facilidad y corrección de su verbo y para el calor de la improvisación» (Eguiguren 1909: 44). En el Senado pronunció notables discursos; algunos sobre temas de la mayor gravedad, como el contrato Grace, o sobre aspectos de orden público, como la intervención con la que provocó la caída del gabinete Valcárcel, en 1890, al referirse a «la noche pavorosa de Santa Catalina», 97 y cuyas palabras centrales recoge Eguiguren: «La justicia se hace, aplicando la ley, de día, en la plaza pública; no victimando a hombres rendidos, de noche, a la dudosa luz de las cuadras de un cuartel» (Eguiguren 1909: 46). Fue un hombre culto, al mismo tiempo tradicional y moderno. Creyente en las instituciones de la República, luchó por que ellas se impregnaran de honestidad y de eficacia, y se esforzó por que el progreso que se advertía en Europa se acercara a nuestro medio. Aunque estudió Derecho en San Marcos, si pensamos en el vocabulario de nuestros días habría que decir que fue más bien un economista muy ligado a su vocación esencial, que fue la del político, del hombre de Estado. Su vocación política fue muy clara, a pesar de que en momentos de pesimismo —desde su destierro en Chile— manifestara a su esposa su determinación de no volver a involucrarse en asuntos públicos. 98 Como puede presumirse por los libros que integraron su biblioteca, habría sido lector constante, dedicando especial interés a temas jurídicos, sociales y económicos. ¿Qué leería sobre el Perú? No lo sabemos de modo directo, pero podemos suponer que conoció las obras de Lorente, de Mariano Felipe Paz Soldán y de Mendiburu, a quienes muy probablemente trató en lo personal. ¿Cuál fue su visión del Perú? No hay un testimonio directo suyo que nos permita responder a esto de modo pleno. Criollo, limeño —con una percepción de lo peruano que nacía en Lima y en su ambiente—, recorrió, sin embargo, buena parte del Perú, por razones políticas y de negocios, a pesar de que en esa época no era frecuente viajar por el país. Visitó Arequipa, Puno y otras zonas del sur, cuando como miembro de la Guardia Nacional acudió a defender el gobierno de Manuel Pardo frente a la revolución de Piérola; en cuanto al norte, además de Paita y Piura estuvo en Eten, en cuyo muelle tenía participación económica, y visitó Chiclayo, Ferreñafe y otros lugares cercanos; a fines del siglo XIX viajó a la sierra central por negocios vinculados con minas del lugar. Sin embargo, para él, 37
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