carros. Aguirre y el hojalatero del frente ayudaron con muy buena voluntad y en pocas horas quedó todo limpio. Las carretas llegaron como a la una de la mañana o a las doce, no recuerdo, y a las tres estaban cargadas. Tu ropero y tu catre fueron desarmados y bien acondicionados en los carros del tren, lo mismo que los otros muebles finos; los demás entraron a las carretas, inclusive una cantidad de ollas, sartenes y útiles de cocina que había en una alacena alta de la misma cocina. En el sótano hemos colocado perfectamente acondicionados todos los cristales, porcelana, arañas, grabados, libros, cuantos pequeños chismes había en el rancho. En tu ropero encontró Nicanor ese terno de azabache en forma de camafeos que te mandó Quintana. No he dejado en el rancho sino la mesa de billar y un ropero de pino en el cuarto anterior al tuyo de vestirte. Aun el billar creo que se va a sacar, porque José María, que todavía está allá, está empeñado en desarmarlo y como es tan listo para todo es probable que lo haga. Estuvimos en la función hasta las tres de la mañana y como no hubo tren y no tenía en casa dónde recostarme, fui al rancho de doña Pepa y Eduardo me facilitó un buen sofá, una almohada y una frazada. A las siete y cuarto regresé y cuando llegué a casa ya las tres carretas habían descargado y la mayor parte de las cosas estaban acomodadas o amontonadas en un cuarto del tercer piso. Los carros del tren también están en la estación de Lima, y las cosas que hay en ellos voy a mandarlas a casa de tu madre, porque Nicanor me ha dicho que allí hay un cuarto grande desocupado en el traspatio. Cada carreta costó setenta soles, y a los cinco cargadores que trabajaron toda la noche les he dado ciento diez. No sé cuánto costarán los dos carros del tren y hay además que añadir los gastos menudos y las gratificaciones que tendré que dar a José, etc. Pero naturalmente todos estos gastos los cargaré al dueño del rancho. José María se quedó encargado de hacer cerrar y cordonar la puerta del sótano y de echar unos sacos de arena. He mandado una bandera alemana que flameará al lado de la americana que protege al rancho de doña Pepa. Ha sido para mí operación bien triste la de vaciar el rancho y encontrarme a cada instante con zapatitos viejos de baño, retratos y juguetes de mis muchachitos. Me he traído en el bolsillo algunos retratos que había en el cuarto de Delfina; entre ellos hay uno tuyo en un marco de carey que me lo apropio y voy a colgarlo al lado de mi cama. 103
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