El Perú desde la intimidad

mandas; pero que vengan como equipaje o como cosas usadas, porque de otro modo me hacen pagar fuertes derechos, cuyo importe sería mucho mayor que el valor de esas vejeces. A mi suegra, a mi suegro, cuñados, abadesa, Edelmira, recuerdos y todo lo demás, cariños a mis cuatro pericotes y muchos para ti. Tu M.C. Puedes leerle si quieres, esta carta a Heeren. *** N° 7 Por G.R. & C° Angol, miércoles 18 de octubre de 1882 Mi querida Teresa: Por tu carta del 4 que recibí ayer, y por las que han recibido mis compañeros, veo que por allá se abrigaban serias esperanzas en la próxima paz y que las mujeres de los notables acariciaban la ilusión de que de un momento a otro caerían en sus brazos sus amados maridos. Vana ilusión, quimérica esperanza. Los maridos siguen engordando en Angol y la paz no se ha ajustado ni lleva trazos de ajustarse. Lo único que se ajustará serán las clavijas de los notables y más que eso a nuestro pobre país. Nada nuevo tengo que decirte porque nada ha ocurrido después del domingo, fecha de mi última. Ignoramos por completo lo que está pasando respecto a las negociaciones de paz, las que, según se asegura, no están completamente rotas. Don José Antonio García no ha escrito, cosa que nos sorprende, y los diarios, que no siempre están bien informados, han publicado los rumores que circulaban en Santiago y que a ser fundados no son seguramente muy tranquilizadores. Supongo lo desagradable que habrá sido para ti perder tan pronto la esperanza que por algunos días abrigaste de mi pronto regreso; pero consuélate con saber que estoy sano y gordo y que de todos modos nuestra residencia aquí no puede prolongarse mucho, porque sea que se haga la 172

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