El Perú desde la intimidad

cosa muy natural pedir licencia desde que he estado separado tanto tiempo de mi familia. Pero, como antes he dicho, este caso es poco probable y lo más natural a mi juicio es que el ejército chileno avance sobre Lima tan pronto como esté todo reunido. El tener que comer todos los días en el hotel es una, aunque de las más pequeñas mortificaciones que me impone esta fastidiosa vida de soltero. Esta semana me he librado dos días de esa molestia. Don Gerardo Garland me convidó a comer a su casa para el jueves, y acepté con muchísimo gusto. Fue enteramente una comida de familia y de personas extrañas no estaban sino el viejo Villacampa, su hija Mercedes y Palacios 321 su yerno, y el doctor Milendor. 322 Después de la comida tuvimos rocambor y yo jugué en una mesa con ese doctor Luis Bryce323 y el señor Basagoitia, quien se parece por cierta particularidad a aquel famoso Delfín que tuve de valet de chambre, particularidad que también adorna a la respetable señora Basagoitia, que tiene además por añadidura otra parecida. Ayer comí en casa de Dubois con los amigos de costumbre, inclusive Varelita, cuya señora ha tenido una chiquita. Rosita Ayulo324 también salió hace días de su cuidado, pero tuvo machito. Todos los muebles del salón, de tus cuartos, de mi escritorio, todo el servicio del comedor y todos los cuadros y chismes los he hecho colocar en el cuarto que servía de defensa y en ese otro segundo cuarto que sirvió para los chinos. José María desarmó tu ropero con mucha prolijidad, lo mismo que tu catre y los chismes del salón; la porcelana y los cristales se llevaron con mucho cuidado y nada se ha roto. Mis libros, cuadros y curiosidades, todo está allí acomodado y mañana vamos a tapiar esos cuartos, de manera que no quede indicio alguno de que existen. He hecho esto por precaución, para el caso de que fuera necesario dar alojamiento en las casas particulares a oficiales o soldados o recibir heridos, lo que es muy probable, porque los hospitales y ambulancias no serían suficientes. José María, ayudado del zambito sirviente, ha hecho todo con muchísima prolijidad; para desarmar tu catre mandó hacer una llave, porque no encontró la que vino de Europa. Los cuartos en que se ha 141

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