El Perú desde la intimidad

Hoy domingo nos hemos regalado, así como el pasado, con un buen pavo, a quien emborrachamos bien antes de darle la muerte. Desde que nos mudamos a esta casa no he salido un solo día a la calle a no ser el domingo pasado, que como de costumbre, fui a la Iglesia a cumplir con el santo precepto de oír misa. Hoy no lo he cumplido, porque el tiempo amaneció y ha estado casi todo el día muy malo, ha llovido mucho y no tengo paraguas, ni el calzado que algunos de mis compañeros se mandaron hacer aquí. Escribí a las niñitas y creo que mi carta a Coco sería muy del agrado de don Francisco de Paula Boza,358 y tal vez del de nuestro buen don Agustín de la Rosa Toro. Me imagino el pesar que habrá causado a mi suegro la muerte de su antiguo amigo don Juan de Díaz. Me sorprendió esta triste noticia, pues Isidoro Elías me dijo que su mujer le había escrito anunciándole que ya estaba fuera de peligro. La época es de calamidades y no hay más que resignarse y esperar con paciencia tiempos mejores; si los que vienen son peores, qué hemos de hacerlo, paciencia y sufrir, que peor sería no tenerla y desesperarse. Concluyo este trozo de filosofía y con un fuerte abrazo. Tu M.C. *** N° 1 Angol, octubre 7 de 1882 Mi querida Teresa: En este instante acabo de recibir tu carta del 23 del pasado. Te quejas en ella como en las anteriores de la irregularidad con que recibes las mías y a este respecto te repetiré lo que ya te he dicho varias veces: que te he escrito dos veces por semana valiéndome del conducto de la casa de Graham Rowe. 163

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