Historia del distrito de Wanchaq Sociedad, cultura y modernidad Avenida Pachacútec (1958) Cusco - Perú
Sociedad, cultura y modernidad Historia del distrito de Wanchaq Santiago Loayza Velásquez e Ivo Edgar Villafuerte Acuña
Historia del distrito de Wanchaq. Sociedad, cultura y modernidad. Municipalidad Distrital de Wanchaq Av. La Cultura Nro. 500, Wanchaq, Cusco © Mesa Redonda Editorial y Librería S.A.C. Av. Manuel Olguín 970, interior 4, Urb. El Derby, Santiago de Surco. Lima - Perú Tlf: 989798175 www.editorialmesaredonda.com contactos@editorialmesaredonda.com Primera edición, mayo de 2025 Autores: Santiago Loayza Velásquez e Ivo Edgar Villafuerte Acuña Equipo de investigación: Cleofé C. Villafuerte Camargo, Valentín Chillihuani Ttito, Lizbhet Peña Joro, Lucía Milagros Yahuira Huillca, Nayra Ruby Callata Carrión, Milagros Lagos Ttito Revisión académica:Mg. Angela Concha Pacheco y Mg. Johann Pérez Tupayachi Miembros de la comisión "70 años de historia": Presidente: Dr. William Peña Farfán Mg. Óscar Verástegui Gibaja Dr. Edward Serrano Monge Lic. Karina Carrillo Aldazabal Econ. César Cuchicari Cusi Lic. Jossué Morales Mendoza Cuidado de edición: Diego Bardález Diseño exteriores y diagramación: Carlos Yáñez Gil Fotografía de portada: Avenida Pachacútec. Fotografía anónima, 1958. Archivo fotográfico de la Municipalidad Distrital de Wanchaq Corrección de estilo: Raúl Martín Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nro. 2025-04551t ISBN: 978-612-5212-00-9 Impreso en los talleres gráficos de Mesa Redonda Editorial y Librería S.A.C., ubicados en Av. Manuel Olguín 970, interior 4, Urb. El Derby, Santiago de Surco, Lima - Perú Mayo de 2025 Tiraje: 1000 ejemplares Las opiniones y los análisis vertidos en esta obra son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no comprometen a las instituciones ni sus políticas institucionales. Este libro fue sometido a un riguroso proceso de evaluación por pares, en el que intervinieron académicos de la Escuela Profesional de Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con el propósito de garantizar altos estándares de calidad. “Cuando la ciudad se prolongue hasta la pintoresca villa de San Sebastián, será posible hacer la historia de los pioneros de Huánchac” El Comercio (Cusco), 8 de noviembre de 1956
Contenido Prólogo Agradecimientos Introducción Primera parte Los primeros habitantes del Cusco: Wanchaq en tiempos prehispánicos 1.1 Marcavalle, el primer asentamiento humano 1.2 La ocupación inca en Wanchaq Segunda parte Wanchaq en la colonia y en la temprana república: ocupación del espacio, instituciones coloniales y situación agraria 2.1 La ocupación colonial del Cusco. El caso de la parroquia de San Blas 2.2 Las haciendas y los fundos en Wanchaq 2.3 Wanchaq en la temprana república. Crisis y continuidad de la estructura agraria Tercera parte La modernización material del Cusco (1895-1930) 3.1 Aspectos políticos y sociales en la región cusqueña 3.2 Universidad e intelectuales 3.3 El ascenso de la arqueología en el Cusco 3.4 La naciente industria turística Cuarta parte Expansión urbana y barrios obreros: los orígenes del “Nuevo Cusco” (1930-1950) 4.1 Wanchaq y las tempranas proyecciones hacia el progreso: ferrocarril, fábricas y electrificación 4.2 El Porvenir: Wanchaq y los inicios del barrio obrero 4.3 Los desafíos del Nuevo Cusco: lotizaciones y proyección urbana 4.4 Por un Wanchaq moderno: Estado, gestión local y obras públicas Quinta parte Visiones de progreso y modernidad en el naciente distrito de Wanchaq: discursos y prácticas (1950-1960) 5.1 Una oportunidad en la tragedia: el terremoto del Cusco de 1950 5.2 Wanchaq tras el terremoto: conversaciones con la modernidad 5.3 El nacimiento del distrito 24 de Junio: actores y gestiones Sexta parte Deporte e infancia en Wanchaq: una apuesta por el bienestar social (1937-1978) 6.1 El fútbol y los primeros campos deportivos 6.2 La edificación del Estadio Monumental Garcilaso de la Vega 6.3 El parque Marianito Ferro y la preocupación por la