El Perú desde la intimidad

Después de la comida fui a visitar al Obispo Tordoya235 y juntos hicimos una visita a doña Rosa Elías de Montero,236 que me pareció mucho más hermosa que cuando su marido estaba en el Sur; tenía una presencia muy risueña y un aire de satisfacción bien distinto del de entonces. Estuve después en casa de Enriqueta Canaval, quien también estaba muy contenta por haber recibido hacía pocas horas un telegrama que Enrique le había dirigido de Huacho anunciándole que Paramonga había escapado y que en San Nicolás habían hecho daños en el trapiche. Sobre esto no se tienen todavía datos positivos; unos dicen que la maquinaria ha sido destruida y las cañas incendiadas; otros dicen que solo el trapiche ha sufrido algo por los tiros de cañón que los chilenos le hicieron desde sus buques. Se asegura también que los chilenos se embarcaron precipitadamente. Pronto sabremos lo que realmente ha sucedido por allí. Ahora voy a mandar decir a Nicanor que venga para ponerlo en posesión de su destino. Son las diez y media de la mañana y José María me anuncia que el almuerzo está listo. A las once debe venir un italiano que mandamos a Eten por asuntos del ferrocarril y a él le voy a entregar esta carta; pues así habrá seguridad de que llegue a tus manos. Con él te mando también un frasco con el Kalidor 237 y dos cajitas de chocolatitos para las muchachitas. Ya podrás suponer la inquietud en que he estado y estoy desde que salí de allá por mi Coco y mi Maricucha. Espero lleno de ansiedad carta tuya y quiera el cielo que en ella me des la buena noticia de que ya estaban buenas. Dales un besito, otro a mi gringa sabida, otro a mi Manolillo, muchos recuerdos a Delfina y tú ten un poco de paciencia y dame un fuerte abrazo. Tuyo, Candamo *** Lima, viernes 17 de setiembre 1880 98

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