Son las diez y media de la mañana; Yoyó está preparando el almuerzo y me siento algo cansado por el trajín, la mala noche y las cosas que preocupan y me afligen. Tengo esperanzas de que al rancho no le hagan gran daño las balas enemigas; su situación es ventajosa y si no es por un gran incendio, creo que no lo perderemos. Los de la calle de Lima son los que están en peligro, pero muchos de los dueños de ellos no han querido sacar ni un mueble. Don José Antonio García245 es uno de esos; esta mañana le vi en la estación de Lima y me dijo que iba a dejar tres hombres encargados de cuidar que no roben y que apaguen los incendios; pero que no saca nada. 246 Te escribo esta aprovechando la salida a Chimbote de un buque inglés o americano, ahora no recuerdo precisamente. Dubois me dio la noticia ayer y me dijo que le entregara mi carta hoy antes de la una del día. Es probable que esta carta la recibas al mismo tiempo que mis anteriores porque el buque que la lleva va a Chimbote y allí alcanzará al vapor que salió últimamente de Chilca por el norte. Ya viene Yoyó a avisarme que el almuerzo está listo. Allá voy. José María se porta muy bien como cocinero; me hace muy buen almuerzo compuesto de buen caldo con yucas, huevos y un buen beafstek con papas. He comido dos días en casa de Manuel, uno en casa de Heeren y dos en el Hotel Americano. De salud estoy muy bien y me parece que algo he engordado desde que llegué. Hasta el próximo correo, es decir, hasta el viernes, vieja de mi vida. Besa mucho a mi nombre a mi pelona, a mi Maricuchita, lo mismo que a la gringa, al Coco y a mi Manolillo. Muchas cosas a Delfina y dile que nada de sus chismes se ha perdido ni roto, hasta las jeringas las he guardado en el sótano. Recibe un fuerte abrazo de tu Manuel *** 104
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