infancia 6.4 Deportes, esparcimiento y una casa para la juventud Séptima parte Obras sociales, progreso urbano y transformación de la sociedad wanchina del siglo xx 7.1 Aviones, los Andes y el progreso: el aeropuerto Alejandro Velasco Astete 7.2 Un mercado modelo para Wanchaq: consumo popular y economía urbana 7.3 Salud pública, autogestión y una compañía de bomberos 7.4 Diversiones y espectáculos públicos Octava parte Wanchaq mira al futuro: alcances de la actual gestión 8.1 Crecimiento urbano del territorio del distrito de Wanchaq 8.2 Gestión de obras públicas y acción ambiental 8.3 Bienestar del vecino wanchino Conclusiones Anexos Testimonios: “Wanchaq en el recuerdo de sus vecinos” Línea del tiempo documentada: “Historia milenaria, cambios estructurales y gestión pública” Dossier fotográfico: “Urbanismo, expresiones culturales y progreso social en Wanchaq” Fuentes y bibliografía Sobre los autores 11 15 17 25 25 30 39 39 48 52 57 57 60 64 68 73 73 77 83 90 97 97 103 106 115 115 119 123 127 133 133 139 143 149 159 159 165 168 173 180 181 201 213 247 259
Wanchaq nació del anhelo profundo de hombres y mujeres que soñaron con un lugar digno para sus familias. Fueron ellos quienes levantaron los primeros barrios, quienes pusieron las bases de lo que hoy somos: un distrito vibrante, pujante y lleno de esperanza. Cada calle, cada parque, cada mercado y cada rincón de Wanchaq guarda la memoria viva de generaciones que, con esfuerzo y amor por esta tierra, forjaron nuestro presente. Y es precisamente ese amor el que nos inspira a seguir adelante, a proyectarnos hacia el futuro con fe y determinación, sin perder de vista nuestras raíces. Desde el inicio de mi gestión, asumí el compromiso de honrar esa historia con trabajo y dedicación. Por ello, hemos impulsado proyectos que dignifican la vida de nuestros vecinos: mejores vías de acceso, espacios públicos modernos y seguros, más áreas verdes, un nuevo local municipal y un moderno local para nuestros adultos mayores, con oportunidades para todos. Sin embargo, lo más valioso de Wanchaq no se encuentra en sus obras ni en sus edificaciones. Lo más valioso está en su gente. En ustedes; en la calidez del saludo diario, en la solidaridad de nuestros emprendedores, en la energía de nuestros jóvenes, en la alegría contagiante de nuestros niños y en el sosiego de nuestros adultos mayores. Wanchaq tiene un corazón que late con fuerza, y ese latido nace de cada uno de ustedes. Hoy no solo celebramos un aniversario más. Celebramos la fuerza de nuestra identidad, el orgullo de ser wanchinos, y la firme promesa de continuar creciendo juntos, con trabajo, unidad y esperanza. ¡Feliz aniversario, Wanchaq de mis amores! Con todo mi afecto y compromiso, William Peña Farfán Alcalde del distrito de Wanchaq
Historia del distrito de Wanchaq 11 | Prólogo Wanchaq: territorio, identidad y transformaciones en la cartografía histórica andina El Cusco, como capital cultural, edifica una historia en permanente construcción. Su impronta en el imaginario colectivo, dentro y fuera del Perú, está asociada a la civilización inca, el virreinato español y los albores de la independencia americana. Los 70 años de creación política del distrito de Wanchaq nos permiten develar una historia que se escribe recientemente, pero como acto reflejo del espíritu milenario de una ciudad andina que goza la atención permanente de investigadores de diferentes generaciones. Este esfuerzo editorial de la Municipalidad Distrital de Wanchaq, afortunadamente, no es un hecho aislado. En el último lustro llegaron a nuestras manos libros como Breve historia del distrito de Santiago (2023), de Julio A. Gutiérrez Samanez, y La Casa del Patrón. Documentos para la historia de la Iglesia de San Sebastián (2020), de Jorge A. Calero Flores y Mildred Fernández Palomino. Ambas publicaciones expresan una necesidad de conocimiento pormenorizado de la ciudad, haciendo palpable un patrimonio que también fomenta la afirmación de una identidad cusqueña que reconoce los