El Perú desde la intimidad

N° 4 Angol, miércoles 11 de octubre/1882 Mi querida Teresa: Ayer noche, después de haber puesto en el correo mi carta N° 3 que va por conducto de G.R., recibí la tuya del 27, en la que me acusas recibo de las que te dirigí con fechas 12, 10 y 6 del pasado. De ayer a hoy nada de nuevo ha ocurrido al menos que sepamos, respecto a las negociaciones de paz, y nada tengo que agregar a lo que ya te he dicho tocante a la época de nuestro regreso al Perú. Como están las cosas hoy, esa época es enteramente incierta. Si hubiese probabilidades de un arreglo que pusiese fin a esta tan larga y desastrosa guerra, pronto estaríamos en nuestras casas, pero esas probabilidades no las veo, sin que por esto considere imposible todo avenimiento, y no celebrándose la paz, nuestra residencia en Angol tendrá que prolongarse por algunos meses. Felizmente y como te he dicho en mis anteriores, este clima es sano y no hay el menor temor de que la salud de los notables sufra alteración que valga la pena. Algo es esto, y ya que estamos privados de tanto, gocemos siquiera de buena salud y engordemos. Muy fastidiado me tiene esa epidemia de que me hablas y que era tan general en Lima, pero ya que sé que las niñitas la tienen y que no les ha dado de una manera alarmante, estoy tranquilo respecto de ellas, pues esa circunstancia me parece que es hasta cierto punto una garantía de que no les dará otra enfermedad más grave, de esas que también andan acometiendo a los niños en la presente estación y que ya se han llevado a algunos. Ayer les escribí a las tres y al Coco en verso, lo que me costó mucho trabajo y me hizo emplear mucho tiempo. ¿Cómo están los suegros? Dales muchos recuerdos lo mismo que a Jesús, María Rosa y Edelmira. Supongo que la abadesa se sentirá muy bien y estará engordando después de ese feliz alumbramiento que la desembarazó de tan largo y molestoso huésped. Me alegro de la noticia que me das por encargo de Carlos de haberse salvado todo el aguardiente que había quedado en Ica. Mucho peligro ha corrido, y es un milagro que se haya salvado todo. Habiéndonos librado de 168

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