compañía de varias personas, y ahora que el Presidente está aquí, la mesa es bastante concurrida y siempre está bien surtida, porque el Prefecto es rumboso y gastrónomo. Quizás será posible bautizar a Carmencita el año nuevo; no pierdo la esperanza de estar ese día a tu lado. Mi salud es perfecta; Manuel está completamente curado de su constipado y Pedernera, el capitán que estuvo tan grave, está ya levantado y contento. A mi suegra, Jesús, la abadesa, un abrazo, muchos recuerdos al suegro y un jalón de narices a María Rosa. 179 Recibe un fuerte beso de tu Manuel *** Arequipa, diciembre 30/1874 Mi querida Teresa: Hoy ha concluido la revolución en las calles de Arequipa. Piérola y los suyos después de mucho andar llegaron a Puquina, pueblo que dista doce leguas de esta ciudad, y después de haber permanecido allí algunos días, viéndose rodeado de fuerzas capaces de anonadarlo, inhabilitado para retroceder por el estado de su tropa, de sus bestias y también creyendo demasiado en las esperanzas que le hacían concebir respecto a la cooperación con que podía contar en este pueblo, se decidió a venirse sobre Arequipa. Esta mañana a las siete recibí orden de poner mi batallón sobre las armas; pocos momentos después se presentó en mi cuartel el Presidente con su estado mayor; se me ordenó mandar fuerza a las torres y a los techos, y estábamos listos para defender el centro de la población. A las ocho, poco más o menos, vinieron a decir al Presidente que el enemigo estaba a las puertas de la ciudad; en el acto se mandó al batallón Pichincha a recibirlo. Se trabó el combate y a los diez minutos cayó muerto Escobar, 180 y toda esa montonera de Piérola, en número de trescientos poco más o menos, 76
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