El Perú desde la intimidad

La imposición de cupos era, pues, un abuso del vencedor en la guerra, sobre todo teniendo en cuenta el recurso a la violencia contra los que se negaban a pagarlos, o contra los que simplemente no podían pagarlos, lo cual acrecentó el resentimiento de muchos peruanos. Por otro lado, para muchos el pago del cupo se presentaba como una forma de colaboración con los enemigos del país. Sin embargo, junto con ello debe ponderarse el derecho de las personas a conservar lo que era legítimamente suyo. Basadre considera la materia, presenta la relación de quienes debían pagar cupos según la autoridad chilena, y menciona cómo García Calderón asumió el pago de dicha obligación por salvar la ciudad de Lima (Basadre 1983, VI: 258-259). Existieron varias formas de cupos: el impuesto a una persona natural; el que soportaba un ente económico, comercial o agrícola; y el que se aplicaba a un grupo de personas, unidas por una u otra circunstancia. 115 Si bien su imposición fue presentada como un recurso dirigido al sostenimiento de las tropas chilenas en el Perú,116 también tuvo como objetivo presionar y oprimir a la población peruana con el fin de que se aceptara el final de la guerra de acuerdo con las condiciones más convenientes a los intereses de Chile. Son ilustrativas las palabras que Balmaceda, 117 siendo ministro de Relaciones Exteriores chileno, escribió en diciembre de 1881: «Es una obra benéfica, a mi juicio, imponer una contribución de guerra que moleste a todo el mundo y que a todos haga sentir, si no el fuego de la pólvora, el fuego lento y quemador de la ocupación».118 Queda claro, por tanto, el doble propósito de la imposición de los cupos: sufragar los gastos de las tropas chilenas en el Perú, y amedrentar a los peruanos. Así lo manifestó, además, el propio Lynch, en entrevista concedida el 13 de agosto de 1883: «(...) las fuertes contribuciones que han sido colectadas, así como los cupos que han sido exigidos, en ciertos círculos, pueden ser considerados, lo confieso, como crueles e injustos; pero hay que tener presente que tuvieron un doble objeto: primero, obligar a los peruanos a que vuelvan en sí y que traten sobre la paz de un modo serio; y segundo, para ayudar a nuestros fuertes gastos y evitarnos la necesidad de aumentar después nuestros reclamos en los futuros arreglos con el Perú. Nuestro objeto es y ha sido siempre, una pronta paz y en las condiciones más suaves de las que corresponden a nuestras victorias y sacrificios» (New York Herald 1884: 6) 46

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