prometo y así lo cumpliré. No creas ni por un momento que yo sería capaz de no estar a tu lado el mes de agosto; no hay cosa en el mundo que pudiera obligarme a ello. Tus primos estuvieron a visitarme; el príncipe también me dejó una tarjeta, pero mi tío el Conde no vino, porque según me dijeron sus hijos estaba algo indispuesto. Algunos días después de esas visitas fui a pagarlas y como no encontré a nadie dejé una serie de tarjetas. Fui también al departamento que en otra casa ocupa don Andrés; 190 no le encontré allí, pero sí a los jóvenes con quienes estuve largo rato. El domingo por la mañana vino Felipe Canevaro191 a convidarme a comer para el mismo día a nombre de Eloísa. Acepté la invitación y a las siete de la noche me constituí en la casa de tus nobles primas. Encontré allí reunida a toda la santa familia presidida por el ilustre conde con su respectivo y conocido gorro. Me presentaron a Mimí, al Barón y al marqués novio de María Luisa, 192 que es un joven bastante guapo y de aspecto simpático. Mi aristocrático tío no estuvo durante la comida tan comedido y tan fino como era de esperarse de un caballero tan principal. Se puso [a] hablar con mucho calor de los que en el Perú habían hecho fortunas robando a los gobiernos; se expresó en términos más que inconvenientes del Banco Anglo Peruano,193 de la Compañía Sudamericana y de otros establecimientos peruanos, y a tal punto llegó en sus apreciaciones que Bernardo Canevaro 194 y Felipe tuvieron que contestarle de cierto modo que contribuyó a poner fin a esa materia de conversación; si hubiera continuado en el mismo terreno creo que habría llegado el caso en que yo hubiera manifestado mi sorpresa y desagrado. Terminada la comida pasamos a fumar al billar, y allí se dio mi tío la satisfacción de hablarme durante dos horas de sus cuestiones con don Pedro Gálvez, 195 de su influencia en Italia y otras cosas por el estilo; pero lo que más parecía preocuparle era el modo de manifestarme el deseo que tenía de que yo me encargara de [sus] asuntos en Lima; al fin llegó a hablarme con bastante claridad sobre este punto; pero yo le dije que después trataríamos de eso y pasé a otra cosa. Tú debes suponer que está muy lejos de mí la idea de aceptar semejante cosa, y que por nada lo haría. 84
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