territorios distritales de su memoria en el siglo xxi. Desde la floreciente cultura markavalle (1000 a. C.) hasta la promulgación de la Ley Nro. 24678, que, en 1987, oficializa el nombre de Wanchaq en reemplazo de Huanchac, el distrito habla gracias a los topónimos. Etimológicamente, wancha es una especie de rana y wachaq es quien pare, produce o procrea. Las acepciones no se contradicen si en el distrito encontramos el barrio de Ttio, que proviene de la palabra quechua ttiuyuska, que significa ‘gran cantidad de agua’, condición propicia para ranas y el cultivo de productos agrícolas. Es más, quienes vivimos en el distrito sabemos de ojos de agua en distintos puntos como Lirpuyphakcha o Lipuypaccha, que quiere decir ‘fuente que refleja’. Por ello, a Wanchaq se le conoce como el distrito jardín. Lipuypaccha, hoy el sector de San Judas, es un precioso ejemplo del devenir histórico del distrito. Fue asentamiento preinca e inca, y, posteriormente, hacienda colonial y fundo republicano. Alegres coincidencias de la vida para que estudie en el “jardín”; hacia ese punto todos los días llevo a mi pequeño hijo, quien nació en el hospital Adolfo Guevara Velasco - EsSalud, también en el distrito de Wanchaq. La historia cusqueña es un patrimonio que nos corre por las venas, pero también transita por sus calles. Es una historia que la hacemos nuestra como un mapa sentimental que nos lleva al pasado, nos permite vivir el presente y nos posibilita soñar el futuro. Uno de los barrios más conocidos es el de Marcavalle y se asentó sobre los restos arqueológicos que Manual Chávez Ballón, padre de la arqueología cusqueña, se encargó de dar a conocer como valioso antecedente de la cultura inca. Son numerosos los profesionales de las ciencias sociales que concentraron su trabajo en este espacio, y los conoceremos gracias a esta investigación. En esta orientación, el distrito fue escenario para el despliegue intelectual de figuras como John H. Rowe, Luis Barreda Murillo, Karen Mohr, Patt Lyon, Aurelio Carmona Cruz, Jorge Flores Ochoa, Luis Negrón Alonso, Alfredo Valencia Zegarra, Arminda Gibaja Oviedo y Walter Tapia Bueno. A ellos debemos sumar los
Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 12 | 13 | nombres de Santiago Loayza Velásquez e Ivo Edgar Villafuerte Acuña, dos notables historiadores contemporáneos que vienen reescribiendo nuestra historia y que, en esta ocasión, nos entregan el presente trabajo editorial. En esta investigación, para la cual hicieron sinergia, se hacen visibles sus facultades como científicos sociales, hecho que no se contradice con una sensibilidad que los ha llevado a hilvanar los filamentos más sensibles de la trama colectiva en Historia del distrito de Wanchaq. Sociedad, cultura y modernidad. La creación política del distrito de Wanchaq en 1955 obedece a los antecedentes que conoceremos detenidamente en cada capítulo de este libro. Es un trabajo que ha seguido con rigurosidad y dedicación fuentes primarias y secundarias de los siglos xvi y xvii en los archivos más voluminosos del Cusco. La ruta de investigación ha sido trazada con cuidado y siguiendo las prerrogativas de la interdisciplinariedad, pero desde el eje histórico. De la numerosa bibliografía destaca un historiador que brindó innovadoras luces para entender de mejor manera la cultura andina. Me refiero al Dr. Donato Amado Gonzales, quien, en junio del 2022, falleció inusitadamente por un paro cardiaco en la esquina del palacio municipal de Wanchaq. En lo mejor de su trabajo intelectual, dejó un enorme vacío en esa nueva historia del Cusco que iba escribiendo. Sin embargo, con alegría veo que su visión encontró herederos espirituales que recorren el mismo camino en el contenido de esta investigación. Amado Gonzales, de manera asertiva, afrontó las crónicas escritas por clérigos, militares y burócratas españoles (las que imprimieron la “historia oficial”) para confrontar la información con documentos administrativos que permitían reconocer la tenencia de la tierra y su