El Perú desde la intimidad

Fueron veintiséis los desterrados a Chile en 1882. Si bien los motivos específicos que llevaron a las autoridades chilenas a ordenar su salida del Perú no fueron los mismos en todos los casos, debemos entender esa medida en el contexto de la política de amedrentamiento impuesta por la ocupación. El destierro acrecentó el dolor y el resentimiento entre los peruanos involucrados, pertenecientes todos a la clase dirigente. A unos se les desterró en el contexto de la supresión del gobierno de la Magdalena, como fueron los casos de Francisco García Calderón y de Manuel María Gálvez; a otros, por no pagar los cupos, como fue el caso de Dionisio Derteano; a otros —y este fue el caso de Manuel Candamo—, acusados de apoyar a las fuerzas de Cáceres en la sierra. 119 En su segunda memoria, Lynch manifiesta que se dispuso el destierro de ese grupo de peruanos porque se le consideró vinculado a movimientos que, de uno u otro modo, buscaban la continuación de la guerra. En particular se refirió a «todo el círculo de civilistas residentes en Lima», a quienes consideraba hostiles a la paz y soterrados colaboradores de la resistencia armada de Cáceres en la sierra (Lynch 1884: 89-90). La participación de Candamo en la Junta Patriótica —creada tras el final del gobierno de García Calderón en la Magdalena—, su posterior desempeño como delegado del gobierno de Montero, y el haber integrado la denominada Agencia Confidencial fueron, sin duda, factores decisivos en la determinación de su destierro. Los desterrados llegaron a Chile en diversos grupos. Se trató de un conjunto variado de personas: hubo juristas y hombres de Estado como el presidente Francisco García Calderón; diplomáticos extranjeros, como el boliviano Zoilo Flores; políticos como Ramón Ribeyro; militares como Manuel González de la Cotera; hombres de letras como José Antonio de Lavalle; periodistas como Andrés Avelino Aramburú; hombres muy representativos de sus propias provincias, como el tacneño Emilio Forero; propietarios agrícolas como Dionisio Derteano; dirigentes del mundo económico y comercial, como Pedro Correa y Santiago. En ese ambiente humano se integró Manuel Candamo, que entonces tenía 41 años de edad. Varios de sus compañeros de destierro eran amigos suyos; el más cercano, sin duda, era Carlos María Elías. Completaban la nómina de desterrados Manuel María Gálvez, Isidoro Elías, José Antonio García y García, Ignacio y Francisco García León, Fernando O´Phelan, Mariano Álvarez, Ignacio Zeballos, Viviano Gómez Silva, Juan Ignacio Elguera, José María 48

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