El Perú desde la intimidad

Mi querida Teresa: Esta es la última que te dirijo de aquí, pues mañana nos vamos a Chillán. El gobierno no ha contestado todavía al coronel Urrutia a la consulta que le hizo respecto al viaje de Elguera y Ribeyro a Cauquenes y de la traslación de Elías y de mí a Talca; así es que todos vamos a Chillán, menos Correa que tiene permiso para ir a Cauquenes. Derteano, la Cotera, Isidoro Elías, Bernales, los dos García León y el coronel Zeballos continúan aquí, porque así es su voluntad. Los que ocupamos la casa del coronel Fuenzalida resolvimos salir de Angol, ya que estábamos autorizados para ello y hoy es el último día que pasamos en este lugar en el que hemos permanecido tres meses justos. ¿Cuántos estaremos en Chillán? Sábelo Dios, que lo que es nosotros no tenemos razón alguna para calcularlo ni suponerlo. Nos vamos a alojar en el hotel, y si no encontramos una casa cómoda y con todas las condiciones apetecibles de economía, etc., continuaremos llevando esa fastidiosa vida de hotel, que prolongándose un poco es insoportable, mucho más para nosotros que, a causa de nuestra condición de prisioneros, de vencidos y de cholos, tenemos necesidad de vivir retirados, salir poco y pasar los días y las noches entre las cuatro paredes de nuestras habitaciones. Los informes que nos ha transmitido Flores de Chillán son no sólo favorables, sino entusiastas, y dice que no se explica cómo todos los prisioneros no se han apresurado a aprovechar de la autorización que tienen para cambiar su residencia de este miserable villorrio por la de esa importante ciudad. Como te he dicho antes, Chillán tiene la ventaja de sus magníficos baños termales, que son excelente remedio para los dolores reumáticos, la parálisis, las enfermedades de estómago y otras muchas; y aun cuando ninguno de nosotros, con excepción de don Juan Ignacio, que sufre de su dispepsia, padece de ninguna de esas dolencias, nunca vendrán mal unos cuantos baños, pues se toman no sólo como remedio sino como medida higiénica y como medio de fortalecerse y entonarse. Ayer recibí una cartita de Macandrew anunciándome que había recibido el cajón de ropa para mí; que no me lo ha remitido por no haber recibido orden mía. Ahora voy a contestarle que de Chillán le escribiré indicándole 194

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