industria no iba a ser apoyada por el Estado, sino por los ferrocarriles (Muecke 2004: 43-44). Pardo había señalado desde mucho antes que la integración económica entre la costa y la sierra debía ser un elemento fundamental en el proceso de recuperación de la unidad del Perú, dado que la relación entre ambas regiones era difícil o casi inexistente (Mc Evoy 2004b: 28). El Partido Civil se desarrolló entre los sectores urbanos, y con un discurso político de corte occidental, en el cual las peculiaridades étnicas del mundo andino no fueron puestas de relieve, o no fueron conocidas, debido a la distancia geográfica y mental que lo separaba de los sectores mayoritarios de la población, como ocurría por entonces en todos los países de la región (Mc Evoy 1994: 305-306). Predominaba en los sectores dirigentes una imagen negativa de los indios, normalmente descritos como poco dados al trabajo. No se consideraba esta característica como innata, sino como consecuencia de la opresión suscitada desde los tiempos virreinales. Por tanto, no era una visión que se pudiera equiparar con la del racismo moderno, basado en la teoría de la evolución y el pensamiento científico. Se trataba sobre todo de viejos prejuicios hacia las clases bajas rurales (Muecke 2004: 40). En definitiva, el Partido Civil, buscando la realización de la «República práctica, República de la verdad», enfrentó la campaña electoral de 1871 y 1872 presentándose como el intérprete de los cambios sociales y económicos ocurridos en el Perú a raíz del boom guanero, y buscando fundamentar el país en «el mundo de las realidades materiales». Sus representantes consideraban que el Perú requería de un verdadero cambio, ya que era insostenible continuar con un orden político basado en la fuerza, un orden económico y social fundamentado «en los dispendios del Tesoro» y un orden fiscal dependiente de «los descuentos del porvenir». Así, en esa campaña electoral los civilistas plantearon que el orden político debía fundamentarse en «la constitucionalidad de la República» y no en la fuerza de las bayonetas; y que el panorama económico y social solo mejoraría si se le basaba en el trabajo productivo (Mc Evoy 2004b: 43 y 52). El gobierno de Manuel Pardo tuvo que enfrentar la grave crisis económica de la década de 1870, al igual que diversos movimientos de resistencia a las reformas planteadas por el Partido Civil. La muerte de Pardo y la Guerra del Pacífico son dos circunstancias que deben considerarse al estudiar la evolución posterior de esa agrupación política. Después de la guerra el partido se disgregó, y muchos de sus miembros se 20
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