El Perú desde la intimidad

coordinación con el gobierno de Montero entró en conversaciones con miembros del cuerpo diplomático acreditado en el Perú, con el objeto de conseguir la desocupación chilena del territorio (Basadre 1983, VI: 272273). Uno de los episodios más duros en la vida familiar de Candamo durante la guerra fue el de su destierro en Chile. Junto con varios otros personajes públicos peruanos —algunos de ellos miembros del Partido Civil— fue expatriado por las autoridades chilenas. Se les acusó de estar brindando apoyo al general Cáceres —como se ha señalado en el párrafo anterior— en su campaña de la sierra central, y de oponerse a un tratado de paz que contemplara cesión territorial. Se trató de más de catorce meses de destierro, desde el 1 de agosto de 1882 61 —cuando Candamo es detenido — hasta octubre de 1883. Terminada la guerra, volvió Candamo a Lima, 62 pero poco después salió a un segundo destierro, entre agosto y octubre de 1884. En este caso, fue el presidente Miguel Iglesias quien solicitó a las autoridades chilenas que lo tuvieran detenido, junto con otros opositores políticos. El tiempo inicial de la reconstrucción del país es de especial interés en la vida de Candamo. Se trata de una época en la que demostró su aptitud para la relación humana, y su capacidad orientada a la conciliación y al entendimiento. En 1883 tenía 42 años, y estaba en su plena madurez intelectual y humana. Desde entonces, una de sus principales preocupaciones fue la de la reorganización del Partido Civil, cuyos miembros se habían dispersado después de los años de la guerra y del previo asesinato de su fundador, Manuel Pardo. Si bien los civilistas apoyaron al gobierno de la Magdalena —encabezado por Francisco García Calderón—, el partido como tal ya había dejado de tener actividad. Tras la firma de la paz con Chile, el gobierno de Iglesias se desarrolló en un clima político en el que la recuperación del partido resultó inviable. Además, fue durante ese tiempo cuando Candamo y otros civilistas sufrieron el ya mencionado destierro. Por otra parte, durante la guerra numerosos civilistas se habían vinculado al general Cáceres, y posteriormente se incorporaron al naciente Partido Constitucional (Miró Quesada 1961: 251). Fue este también el caso de Candamo, quien llegó a ser vicepresidente de ese partido (Millones 1998: 22). En 1890 un civilista fue candidato a la presidencia de la República: se trató de Francisco Rosas, quien quizá hubiera podido reorganizar el 29

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