cariños de tu Candamo *** Lima, sábado 18 de diciembre de 1880 Mi querida Teresa: Hasta hoy no ha llegado tu carta que debí haber recibido el domingo; así es que desde el lunes pasado estoy sin noticias de por allá. Esta nueva contrariedad proviene de la maldita fiebre amarilla de Guayaquil, que ha obligado, como te dije en mi anterior y como habrás sabido antes que yo te lo dijera, a poner en cuarentena al vapor que llegó a Paita del norte. Supongo que ya debe haber pasado la epidemia, porque he visto anunciado en los periódicos que el vapor que sale para el norte de Chimbote el 24 tocará en Guayaquil; por lo que espero que en lo sucesivo no habrá retardo en recibir la correspondencia y tal vez mañana llegue la carta del martes pasado junto con la de esta semana. Por acá nada de nuevo ha ocurrido. Los chilenos siguen en Pisco, y sólo algunas pequeñas avanzadas han llegado hasta Cañete. De la tercera expedición no se tiene noticias y quién sabe por dónde resollará. La mayor parte de la gente de aquí tiene gran confianza en nuestro triunfo y muchos creen que los enemigos no vendrán a Lima, pues al tener conocimiento del número de nuestras tropas por la formación del otro día y de las obras de defensa que se están construyendo, verán que la empresa es muy arriesgada y tendrán la prudencia de no acometerla. Realmente tenemos muchas ventajas a nuestro favor y las probabilidades de triunfo están de nuestra parte; pero no es bueno tener mucha confianza, y aquello de que los chilenos retrocedan no me parece probable. Pero ya en varias cartas te he hablado de esto mismo y no quiero repetir la canción por vigésima vez. El famoso cañón del «Angamos» se fue al agua. Al hacer un disparo cuando tuvo lugar el último combate entre las lanchas, se rompió, según dicen, uno de los muñones, giró levantándose para atrás y cayó al mar matando a un oficial y a no sé cuántos marineros. De este modo casual nos hemos librado de ese endiablado cañón que tal vez algún día habría hecho 139
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