que la muchachita está ya buena me darás un gusto de volverme loco. Por de pronto no sé francamente qué resolver ni qué aconsejarte, si el médico dice que es necesario sacar a María de Piura. Lo que es a Lima repito que en estos momentos sería una locura; cualquier otro punto del norte está expuesto a la invasión de los chilenos; Guayaquil es malísimo para la salud en esta estación, aparte de otros inconvenientes; ¿adónde vamos, pues? Tal vez podrías mandar a María con Delfina y una muchacha a Paita, cuando pase todo temor de visitas de chilenos, lo que sucederá en breve; pues no debe durar mucho tiempo por el norte la expedición que está por allá destruyendo las haciendas. Cuando esa gente regrese al Sur, Paita será un lugar seguro, además de que estando allí Blacker, que es el cónsul inglés, en su casa podían hospedarse cuando se presentare un buque enemigo. Te indico que sólo María y Delfina fueran allá, porque para cualquier caso en que fuera necesario salir precipitadamente, el menor número de personas es mejor [roto]. En fin, Teresa de mi vida, haz tú lo que convenga según las circunstancias; tengo por lo general más confianza en tu juicio que en el mío. Procede como te parezca mejor, teniendo en mira la salud de nuestra hijita; haz todo lo que sea necesario para ella; pero desiste por ahora de tu regreso por acá. Es la única indicación que te hago; por lo demás tú puedes hacer lo que juzgues más prudente. Ayer pocas horas después de haber recibido tu carta, fue Nicanor al Banco del Perú, 243 en donde me hallaba en junta, a darme la buena noticia de que hoy iban los chilenos a bombardear Chorrillos. La razón de esta bárbara hostilidad la verás en el recorte de La Patria de anoche que te adjunto. Como la cosa parece que será seria fue necesario salvar cuanto se pudiera del rancho. Nicanor fue allá con cinco cargadores y José María, a las cinco de la tarde, mientras yo me ocupaba en buscar carretas y una bandera alemana244 para el rancho. A las ocho fui yo a Chorrillos con Rudecindo y el negro de Nicanor. Ya se habían conseguido tres carretas y Nicanor había contratado dos carros del tren. Cuando llegué al rancho ya [ilegible] había descolgado y desarmado las arañas y varios de los muebles de tu cuarto y del comedor estaban en los 102
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