disposición en la organización política y económica de la colonia, donde los descendientes incas mantuvieron un rol protagónico. “El establecimiento y formación de las parroquias en la ciudad del Cusco” es el primer capítulo de su libro El estandarte real y la mascapaycha. Historia de una institución inca colonial (2017) y el antecedente de la creación de cuatro de los ocho actuales distritos del Cusco. A la par de documentos parroquiales, el parentesco incaico fue motivo de su interés. Con estos elementos indagaba en la arqueología, la botánica, la agricultura y, lo que fue descollante, la paleografía quechua escrita en la colonia, la cual pudo rastrear gracias a las fuentes revisadas en el Archivo General de las Indias, donde encuentra contratos de compraventa y textos inadvertidos hasta su aguda atención. A todo este sistema informativo agregó la etnografía y, también, su conocimiento arqueológico del Qhapaq Ñan, los Seq’es y la arqueoastronomía. Durante toda su vida trabajó al pie de diferentes archivos, a los que también asistieron Santiago y Edgar para perfilar este compendio cronológico y didáctico que nos lleva del Perú antiguo al terremoto de 1950, cuando Wanchaq acudió al Cusco como espacio de reconstrucción moderna. Wanchaq fue pensada a futuro por los más destacados educadores, empresarios y políticos de la época, implementando la disposición urbana y las redes de transporte y comunicación que configuraron el distrito hasta el presente. Cada página de Historia del distrito de Wanchaq informa, asombra y nos identifica, más aún cuando el dossier fotográfico de la segunda mitad del siglo xx rescata sucesos, vivencias, personajes y paisajes donde se abrieron calles irreconocibles de no ser por el marco geográfico y los hitos de casas que ahora solo habitan la memoria. El Apu Pachatusan fue un glaciar otrora vestido de blanco y ahora nos acompaña hecho piedra por el deshielo. El pueblo se hace ciudad, pero el progreso nace del barro. La identidad andina no se contradice con el tren, el automóvil o el aeroplano, que integran el arquetipo progresista de la época que urbanizó Wanchaq a partir de la década de 1950. El cuidado con el que seleccionaron el archivo fotográfico merece un reconocimiento aparte: es la fuente emotiva que cierra el libro y nos brinda un retrato en común de nuestro patrimonio espiritual. Gracias a esta publicación, el distrito de Wanchaq figura en la cartografía histórica andina del Perú y nos invita a seguir llenando los “vacíos” del mapa cusqueño, que requiere de nuevas investigaciones y frondosos libros para echar raíces en las nuevas generaciones. Wanchaq es un espacio físico donde se puede apreciar el sentimiento cusqueñista que caracterizó a nuestra ciudad en el siglo xx. Para el nuevo siglo, esta publicación abre una cantera donde podemos acudir por información que nos permita hacer memoria. La memoria es el reflejo de la vida, en la cual resolvemos situaciones cotidianas, y a ello le llamamos cultura; cuando se hereda, nos permite subsistir como ente colectivo y se vuelve en identidad que afirma una historia con vínculos en común para afrontar el presente, como también el futuro. En el Cusco habita una permanente preocupación por nuestro patrimonio cultural, tanto material como inmaterial. El Centro Cusqueño de Investigaciones Históricas Enfoques (CCIHE), al cual pertenecen los autores del presente libro, lo expresa claramente. Este valioso grupo humano congrega a un grupo de historiadores de la región cusqueña y tienen por objetivo principal desarrollar la investigación histórica del Cusco, difundiendo su riqueza cultural. Aunque fue fundada legalmente en el 2019, sus integrantes, pertenecientes a diversas generaciones, han desarrollado con entusiasmo esta labor desde principios del año 2000 dentro de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco. Por los años que hemos coincidido en los claustros universitarios y, posteriormente, en diferentes espacios laborales, puedo dar fe de ello. En la