asuntos del ferrocarril, y ya es la hora de almorzar. A las doce voy a Chiclayo y tendré el gusto de conocer a la señora Prefecta. Dales otro besito a mis pericotitos y tú recibe otro abrazo, M. *** Eten, junio 13/1880 Mi querida Teresa: Acabo de recibir tus dos cartas de 29 del pasado y 7 del presente que han venido a sacarme de la intranquilidad en que estaba, temiendo que alguno de los niños se hubiese enfermado o hubiese ocurrido en casa alguna otra novedad desagradable. Felizmente no ha sucedido así, y siquiera por ese lado no tenemos motivo de sentimiento, que lo que es por atrás, los tenemos de sobra. Me imagino la angustia de la suegra, del suegro y de todos ustedes por el natural temor en que se hallan respecto a la suerte que habrá corrido el pobre Nicanor en el desastre del Sur. Hoy te he hecho un telegrama pidiéndote noticias de él, que a la fecha deben tenerse ya en Lima, y te aseguro que hasta que reciba tu contestación voy a estar como he estado desde hace algunos días, en la más profunda ansiedad. Pero no hay por qué ponerse en lo peor y debe esperarse que haya salido sano y salvo. También estoy lleno de inquietud por Velarde, 204 Canevaro y muchos otros jefes distinguidos y amigos, muchos de los que tal vez habrán perecido. Se ha sabido aquí por telegrama oficial que seis mil chilenos atacaron dos veces Arica y que fueron rechazados con grandes pérdidas. Si con seis mil hombres no tomaron la plaza, mandarán o habrán mandado ya ocho mil, diez mil y darán otro ataque y otro y otro, hasta conseguir su intento; y si nuestras escasas fuerzas han podido rechazar seis mil hombres, teniendo que resistir a un tiempo al ataque por mar y por tierra, ¿qué ejército necesitaremos para recuperar Arica cuando esté defendida por diez o doce mil chilenos, buena y numerosa artillería y buenos buques de 90
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