Me dices también que el miércoles fue un ayudante de Lynch llevándote la que te dirigí de Valparaíso, y supongo que te has equivocado o que yo me equivoqué al fechar esa carta; pues fue de Talcahuano y no de Valparaíso de donde te la dirigí, y con una de tus anteriores me dices haber recibido la que te mandé de Valparaíso. Elías y yo estamos escribiendo y los demás compañeros durmiendo, pues ya son las once de la noche y a esta hora todos estamos en cama. Nuestra cocinera se ha portado bien con la comida. Hoy, como domingo, nos hemos dado el lujo de un pavo, que nos costó dos pesos y que estaba magnífico. Mucho nos ocupamos de nuestra comida, y como el clima hace que no nos falte el apetito, calcularás que no estaremos sometidos a una dieta muy severa. Hoy, como todos los domingos, oímos misa; nos la dicen especialmente para nosotros los frailes de San Francisco, que tienen aquí un convento y fueron a visitarnos al día siguiente de nuestra llegada. En los diarios de ayer, que hemos visto esta tarde, he leído la circular de Aurelio García a sus amigos políticos. Decididamente ese mozo ha perdido el sentido común, y el despecho y su inquieta ambición van a hacer que se lo lleve una pipa de diablos. Aquello que dice de que Piérola debe haber acordado o arreglado un desenlace en París a nuestra cuestión con Chile, es una grave imprudencia de su parte y una tontería. Eso no es ni puede ser cierto. Pronto sabremos a qué atenernos sobre el particular. Me voy à coucher que ya es tarde. Me dormiré pensando en ti, que a esta hora estarás probablemente como una piedra y a tu lado don Mañuco roncando. Duerme bien y cuenta con que pronto me tendrás a tu lado. Recibe un fuerte abrazo de tu M.C. *** 159
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