El Perú desde la intimidad

demás trámites. De don José Antonio no hemos vuelto a tener noticias después de aquella carta de que te hablé en una de mis anteriores. Nada sabemos de las negociaciones de paz que se siguen en Santiago; pero a atenernos a lo que dicen los diarios, las negociaciones continúan, y aún algunos aseguran que hay esperanzas de llegar a un acuerdo. Con la más profunda sorpresa, indignación y vergüenza nos hemos impuesto de la conducta de Iglesias. Los periódicos de Santiago y Valparaíso han publicado su manifiesto y su decreto convocando a una asamblea, y ambas piezas más parecen obras de un loco que de un hombre en su juicio por estúpido que sea y por trastornado que tenga su criterio moral. Hasta hoy mismo dudamos de la autenticidad de esos dos peregrinos documentos; y si son ciertos, es necesario confesar que ya no tenemos remedio y que carecemos de los elementos más indispensables para formar país. De algún tiempo a esta parte están pasando cosas en el Perú que manifiestan una falta de juicio, una falta de espíritu nacional, un desconocimiento de los verdaderos intereses públicos, unas ambiciones tan estúpidas, unos egoísmos tan repugnantes y tanta miseria y bellaquería, que es cosa de desesperar por completo y de renegar de nuestra nacionalidad.365 En fin dejemos este asunto que me puede hacer salir de mis casillas. Mucho gusto he tenido de que al fin Enrique Garland 366 se haya casado con su antigua y constante novia. Ha probado una constancia, un carácter y una lealtad que le honran en alto grado y que naturalmente deben granjearle la estimación pública. ¿Y en qué quedó, pues, aquella furibunda pasión de la señorita M.M. por aquel oficial enemigo? Tal vez se haya casado con el otro por ser su homónimo. Por lo visto esa niña tenía unos deseos furiosos de casarse y lo habría hecho con el mismo diablo. Que Dios la haga feliz. A los suegros y cuñados, a Delfina, Edelmira y Manuelita muchos recuerdos y tú y mis hijos reciban muchos cariños de tu M.C. 174

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