Mi querida Teresa: El vapor del sur, que fondeó en este puerto en la madrugada de hoy, no me ha traído carta tuya ni de nadie; así es que desde mi salida de Lima, estoy sin noticias de ti, de mis hijos y de todo lo que pueda interesarme. Acabo de hacerte un telegrama preguntándote si hay alguna novedad por allá, en la familia, se entiende, y quiera Dios que lo recibas y llegue a mis manos tu contestación. A Castillo telegrafié hace tres días pidiéndole noticias de lo ocurrido en el Sur y hasta la fecha no he recibido respuesta; no me extraña esto, porque está prohibida la transmisión por telégrafo de noticias referentes a la guerra, y a pesar de saberlo hice el telegrama por ver si pegaba y sobre todo por la inquietud en que me hallaba después que me impuse del telegrama que el gobierno hizo a las autoridades anunciándoles que el ejército chileno había ocupado Tacna y que el aliado se había retirado a Palca. El tal telegrama dice textualmente lo siguiente: «Por noticias de Arica de fecha 30 se sabe que: después de un ataque muy costoso para el enemigo, el general Montero abandonó Tacna, destruyendo antes el puente y mandando a Arica el material del ferrocarril. El enemigo diezmado se encuentra, pues, rodeado por las fuerzas del general Montero que está en Palca, por las de Arica y por las que manda el coronel Leiva, que ya debe haber llegado. Se dice que el general Campero 199 está herido y que el general Montero hizo mil prisioneros al enemigo; se asegura que éste no ha tomado prisioneros, lo que se explica por la forma en que ocupó Tacna». 200 Este es literalmente, salvo una que otra palabra sin importancia, el despacho en que el gobierno comunica a las autoridades de las provincias la noticia de lo ocurrido en el Sur. Lo que de él se desprende es que hemos sido nuevamente derrotados, pues eso significa el que los chilenos hayan ocupado Tacna y que nuestro ejército se haya mandado mudar hasta Palca, que dista trece leguas de esa ciudad. Muy bien, muy bien. Hablemos de otra cosa. Me tienes gozando de completa salud y sometido a un régimen enteramente conventual. A las siete y media me levanto después de haber tomado el acostumbrado desayuno, me doy el baño de ordenanza y me 88
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