabe que otorgó testamento dos veces: la primera el 30 de marzo de 1865, 21 y la segunda —que supuso el testamento definitivo— el 5 de enero de 1866 (Quiroz 1987: 196), muriendo el día 22 del mismo mes y año (Clavero 1904: 35). 22 De la madre de Manuel Candamo, Mercedes Iriarte, existe muy poca información cierta. Fue, presuntamente, hija de Pedro Ignacio Iriarte Velasco-Patiño, natural de Huancayo, y de Paula Odría Granados, nacida en Mito, Jauja (Bryce 2005: 34).23 Además de Manuel, su hijo mayor, tuvo con Pedro González de Candamo otros tres vástagos: Carlos, Virginia y Mercedes. Fueron todos hijos naturales, ya que el padre manifestó en su testamento no haber contraído nunca matrimonio. Sin embargo, en el mismo testamento menciona como hijos solo a Carlos, Virginia y Mercedes, omitiendo a Manuel. La madre, Mercedes Iriarte, sí contrajo matrimonio, en el curso de la década de 1850 —la fecha no se ha podido 22

precisar— con Juan Gastañeta,24 con quien tuvo a su hijo Othon Gastañeta Iriarte, quien aparece mencionado en varias oportunidades en este epistolario. Mercedes Iriarte murió en Lima en 1858. Su funeral fue celebrado el 9 de octubre de ese año. 25 Manuel Candamo estudió en el colegio de Nuestra Señora de Guadalupe, al cual ingresó como alumno «medio externo» el 20 de octubre de 1855, destinándoselo a la clase sexta. En enero y febrero de 1856 aprobó los exámenes públicos de Dogmas, Cálculo, Francés y Teneduría de Libros. En los exámenes públicos de 1857 fue aprobado en Dogmas, Historia Antigua, Geometría, Mecánica y Francés. En ese mismo año pasó a ser alumno interno. En 1858 y 1859 aprobó los cursos de Psicología, Historia Media, Física, Astronomía, Griego, Lógica, Moral y Metafísica, Historia Natural y Literatura Castellana (Pastor 1965: 4). Posteriormente pasó a cursar estudios en el colegio de San Carlos, alcanzando en setiembre de 1862 el grado de bachiller en Jurisprudencia, expedido por la Universidad de San Marcos. 26 Combinó sus estudios de Jurisprudencia con la docencia en el colegio de Nuestra Señora de Guadalupe, en cuyos registros de 1861 aparece como profesor de Aritmética. Más adelante siguió vinculado al colegio: fue profesor de Literatura en 1863, y de Religión en 1865 (Pastor 1965: 4-8). Tuvo una muy buena relación con sus hermanos Carlos, Virginia y Mercedes, tal como se desprende de la lectura de este epistolario. De su hermano de madre, Othon Gastañeta Iriarte, no se registra ninguna carta. Especialmente numerosas son las cartas de Carlos, dado que a la vinculación familiar se añadieron factores políticos —al haberse desempeñado aquel como ministro del Perú en Francia y en Gran Bretaña — y económicos, habiendo sido Manuel socio y representante de los intereses de su hermano en diversos negocios en el Perú. Carlos pasó sus años de juventud en Europa, enviado por su padre a estudiar en Alemania, y posteriormente en Inglaterra.27 Carlos contrajo matrimonio el 1 de agosto de 1866, a los 23 años de edad, en la parroquia del Sagrario de Lima, con Clotilde Ascencio,28 trasladándose ambos poco después a Francia, donde fijaron su residencia. Fueron sus hijos Francisco, María Teresa, Carlos, Clotilde, María Magdalena, Gaspar, Mercedes, Gonzalo, Rosa y Pedro. Carlos fue director del Banco Anglo Peruano y formó parte 23