actualidad, el CCIHE viene desarrollando, desde el 2020, una iniciativa muy importante relacionada con la promoción editorial y la investigación histórica: nos referimos a Riqch’ariy: Revista de Historia y Ciencias Sociales. Esta revista, en la especialidad de historia, se ha indexado a nivel internacional y constituye uno de los principales canales de difusión científica de los trabajos de investigación de la intelectualidad cusqueña y del sur andino. Finalmente, felicito a la Municipalidad Distrital de Wanchaq, en la persona del señor alcalde, Mg. William Peña Farfán. Publicaciones de esta naturaleza dejan huella indeleble en la gestión edil e insta a futuros Gobiernos municipales a seguir trabajando por la cultura, la historia y la identidad de nuestra gente. Pavel Ugarte Céspedes Cusco, abril de 2025.
Historia del distrito de Wanchaq 15 | Agradecimientos Como todo libro de investigación, entre sus páginas existen muchas personas e instituciones involucradas que contribuyeron en su elaboración. Queremos comenzar agradeciendo a la Municipalidad Distrital de Wanchaq, en la figura de su alcalde, Dr. William Peña Farfán, por encaminar el desarrollo de la cultura cusqueña a través de un libro que conecte las arterias históricas de Wanchaq con el proceso regional y nacional. De igual forma, a las gerencias, subgerencias y diversas oficinas de la Municipalidad, quienes en todo momento se mostraron entusiastas de materializar este proyecto por los 70 años de creación política del distrito. La historia, como no podría ser de otra manera, se reconstruye con las interpretaciones de diversas fuentes. Destacan, entre ellas, las fuentes documentales que yacen en los archivos históricos. En tal sentido, queremos agradecer a las instituciones que nos han cobijado en estos meses proporcionándonos los documentos, revistas y periódicos, como lo fue el Archivo Regional de Cusco, la sección de archivo y hemerografía de la Biblioteca Municipal del Cusco y la sección hemerográfica de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. Las colecciones fotográficas desempeñaron un papel crucial en la elaboración de esta investigación. Por ello, expresamos nuestro más sincero agradecimiento a Fernando Brugué Valcárcel, director del Centro y Archivo Luis E. Valcárcel; al Archivo Fotográfico del Museo Histórico Regional Casa del Inka Garcilaso de la Vega; al Archivo Fotográfico de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco; al Archivo Fotográfico de la Municipalidad Distrital de Wanchaq; al señor Ramón Zavaleta Aleman, y a las colecciones particulares que respondieron al llamado del presente libro. Las conversaciones con colegas del Centro Cusqueño de Investigaciones Históricas Enfoques fueron muy provechosas, de las cuales se rescataron importantes reflexiones; por tal motivo, nuestro agradecimiento con Ángela Concha Pacheco, Roberto Ojeda Escalante, Lisbeth Cusicuna Vilca y Walter Flores Jiménez. De igual forma, queremos expresar nuestro agradecimiento a Johann Pérez Tupayachi y a Brian Cano Callañaupa, quienes, en múltiples conversaciones dentro de los archivos históricos, no solo nos orientaron con datos puntuales sobre Wanchaq, sino que, además, fueron muy generosos al proporcionarnos materiales bibliográficos y fuentes de primera mano que nos permitieron acercarnos mucho más a sus procesos. También expresamos nuestro más sincero agradecimiento a Adriano Dueñas por su importante apoyo técnico en la digitalización fotográfica, así como a Ninoska Avendaño, quien facilitó el contacto con destacadas personalidades del distrito de Wanchaq, permitiéndonos recopilar sus valiosos testimonios sobre la historia de esta localidad. Finalmente, queremos agradecer a nuestro equipo de investigación, conformado por Cleofé Cirilo Villafuerte Camargo, Lizbhet Peña Joro, Lucía Milagros Yahuira Huillca, Nayra Ruby Callata Carrión y Milagros Lagos Ttito. Su labor, asistiéndonos en la búsqueda de información por los tránsitos coloniales y republicanos, resultó fundamental.
