no hubieses todavía recibido mi última carta en que te anunciaba la llegada de los chilenos a Pisco, porque no quería alarmarte con un notición de esa especie, que comunicado por telégrafo sin explicación alguna tenía que producir mucha alarma. A Pisco no ha llegado sino una de las tres divisiones en que está dividido el ejército chileno; la que manda el general Villagrán,290 compuesta de ocho a diez mil hombres de las tres armas. Todo aquello que dijeron los periódicos de la resistencia heroica hecha por Zamudio fue pura mentira; no ha habido heroicidad alguna, ni siquiera la menor resistencia. Veinte chilenos se metieron a Lurin Chincha, aquel foco de bandidos, en donde se organizó la turba aquella de asesinos que mató a Carrillo y a Prada, 291 y no se les hizo un solo tiro. En Pisco no han hecho los enemigos el menor daño; no han tocado a las personas ni a las propiedades. De un momento a otro debe llegar otra de las divisiones del ejército enemigo a un punto al norte de Pisco, y después de algunos días llegará la tercera a otro punto más al norte todavía. Mientras las unas van llegando las otras irán avanzando por tierra y todas se juntarán en el último punto de desembarco. Aquí algunos tienen fe en nuestro triunfo; pero otros ninguna. En cuanto a mí te repito lo que te he dicho en mis anteriores; no tengas el menor cuidado. Mi batallón no se moverá de Lima y la batalla tendrá lugar en Lurín. Aquello de los fuertes, baterías y defensa de la ciudad son palanganadas de unos cuantos y nada más. Si por desgracia nuestro ejército es derrotado en Lurín, los cholos se largan hasta los infiernos sin que nadie pueda volver a reunirlos292 y la ciudad caerá tranquila [Incompleta] *** Lima, sábado 4 de diciembre/1880 Mi querida Teresa: 125
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