allí se unirá con ella la fuerza que está en Pisco, que hará la marcha por tierra. Esta es una simple conjetura, que tal vez no se realice; quién sabe el plan que tienen esos diablos. De todos modos la cosa va un poquito larga y es posible que dure todavía un mes. Si vienen por tierra desde Pisco o Cerro Azul, no sé cómo se van a ver para pasar los ríos, que el mes entrante estarán muy cargados. Todas estas dificultades deben haberlas previsto, y si a pesar de ellas se lanzan a emprender la marcha por tierra, será porque han preparado los medios de vencerlas. Según los datos que aquí tienen personas que deben estar bien informadas, no pueden traer más de veinte y cuatro mil hombres de todas armas y nosotros podemos oponerles un número superior o por lo menos igual de tropa de línea, sin contar la reserva, de la cual pueden sacarse cuatro mil hombres útiles para la campaña cerca de Lima. Pero la gran ventaja para nosotros está en que podemos elegir el lugar en que deba darse la batalla, y es natural que se elija el que más nos convenga, el que nos dé todas las probabilidades posibles de triunfo. El lugar de antemano elegido se fortificará, con zanjas, parapetos y fortines, lo que dará a nuestro ejército una inmensa superioridad. Ya se están trabajando las fortificaciones alrededor de Lima, y a dos leguas más o menos de la ciudad. Trabajan en ellas varios cuerpos del ejército y todos los hombres del campo que componen las zonas militares en que se han dividido los valles de Lima. Sin tener una gran confianza, no dejo de abrigar esperanzas. Gente podemos poner en combate más que el enemigo, armas aseguran que hay las suficientes, el lugar del combate podemos elegirlo, lo que nos dará todas las ventajas del terreno; habiendo pues, concierto, orden y buena dirección debemos triunfar. Los chilenos son muy superiores en su artillería; pero esa sola circunstancia no es bastante para asegurarles el triunfo, y quizás no equivale a las ventajas de otra especie que nosotros tenemos. Aseguran muchos que el gobierno tiene una fe ciega en el triunfo, pero tú comprenderás que eso no basta para tranquilizarnos. Recordarás la confianza que había de nuestra victoria en Tacna, y en unas cuantas horas ese paciente y valiente ejército quedó destruido. Sin embargo, en Lima es más posible nuestra victoria que lo fue por allá, y la esperanza de 131
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