Historia del distrito de Wanchaq 17 | Introducción Hoy tenemos una larga producción académica acerca de la historia del Cusco: el largo transitar de la ciudad imperial, según la percepción de cada época, diversas reflexiones y lecturas intelectuales que, hasta el día de hoy, nos sirven para comprender el devenir de la sociedad cusqueña e incluso cuestionar muchas de estas narrativas y aseveraciones. Desde el Inca Garcilaso de la Vega, con sus Comentarios reales, y Huaman Poma de Ayala, con su Nueva crónica y buen gobierno, hasta las más recientes y renovadoras propuestas del destacado historiador Donato Amado Gonzales, la historiografía cusqueña se ha nutrido de una vasta variedad de fuentes e investigaciones, al mismo tiempo que ha develado la inagotable materia prima que yace en los archivos documentales. Frente a esta prolija producción impresa sobre el Cusco, nos llama poderosamente la atención el poco interés que ha generado la historia de los extramuros de la ciudad. Nos referimos, concretamente, a la historia de Wanchaq.1 Las transformaciones políticas ocurridas en este lado del hemisferio durante el siglo xix trajeron consigo que la atmósfera republicana diseminara el interés ilustrado entre los intelectuales y viajeros, quienes se sintieron cautivados por conocer y describir los antiguos territorios del “país de los incas”. Muchos de estos trabajos, interesados en conocer la historia de los pueblos peruanos, encontraron una rápida fascinación por el pasado indígena del sur andino y, especialmente, por el Cusco. Tal es el caso del investigador norteamericano George Squier, quien fue comisionado por su Gobierno para llegar al Perú en 1863. Animado por cuestionar lo previamente propagado por su connacional William H. Prescott sobre la historia del Perú, Squier decidió estudiar in situ la monumentalidad cusqueña, comprendida entre Yucay, Pisaq, Ollantaytambo, Saqsaywaman, Cusco y sus alrededores.2 Contemporáneamente, el austriaco-francés Charles Wiener y el británico Clements R. Markham llegaron al Perú con el objetivo de estudiar su historia. Wiener, enviado por el Gobierno francés, completó un extenso recorrido por el país, centrándose luego en el sur andino y el altiplano. En su monumental obra sobre el Perú y Bolivia, Wiener se detiene a indagar, como era inevitable, sobre el Cusco, sus alrededores y otras provincias, donde da cuenta de las grandes ciudades incaicas diseminadas por la región. Por su parte, Markham hizo lo propio, atraído y fascinado por el Cusco gracias a una estadía relativamente prolongada a mediados del siglo xix, donde constató la monumentalidad incaica. Incluso se aventuró, de manera temprana, a comprender la situación política del régimen colonial en el Perú y, más específicamente, las motivaciones insurreccionales en el Cusco, vinculadas al movimiento de Túpac Amaru II.3 El imaginario cartográfico y monumental del “Cusco antiguo” no fue promovido ni estudiado exclusivamente por las comisiones científicas extranjeras del siglo xix; también despertó el interés entre las élites nacionales y regionales por comprender la geografía ancestral y el patrimonio arqueológico del Cusco. El científico peruano Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz, fundador y primer director del Museo Nacional del Perú (1822), escribió Antigüedades peruanas. 1 Por cuestiones de uniformidad, utilizaremos la denominación actual y oficial de Wanchaq a lo largo de este libro para referirnos a dicho distrito, salvo en aquellos casos donde las citas textuales o fuentes primarias nos demanden utilizar Nuevo Cusco, barrio obrero, El Porvenir, Huanchac o 24 de Junio. 2 Squier, 1877/1927. 3 Markham, 1862.
Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 18 | 19 | Esta obra reúne una valiosa descripción de la historia de los incas e ilustra la ciudad del Cusco a través de un antiguo mapa elaborado por el geógrafo irlandés Joseph Barclay Pentland. Dicho mapa ofrece una representación visual de la topografía cusqueña en los inicios de la República,4 permitiéndonos identificar los extramuros de la ciudad y sus límites naturales, como el río Huatanay, donde se encontraban las propiedades rurales que, más tarde, formarían parte de la jurisdicción política de Wanchaq. Con un enfoque más positivista y producto del interés gubernamental, la obra del arequipeño Mateo Paz Soldán, Geografía del Perú (1862), establece un riguroso perímetro de la geografía nacional, acompañado de una síntesis histórica sobre sus pueblos, su geografía y sus actividades comerciales e industriales. Esto permite trazar de manera más fundamentada una división económica y política de cada departamento, provincia y distrito de la república peruana. En el caso cusqueño, Paz Soldán identifica, hacia mediados del siglo xix, los nueve distritos que conformaban la provincia del Cercado de Cusco: El Cercado, Santa Ana, San Cristóbal, San Blas, El Hospital, Belén, Santiago, San Sebastián y San Jerónimo. La producción agrícola en esta provincia —según Paz Soldán— se caracterizaba por el cultivo de maíz y, en menor medida, de papas, cebada y trigo.5 Esto permite inferir que los terrenos de Wanchaq, entonces considerados fundos rurales, junto con otros distritos con la misma categoría, contribuyeron a la producción agrícola que alimentaba a la ciudad. La producción escrita sobre el Cusco se hace importante desde mediados del siglo xix en adelante. Muchos de estos trabajos, que pueden clasificarse como crónicas geográficas modernas, compendios eruditos y, en algunos casos, producciones historiográficas influenciadas por el estilo positivista de la época, ofrecen una valiosa fuente para comprender la visión regional desde sus propios referentes intelectuales. El urubambino Pío Benigno Meza, destacado escritor y político cusqueño en el Parlamento, abordó la reconstrucción de la vida en el Cusco desde una postura indigenista. Su obra explora la cotidianidad incaica, las relaciones políticas y sociales, las festividades y la traza urbana del imperio.6 A pesar de que muchas de estas enciclopédicas obras no mencionan de forma directa los alrededores de Wanchaq —entendido como un espacio dedicado exclusivamente a la agricultura—, su presencia no es del todo imposible de identificar. Wanchaq se configuraba como una vía ineludible de tránsito entre el Cercado de Cusco y los distritos vecinos de San Sebastián y San Jerónimo. Esta conexión queda evidenciada por Fernando Pacheco, socio de la Academia de Ciencias y Artes de Bruselas y miembro fundador del Centro Científico del Cusco, quien, a inicios del siglo xx, identificó sectores del Cusco antiguo —hoy desaparecidos nominalmente—, como Munaysenqa (La Recoleta), Rimaqpampa (Limacpampa) y Kayaucachi (Santiago).7 Estos sectores marginales de la ciudad tenían sus accesos mediados, de alguna manera, por el tránsito wanchino. De forma similar, aunque con un enfoque más gubernamental orientado a reconocer la geografía y costumbres en favor del progreso nacional, las obras de Hildebrando Fuentes8 y Alberto Regal9 presentan un Cusco interesado en preservar sus costumbres, historia y tradiciones frente a la vorágine del progreso. Este contexto incluía nuevas propuestas 4 de Rivero y Ustáriz, 1841. 5 Paz Soldán, 1862. 6 Meza, 1866. 7 Pacheco, 1901. 8 Fuentes, 1905. 