de la Peruvian Guano Company Limited, constituida a raíz de la firma del contrato Prado-Raphael en 1876 (Palacios Mc Bride 1989: 34). 29 En cuanto a Mercedes, se sabe que otorgó poder a su hermano Manuel el 12 de octubre de 1869, en el expediente de rendición y partición de los bienes de su padre. Ya para entonces Mercedes también residía en Francia.30 Casó con John Paul (Juan) Bryce de Vivero, y falleció el 16 mayo de 1929, a los 80 años de edad. 31 Virginia, la otra hermana de Manuel Candamo, contrajo matrimonio con Arturo Heeren, y ambos residieron también en Europa. Son varias las cartas de Arturo en este epistolario, ya que Manuel Candamo representó intereses suyos en el Perú. Además, ambos fueron directores de la empresa Candamo y Compañía. 32 Hay poca información con respecto a la vida de Manuel Candamo antes de la década de 1870. Se sabe que estuvo involucrado en actividades políticas, ya que fue desterrado por breve tiempo a Chile por oponerse a la suscripción del tratado Vivanco-Pareja.33 Volvió al Perú para apoyar la revolución de Mariano Ignacio Prado contra el gobierno de Juan Antonio Pezet (Tauro 2001, 3: 481). En agosto de 1866, poco después de la muerte de su padre, los tres hermanos de Manuel viajaron a Europa con el propósito de establecerse allí. Por las informaciones periodísticas podría inferirse que Manuel los acompañó en ese viaje para luego regresar al Perú, aunque por otras fuentes consta que en marzo de 1867 ya estaba en Chile, desempeñándose como secretario de la Legación del Perú en Santiago.34 Heinrich Witt refiere que Pedro González de Candamo habría dejado una fortuna ascendente a 15 millones de dólares norteamericanos. Carlos habría heredado 7 millones, y Virginia y Mercedes 4 cada una. Indica también Witt que ellos habrían regalado cien mil dólares a su hermano Manuel. 35 Hay aquí mucho espacio para la especulación. Lo cierto es que Manuel Candamo debió gozar de un considerable respaldo económico, con el cual participó en diversos negocios, representando también los intereses de sus hermanos en el Perú. Un episodio importante de su vida fue el viaje que realizó alrededor del mundo —del cual refiere testimonios Luis Antonio Eguiguren (1909: 3639), los cuales fueron posteriormente recogidos por Jorge Basadre (1983, VIII: 104-106)—, pero del que no hay rastro en este epistolario.36 Es 24

presumible que realizara ese viaje en los años finales de la década de 1860 o en los iniciales de la de 1870. 37 Según tradición familiar, hablaba con entusiasmo y con frecuencia de ese viaje. Contaba sus impresiones de la India y del Japón, de Rusia y de la China. El ejemplo de la sociedad japonesa lo sorprendió profundamente: «Hacíase esta reflexión: “Obstáculos mil veces mayores tuvieron que allanar los japoneses para hacerse grandes y fuertes y vencer a los rusos, que nosotros para regenerarnos y vencer a los chilenos”» (Eguiguren 1909: 39). El 23 de octubre de 1873 casó con Teresa Álvarez Calderón Roldán (Lima, 1850-1937), hija de Manuel Álvarez Calderón y de Carmen Roldán. 38 Tuvieron siete hijos. La mayor fue Carmen, nacida en Lima el 27 de agosto de 1874, y bautizada como Carmen Josefina Teresa el 23 de marzo de 1875 en la parroquia del Sagrario de Lima. 39 Murió en la misma ciudad, soltera, el 30 de octubre de 1946. La segunda hija fue Teresa, nacida el 19 de agosto de 1875 y fallecida el 24 de agosto de 1953.40 Mujer inteligente, culta y de gran personalidad, fundó en 1919 —luego de muchas dificultades y tropiezos— la Congregación de las Canonesas de la Cruz, con su hermana María y con un grupo de amigas, con el propósito de dedicarse a la oración y a la ayuda a los párrocos. 41 María, la tercera hija, nació en Lima el 25 de julio de 1877. Fue bautizada como María Mercedes en la parroquia del Sagrario de Lima el 4 de agosto de 1877. 42 Murió el 29 de noviembre de 1966. Desde su juventud estuvo muy unida a su hermana Teresa, a quien acompañó en la fundación de la Congregación de las Canonesas de la Cruz y fue su secretaria. Fue también su sucesora como Superiora General de la Congregación. Gran lectora, tuvo una especial vocación por la creación literaria y ha dejado valiosos testimonios poéticos (Candamo 2002). El cuarto hijo, José Manuel Rafael, nació el 24 de octubre de 1879. Fue bautizado en Lima, en la parroquia del Sagrario, el 27 de noviembre del mismo año.43 Falleció a los 4 años de edad, el 30 de noviembre de 1883. 44 José Rafael Víctor nació el 23 de diciembre de 1882. 45 Casó con Rosa Cavero Tello, y tuvo una hija, Teresa Candamo Cavero, quien contrajo matrimonio con Guillermo Picasso Perata. Murió el 26 de marzo de 1953. El siguiente hijo fue José Manuel Rafael Saturnino, quien nació 25

