sábado y que he encargado a Chillán. Acaba de llegar a visitarnos el coronel Urrutia; está en el salón; suspendo esta carta para recibirle y ver si nos dice algo de nuevo. Nada de particular nos ha dicho el coronel. Vino únicamente a vernos y charlar un par de horas. Mi salud sigue bien lo mismo que la de los compañeros, salvo pasajeras indisposiciones. Me refiero en esto a mi carta de hoy N° 19 [sic]. Quiera Dios que por allá no haya novedad y que tu carta del 29 que tal vez reciba dentro de pocas horas me traiga buenas noticias de la salud de todos. Saludos y cariños y recibe un abrazo de tu M.C. Manda la inclusa a casa de Ribeyro, esquina de Plateros de San Agustín, última casa a la derecha. *** N° 20 Por G.R. Angol, sábado 11 de noviembre 1882 Mi querida Teresa: Por tu carta del 28 que recibí ayer noche, me he impuesto con satisfacción de que en casa y en la de los suegros todos quedaban buenos y sanos. Las esperanzas que hasta el momento en que la escribías abrigabas y abrigaban tantas gentes en Lima, según tú misma me dices, se disiparían pocas horas después con las noticias que llevó el vapor que debió llegar ese día. No sé de dónde podían sacar los que la tenían esa convicción tan profunda que aparentaban en la celebración de un arreglo; y si es cierto que hubo un momento en que pudo creerse que la paz estaba ya acordada, también lo es que las cosas cambiaron bien pronto y que había sobrado tiempo para que esa circunstancia se conociese en Lima, no solo por el cable sino aun por correo. 186
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx