y pienso que no habrá dificultad para que nos den permiso para ello. Ayer hizo llamar el intendente a Químper y le anunció que tenía autorización para trasladarse a Santiago. Probablemente Químper ha conseguido eso por influencias de Benicio Álamos González 381 de quien es amigo y con quien se ha estado enterando desde que llegó para qué sé yo cuántas cosas. Hoy he sabido que don José Antonio García está muy mal de la vista y que tendrá que ir pronto a Santiago a hacerse ver de Macey [sic] y de otro buen oculista que hay allí. Álvarez también ha estado y aún está tan mal de la vista que apenas puede firmar. Correa continúa a Cauquenes; Lavalle, Aramburú, Muro y O’Phelan siguen en Talca. Los de la casa grande de Angol han preferido quedarse allí, y francamente por algunos de ellos me alegro que no vengan por acá. Todos seguimos bien de salud. El domingo en la noche recibí tu carta del 8. En el patio de este hotel hay varias macetas con plantas y flores que forman un jardín bastante bonito; una de esas macetas es de lindísimos pensamientos, tan grandes como no había visto antes y como juzgarás por la muestra que te incluyo. Recuerdos a todos, cariños para los pericotes y para ti. Tu M.C. N° 27 Por correo Chillán, miércoles 22 de noviembre 1882 Mi querida Teresa: En mi carta de hoy N° 26 te hablo de nuestra llegada e instalación en esta ciudad, que tendrá veinte o veinte y cinco mil habitantes, una plaza con árboles bastante bonita, tiendas en donde se encuentra todo lo que se puede necesitar y que ofrece las comodidades y recursos consiguientes a su condición de capital de una provincia (en Chile las provincias son lo que entre nosotros los departamentos) y a su población. Tiene pocos años de existencia; el año 35 un fuerte terremoto destruyó el 197
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