en Lima el 29 de noviembre de 1884 46 y murió en la misma ciudad el 9 de abril de 1908. La menor de los siete hermanos fue Ana María Virginia, nacida el 3 de febrero de 1889. 47 Contrajo matrimonio el 19 de enero de 1919 con José de la Puente Olavegoya. 48 Falleció en Magdalena Vieja el 9 de abril de 1957. Fueron sus hijos Teresa (1920-1939) y José Agustín de la Puente Candamo (1922). El primer cargo público que ocupó Manuel Candamo, a los veintiséis años de edad, fue el de secretario de la Legación del Perú en Chile, a inicios de 1867, cuando se desempeñaba como ministro allí José Pardo y Aliaga. Se conservan algunas comunicaciones que desde allí dirigió al Secretario de Estado en el despacho de Relaciones Exteriores informando de sus tareas. 49 Estuvo poco tiempo en esa función, solicitando licencia de un mes para viajar a Lima en abril de ese mismo año, argumentando «motivos personales». 50 En efecto, el 11 de abril llegó Manuel Candamo al Callao, a bordo del vapor inglés «Paita», 51 y no reasumió su puesto en Santiago. Por el contrario, pocos días después, el 20 del mismo mes, fue nombrado secretario de segunda clase de la Legación del Perú en Francia, «sin sueldo ni gratificación alguna». Y ese mismo día zarpó en el vapor «Perú» rumbo a Europa. 52 Ese nombramiento constituye otro enigma en la biografía de Candamo, porque no hay rastros documentales de su desempeño en la Legación del Perú en Francia. Era ministro en ese país Francisco de Rivero, quien en un informe del 30 de setiembre de 1867, en el que ofrece la relación de todas las personas vinculadas a la Legación, no registra a Manuel Candamo entre ellas.53 Solo hemos hallado un documento que probaría la presencia de Candamo en París por esos años: aparece, junto con Carlos Candamo y Arturo Heeren, en la relación de peruanos en la capital francesa a quienes la Legación solicitó, en setiembre de 1868, apoyo económico para las víctimas del terremoto ocurrido en el sur del Perú el 13 de agosto inmediatamente anterior.54 Cabe la posibilidad de que permaneciera algunos meses en París junto a sus hermanos, y de que luego emprendiera el ya mencionado viaje alrededor del mundo. En todo caso, lo cierto es que estaba de regreso en Lima en diciembre de 1869, ya que el 2 de ese mes firmó la escritura de constitución de «Candamo y Compañía», con un 26

capital de un millón de pesos. Aparecen como socios activos y gerentes el propio Manuel Candamo y Arturo Heeren, aportando cada uno de ellos 100,000 pesos; y como socios comanditarios Carlos Candamo —aportando 300,000 pesos—, Virginia Candamo de Heeren —aportando 200,000 pesos— y Mercedes Candamo —aportando 300,000 pesos. Del documento notarial se desprende que no solo Manuel estaba por entonces en Lima, sino también sus hermanos Carlos y Virginia, y el esposo de esta, Arturo Heeren. Carlos actuó como apoderado de Mercedes. 55 En adelante Candamo y Compañía aparecerá vinculada a negocios diversos. Por ejemplo, en 1872 figura como empresa consignataria encargada del traslado de 760 colonos chinos en la fragata peruana «Clotilde» desde Macao al Perú, por encargo de Enrique Meiggs (Palacios, López y Cayo 1993: 305 y 308). La década de 1870 fue intensa en la dedicación de Manuel Candamo a actividades empresariales y financieras, siempre vinculado con sus hermanos residentes en Europa. A raíz de la exportación del guano, surgieron en el Perú diversos bancos y otras instituciones de crédito. En ese contexto se produjo la creación en Londres, en 1873, de The Anglo Peruvian Bank Limited, un banco con capitales peruanos, que se proponía financiar las operaciones que el Perú realizaba en Europa. Se abrió una sucursal en París y otra en Lima. La sucursal francesa tuvo como uno de sus directivos a Carlos Candamo, y la limeña a su hermano Manuel. Sin embargo, debido a la disminución que por entonces sufrió el negocio del guano, en 1876 se cerró el mencionado banco, y fue reemplazado por el Banco Mercantil del Perú, dedicado ya a operaciones salitreras, con oficinas en Iquique y una sucursal en Lima (Palacios, López y Cayo 1993: 253-254). En el ámbito político, Candamo estuvo vinculado desde su fundación al Partido Civil, y en el marco de su colaboración con el gobierno de Pardo viajó en 1875 a París, enviado por el presidente con el fin de realizar gestiones financieras referidas a la deuda externa peruana. Por entonces José Antonio Miró Quesada acababa de asumir la dirección de El Comercio, y convocó a Manuel Candamo para que se pusiera al frente de la sección «Crónica» de ese diario, en la que se ofrecían las noticias políticas más importantes (Miró Quesada 1945: 112). 56 En 1876 Candamo aparece como teniente alcalde de Lima, siendo el alcalde Ignacio de Osma. 57 En el mismo año fue nombrado prior del Tribunal del Consulado 27

(Basadre 1983, VIII: 99), y al año siguiente ingresó como socio de la Sociedad de Beneficencia Publica de Lima, de la cual fue director entre 1889 y 1892.58 Además, en 1872 había sido nombrado coronel de la flamante Guardia Nacional creada por Manuel Pardo. Iniciada la Guerra con Chile, Candamo combinó diversas responsabilidades públicas con la preocupación por la seguridad de su familia y de sus bienes. En cuanto a lo primero, el 8 de abril de 1879 fue designado miembro de la Junta Central Administradora de Donativos para la Guerra con Chile, presidida por Monseñor Pedro José Tordoya, y cuyo objetivo era el de administrar los aportes económicos de la población para sufragar los gastos generados por el conflicto. 59 En dicha Junta integró la comisión encargada de la relación con los departamentos del país para promover los donativos; esa comisión estuvo conformada además por José Jorge Loayza, José Vicente Oyague, Nicolás Rodrigo y Federico Marriot (Ahumada Moreno 1884-1891, VIII: 29-30). Igualmente, estuvo encargado de la correspondencia con Julio Pflücker y Rico, quien actuó como comisionado de la Junta en Europa para la compra de naves de guerra. En los meses previos a las batallas de San Juan y Miraflores, y ante el avance de las tropas chilenas hacia Lima, Candamo se embarcó con su familia rumbo a Paita, con el fin de dejar en la ciudad de Piura a su esposa e hijos, considerando que allí podían estar más seguros. De regreso en Lima, se incorporó como soldado del ejército de la reserva a los entrenamientos que se organizaron para enfrentar a las fuerzas chilenas, y participó en la batalla de Miraflores. Producida la ocupación chilena de Lima, su esposa e hijos regresaron a la capital. Entre setiembre y diciembre de 1881 Candamo integró —junto con Carlos M. Elías y Elías Mujica— la denominada «Junta Patriótica», cuyo objetivo fue el de dar continuidad a las iniciativas políticas emprendidas por García Calderón durante su corta presidencia de la Magdalena, que fue interrumpida por disposición del ejército chileno.60 A partir del 6 de diciembre de 1881, Manuel Candamo y Carlos M. Elías empezaron a actuar como delegados del gobierno que Lizardo Montero había constituido, primero en Cajamarca y luego en Huaraz y en Arequipa. Ellos desarrollaron una importante labor de coordinación política con respecto al desarrollo de la guerra, y fueron acusados por los chilenos de colaborar con las fuerzas de Cáceres en la sierra central. Paralelamente, ambos personajes formaron la denominada «Agencia Confidencial», que en 28

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