El Perú desde la intimidad

vistas por los desterrados como un obstáculo para la paz, o como una amenaza para la seguridad de sus familias en Lima. 134 Debe tenerse en cuenta que Candamo y sus compañeros de destierro recibían noticias muchas veces imprecisas o falsas con respecto a las negociaciones de paz, al igual que sobre la actitud de uno u otro dirigente político, 135 creándose en muchas circunstancias desorientación en los exiliados por no tener la información de conjunto, con lo cual crecían la incertidumbre y la angustia. Un momento especialmente interesante en las negociaciones de paz fue el de las «conferencias de Angol», con la intervención de García Calderón y de Cornelio Logan, representante de los Estados Unidos. En esas reuniones García Calderón manifestó que ante la situación dramática en que se encontraba el Perú, y frente a las exigencias de Chile, deseaba conocer la opinión de los exiliados peruanos sobre la posibilidad de ceder Tarapacá, ante lo cual Candamo manifestó su parecer favorable, dada la gravedad e irreversibilidad de las circunstancias. El representante norteamericano se manifestó convencido de que si los peruanos no aceptaban la cesión, más adelante serían mayores las exigencias de Chile, «que sueña con ir hasta Mollendo» (Martin 1972: 47-49). 136 e) Segundo destierro (1884) (…) pesándome más este destierro que el anterior, así por ser el segundo como por lo inmerecido e inesperado de él. (Iquique, 26 de setiembre de 1884) Después de la firma del tratado de Ancón, la turbulencia política condujo a la violenta guerra civil entre Cáceres e Iglesias. Instalado en el poder este último, procedió a deportar a Chile en agosto de 1884 a diversos opositores suyos, entre los que se encontraba Manuel Candamo. Hubo también otros civilistas entre los desterrados, como Pedro Correa y Santiago, varios dirigentes liberales y amigos personales de Cáceres, al igual que José Antonio Miró Quesada, director de El Comercio (Miró Quesada 1945: 181). 137 El grupo de desterrados residió primero en Tacna, trasladándose luego a Iquique.138 Al desembarcar, se les notificó su condición de presos, fueron alojados en el Hotel Inglés y se les otorgó libertad de movimientos, con la condición de reportar a diario a la jefatura 54

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