El Perú desde la intimidad

Mi querida Teresa: Dicen que el vapor del norte que debe traerme tu carta del martes pasado, ha sido puesto en cuarentena en Paita, porque tocó en Guayaquil, en donde se asegura hay actualmente epidemia de fiebre amarilla.316 Lo cierto es que hasta hoy no he recibido tu carta y quién sabe cuántos días más estaré privado de noticias tuyas. Hoy se despacha correspondencia para el Norte, pero en todo el resto de la semana no vuelve a salir vapor de Ancón en esa dirección. La historia de la fiebre amarilla en Guayaquil ha trastornado el movimiento de vapores, lo que felizmente lejos de ser obstáculo para escribirte con tanta regularidad como antes, me ha presentado ocasión de hacerlo más a menudo, por haber salido de Ancón con correspondencia para el Norte dos vapores extraordinarios. Te voy a hacer un telegrama diciéndote que estoy bien y que por acá no ha ocurrido novedad. Nada de nuevo respecto a la guerra. La tercera expedición chilena no ha llegado todavía a Pisco y no se tienen noticias, al menos en el público, de movimientos de las dos otras fuerzas que están en ese puerto. Se dice que Vergara,317 ministro de guerra chileno, ha ido apresuradamente a Santiago por haberse presentado graves acontecimientos. Se dice también que Baquedano318 ha renunciado el mando del ejército porque no le ha agradado la calidad de las tropas que últimamente mandaron de Chile. Pero sea de esto lo que fuere, el hecho es que la expedición enemiga sobre Lima es el paso más riesgoso y aventurado que pueden dar los chilenos y que lo natural, lo preciso sería que el ejército invasor sufriese un completo descalabro. Es de presumirse que cuando se sepa en Santiago el verdadero número y calidad de nuestro ejército y la especie de obras de defensa que se están construyendo, y que estarán concluidas en menos de un mes, se introduzca alguna desconfianza y temor; verán que la cosa no es tan fácil como allí se ha presumido, y como lo habría sido efectivamente hace algunos meses; y tal vez el gobierno se vea obligado a cambiar de plan y prescindir de Lima. Realmente sería necesario que aquí se cometieran errores, disparates y barbaridades para no triunfar de un ejército de veinte y cuatro o veinte y 136

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