de personas mayores, consistente en «algo de inercia en algún músculo y nervio», y muestra ilusión por «el empleo de la electricidad» en su tratamiento. En otra ocasión se refiere a un homeópata en el cual tiene esperanzas para el tratamiento de su hijo. También se muestra preocupado por las noticias que le llegan sobre los casos de viruela en Lima. En cierta ocasión recomendó que Mañuco y sus hijos tomaran cascarilla «todas las mañanas», para prevenir las «tercianitas». 125 Elogia las virtudes de los baños de Cauquenes y de Chillán. En una ocasión cuenta que Emilio Forero ha tomado más de cuarenta baños en las termas de Chillán, y que él mismo está tomando baños de azufre, de vapor y de fierro. Queda claro que en esos años era entendida la gordura como un indicador favorable de la salud de la persona. En efecto, Candamo muestra preocupación por la delgadez que advierte en los retratos que recibe de alguna de sus hijas, y su satisfacción cuando sus hijos están «gorditos». Las costumbres en cuanto a la higiene personal van cambiando en esos años. Por ejemplo, se produce la aparición de los «baños de lluvia» —la ducha— como alternativa frente a la tradicional «bañera». Siempre sobre el tema del baño, comenta que gentes del lugar les aconsejan no bañarse cuando los días son nublados, «porque hacerlo es malsano».126 Recomendaba a su esposa hacer ejercicios diariamente y bañarse en el mar. Comenta también las enfermedades de uno u otro compañero de destierro. Menciona que Mariano Álvarez tiene una llaga en la planta del pie, además de la oreja enferma; y que Ignacio García sufre de hinchazones en las manos; en cuanto a él mismo, se queja de «aquel antiguo sabañón del empeine del pie derecho que resucita cuando paso el invierno en un clima frío», y añade que unos botines de cordones le mantienen desahogado el pie y lo alivian.127 Afirma que el clima de Chillán es más duro que el de Lima, y que las enfermedades más frecuentes son las «pulmonías, dolores de costado, tisis y en general las afecciones del pecho bajo todas sus formas. A la tisis le llaman calentura y mucha gente muere de ella». 128 En cuanto a él mismo, reitera que goza de buen apetito, de buena salud, que duerme bien y que solo ha sufrido de «fiebrecillas», «tercianitas» y «constipados». En términos generales, puede decirse que durante los largos meses de destierro Manuel Candamo mantuvo un estado de ánimo equilibrado. Si 51
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