Hay una seguridad grande en nuestra victoria y Piérola, que estuvo aquí el otro día, le dijo a Ribeyro que el ejército de línea se hacía un deber de no dar ocasión para que la reserva entre en combate. 334 Puedes, pues, estar tranquila en cuanto a mi persona y tener la seguridad de que en breve me tendrás a tu lado. Aquí estuvo el suegro hace tres días y almorzó con Rivas y conmigo. Estaba muy contento y, según me dijo, con una salud admirable. El puesto que tiene es el de agregado a la secretaría de guerra y estará al lado del coronel Secada, que es el subsecretario. Manuel sigue en la caballería de la reserva, y Nicanor y Carlos de ayudantes. La situación de Lima es terrible por lo que respecta a la carestía. Los malditos incas han venido a aumentar las causas de perturbación y de alarma. No sé cómo vivirán muchas familias, y si esta situación se prolongara se sentiría verdadera hambre. Felizmente el desenlace no se dejará esperar mucho tiempo y con la victoria mejorará el estado de las cosas. Doña Trinidad recibió la carta que me mandaste para ella, y ya supongo qué objeto que tenía [sic]; era probablemente asunto de lámparas y novenas. Estoy escribiéndote en presencia de muchas personas, entre ellas, Derteano, Miguel Muelle, Albarracín, Pablo Sarria,335 Mujica, Rivera y otras. Ayer recibí tu telegrama del 7. Yo te he hecho varios y hoy voy a mandarte otro. No puedes imaginarte lo que te extraño y extraño a mis hijos, y los deseos que tengo de estar con ustedes. Pronto tendré esa felicidad, y mientras tanto recibe muchos abrazos de tu Candamo *** Paita, lunes 24 [1881] 147
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