conseguirla me halaga a mí, que como sabes, no soy de los más optimistas. La reserva se ha acuartelado desde el lunes. Mi batallón y el que manda Ricardo Zevallos, que lo componen los muchachos de colegio, tienen por cuartel el colegio de San Carlos. El lunes a las ocho de la noche fuimos todos; pero como no había nada preparado para que la tropa se acomodara medio regularmente, fue necesario que nos mandaran a dormir a nuestras casas. Nos citaron para ayer; pero yo no fui y espero ir capeando cuanto pueda. Me ha venido de perilla la comisión que me ha dado la prefectura nombrándome uno de los que deben tomar razón de los víveres y artículos de primera necesidad que hay en los depósitos y establecimientos de la ciudad. A mí me ha tocado el jirón de calles desde Las Mantas hasta la plazuela de Monserrate. Ayer a las seis de la mañana vino a casa un inspector diciendo que quería hablar conmigo, y el asunto que lo trajo fue ponerse a mis órdenes para principiar a desempeñar la comisión, de que hasta entonces no tenía yo ningún conocimiento. Me entregó una esquela impresa de la prefectura que era mi nombramiento y varias listas con los nombres de los víveres cuya declaración se exige, para que se lleven con lo que declare cada dueño de almacén, chingana, pulpería, etc. A la una del día, acompañado de mi inspector, principié a ejercer mis funciones y las suspendí a las cuatro. He conseguido que Dulanto me nombre escribiente de la mayoría del cuerpo y voy a modificar, al menos a pretender que este nombramiento se modifique, haciéndome escribiente de la mayoría de la división y no de la del cuerpo. Así no tendré que hacer guardias y podré librarme de otros pequeños fastidios. Mañana va a haber formación de qué sé yo cuántos cuerpos, pero creo que toda la reserva tomará parte; lo que es tu marido se quedará en su casa tranquilamente. La tal formación va a ser con motivo del bautizo del cerro de San Cristóbal. El vicario castrense va a bautizarlo como dicen en el pueblo, y también creo que va a bendecir a los cuerpos de la reserva, a sus estandartes y qué sé yo cuántas cosas más. 307 Ya te he hablado bastante de asuntos marciales, y basta por hoy de ellos. Esta mañana estuve en el entierro de la madre de Angelita Bedoya. 308 Anoche vi en uno de los diarios la invitación para las nueve de la mañana en la iglesia de San Marcelo. A las nueve y minutos estuve allí; pero 132
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