más que las de la casa y Manuelita, que estaba muy lujosa y alhajada y más gritona y con más ademanes que nunca. Las cartas de mis hijitas me hicieron pasar un buen rato. Voy a contestarles y para ello esta mañana salí a buscar papel y sobres chiquitos. A Maricucha le mando dentro de un cajón que te envía la suegra, un abecedario para que aprenda las letras. Dile que no lo rompa y que estudie bastante, cosa de que cuando yo regrese conozca ya todas las letras. Hoy he tenido que escribir muy largamente sobre los sucesos de Eten. El ferrocarril escapó milagrosamente y los pocos daños que ha sufrido han sido causados por nuestros queridos paisanos. Rompieron los asientos de todos los coches de primera para robarse el cuero con que estaban forrados. Es de avergonzarse oír la relación de lo que ha ocurrido por allá. Casi toda la plata y especies que sacaron los chilenos de algunas casas fue por denuncia de los habitantes del lugar. Después de haber recibido varias denuncias de esas, se acercó a Lynch una persona de apariencia decente a decirle que en tal o cual casa había plata; Lynch se indignó al ver tanta vileza y le dio al denunciante una bofetada diciéndole que no esperaba hallar en este país gente tan infame. La gente del pueblo ayudó a los soldados a robar y les suministró verduras y cuanto pedían. Don Pepe fue a Eten con ciento cincuenta o doscientos hombres armados, parece que con ánimo de impedir el desembarco; pero probablemente cambió de resolución cuando fondearon los buques, porque en el acto se regresó a Chiclayo y de allí se fue hasta los infiernos. Lynch desembarcó por el muelle con cuarenta y tantos hombres; había una mar terrible; para subir al muelle tuvieron que poner escalas; varias se rompieron; pero al fin subieron y esos cuarenta y tantos hombres estuvieron tranquilamente en Eten todo un día o una noche, hasta que desembarcó la expedición. López se fue a Chongoyape,278 e hizo bien porque si lo agarran los chilenos tal vez le habrían hecho un mal. Las máquinas y libros y cuanto había transportable se llevó a Pátapo y ahí se enterraron las principales piezas de las máquinas y la correspondencia y documentos de la empresa. Tres chinos que intervinieron en esa operación de entierro estaban presos en la cárcel de Chiclayo con grillos cuando llegaron los chilenos, y apenas se presentaron 119
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