El sábado circuló aquí la noticia de que la expedición chilena estaba en Paita, y el domingo Rivera me dijo que él había visto un despacho telegráfico que el capitán de puerto de Santa había hecho al del Callao comunicándole esa noticia y diciéndole que a última hora sabía que la expedición salía para Eten. Imagínate la ansiedad en que habré estado al considerar los sustos que habrás pasado. Nunca temí, como te he dicho otras veces, que los chilenos fueran hasta Piura, pero bastaba que desembarcasen en Paita para que hubiese por allá inmensa alarma, carreras, movimiento de todo el mundo, gritos, llantos y general angustia; todo muy natural y muy de esperarse y por esto precisamente me confundía al pensar en las agitaciones e inquietudes en que te habrás visto. Felizmente el lunes recibí la carta de López que te incluyo, que hizo cesar mi ansiedad y me llenó de gusto, tanto por la noticia que en ella me da de que la familia estaba asilada en casa de Duncan Fox,256 libre de todo peligro y de trastornos, cuanto por lo que me dice de mi Maricucha, que me tenía muy preocupado y afligido. Te aseguro que esa bendita carta [supuso] uno de los mejores ratos que he tenido en mi vida. Tan pronto como la recibí fui a casa de los suegros para darles la buena noticia, pues, como calcularás, estaban también muy angustiados. Supongo que tú no me escribiste porque estarías muy atareada y confundida con la mudanza de alojamiento. Mucha falta me hizo tu carta, que esperaba con mucha impaciencia. Algunos días antes recibí otra carta de López de fecha 15 incluyéndome el telegrama que le hiciste el mismo día, y que dice así: «Escríbale a Candamo que María está hoy quince muy mejor». Esta buena noticia, lo que me dijo Vélez y lo que posteriormente me dijo Odriozola 257 acerca de la enfermedad de María, me hicieron perder todo temor y me llenaron de confianza respecto a la salud de mi hijita. Odriozola, a quien expliqué la enfermedad, me dijo, en cuanto al ataque a la cabeza, exactamente lo mismo que Vélez, que probablemente la ayuda contenía láudano, y que el ataque que este veneno le había causado, no era nada de cuidado, y que una vez desaparecido no había motivo para que volviese a presentarse. De la enfermedad de estómago me dijo que no era sino un catarro a los intestinos fácil de curarse y de ningún peligro. 109
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