El Perú desde la intimidad

privado del gusto de mandarte la segunda porque el ministro inglés ya no quería hacerse cargo de la correspondencia particular de nadie. Hasta hoy nada se sabe en el público respecto a las conferencias entre los diplomáticos. Parece que todavía no han principiado porque no han llegado los chilenos y me han asegurado que los nuestros estaban hasta ayer en Mollendo. Un amigo me ha dicho refiriéndose a un ministro extranjero, que probablemente los chilenos no llegaran hasta el día 15, que es la fecha que según ellos había sido fijada. Sea de esto lo que fuera, lo cierto es que las conferencias tendrán lugar; pero lo que nadie puede afirmar es el resultado que darán. Personas que tienen intimidad con las gentes de Palacio consideran la paz como una cosa hecha; muchas lo creen así; pero yo no lo creo. Pronto lo sabremos. Lo que me dices en tu carta respecto a aquel incidente del sobrino de ese León me ha dado una rabia que hasta ahora me dura y que me durará por mucho tiempo. Debe ser ese mozo un cobarde canalla que debe tratársele a latigazos. Mucho me ha preocupado lo que dices acerca de la situación del pobre Carlos Elías, 275 pero verdaderamente no veo qué se puede hacer por él en la actualidad. Venir con su mujer a Lima en esta situación no me parece prudente, aunque no creo que sería cosa difícil de conseguir el permiso del dictador para que viniese; pero venir cuando todas las familias desearían estar a mil leguas y cuando tal vez al poco de llegar tendría que pensar nuevamente en mandar la señora a alguna parte, es punto que debe pensarse antes de resolverlo. 276 A propósito de esto, ya la familia de tu madre tiene asegurado un buen refugio en un pontón francés que les ha proporcionado M. Champeaux 277 por el influjo de Palangá [sic]. Tienen un camarote con ocho camas; pero necesitan llevar útiles para dormir y víveres. Tal vez no llegue el caso de hacer uso de él. Yo sigo bien y listo para ir a comer a casa de Dubois. Todos los días de esta semana lo he hecho en el Hotel Americano y el domingo pasado en casa de Manuel. Por la noche fui a jugar rocambor a la de Varela, en donde hay recepción todos los domingos, de señoras como dicen aquí; no había 118

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