9 Regal, 1936. de diseños urbanos y caminos carreteros, destacándose la vía de acceso al centro de la ciudad, que debía atravesar varios kilómetros del Collasuyo e intersecaba el actual Wanchaq. La llegada del siglo xx impulsó a una nueva generación de cusqueños letrados y académicos cusqueñistas a promover un conjunto de reformas modernizadoras en la ciudad. Los nuevos tiempos —marcados por un creciente entusiasmo por el progreso material, los renovadores paradigmas culturales y el incipiente aprovechamiento turístico de la riqueza incásica en la región— propiciaron el surgimiento de un núcleo intelectual sin precedentes. Este grupo innovó teórica y metodológicamente en el estudio del Cusco, abarcando perspectivas históricas, arqueológicas y antropológicas. Esta brillante generación, integrada por figuras como Luis E. Valcárcel, J. Uriel García, José Gabriel Cosio y Albert Giesecke, puso en el centro de sus preocupaciones la situación del indígena, tanto desde una perspectiva histórica como desde una contemporánea, considerándolo un problema de interés nacional. Aunque, desde mediados del siglo xix, la preocupación por la situación indígena —“el problema del indio”— ya estaba presente en la literatura cusqueña,10 sentando las bases fundacionales del indigenismo peruano, fue en las primeras décadas del siglo xx cuando este tema adquirió mayor relevancia, abarcando tanto el ámbito intelectual como el pragmatismo político. Esta dinámica se refleja en las obras emblemáticas del indigenismo cusqueño: Tempestad en los Andes y El nuevo indio, publicadas a finales de la década de 1920. Si bien presentan diferencias significativas en la concepción de lo identitario y la visión del presente indígena, Luis E. Valcárcel y J. Uriel García coinciden en elevar la discusión a nivel nacional, evidenciando la precariedad de las políticas públicas dirigidas a esta población. Se formula una crítica al mestizaje y se propone una incorporación profética del indígena en el escenario nacional.11 Asimismo, se analiza la evolución histórica de estas comunidades, reconociendo la posibilidad de una transformación sin necesidad de recurrir al romanticismo tradicional.12 Mientras las élites se polarizaban en el debate sobre la cuestión indígena, otro tema de igual relevancia comenzaba a emerger gracias a las investigaciones arqueológicas impulsadas por el descubrimiento científico de Machupicchu en 1911. Este hallazgo dio lugar a nuevas interpretaciones sobre el pasado prehispánico y fomentó la búsqueda de argumentos históricos en la materialidad incásica para construir una noción de peruanidad fundamentada en el patrimonio cultural.13 La arqueología, como nueva disciplina de estudio, pronto se convirtió en una herramienta poderosa para responder a los múltiples vacíos históricos que aún requerían explicación. Wanchaq estaba lejos de ser una zona relevante para los intereses arqueológicos a inicios del siglo xx, pero esta percepción cambiaría notablemente a partir de la década de 1950 con los estudios sobre los “primeros cusqueños” de Marcavalle.14 De forma paralela, el interés arqueológico que comenzaba a consolidarse en el Cusco se vio acompañado por el auge del turismo, que surgió como una oportunidad de progreso material para la región. La arqueología y el turismo comenzaron a producir múltiples imaginarios culturales sobre la ciudad. Esto impulsó un aumento en la producción literaria relacionada con el Cusco y transformó la manera de entender la ciudad, tanto para locales como para visitantes. El conocimiento dejó de ser exclusivamente académico con la aparición de guías turísticas, en las que 10 Aréstegui, 1848/2019; Matto de Turner, 1889/2021. 11 Valcárcel, 1927. 12 García Ochoa, 1930. 13 Loayza Velásquez, 2023. 14 Valencia Zegarra y Gibaja Oviedo, 1991.
Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 20 | 21 | destacados intelectuales locales contribuyeron combinando historia, arqueología, folclore y geografía. El objetivo era hacer accesible el Cusco para un público más diverso, interesado en explorar su enigmático pasado.15 A medida que la ciencia arqueológica ganó mayor protagonismo en los intereses literarios de la región, su institucionalización se consolidó al crearse una sección de arqueología en la Universidad Nacional de San Antonio Abad a inicios de la década de 1940. La llegada de misiones extranjeras para estudiar el núcleo político de los incas se volvió inminente. Desde entonces, los espacios que hoy conforman el distrito de Wanchaq fueron identificados como sectores de gran relevancia arqueológica. Con la llegada al Cusco del prominente arqueólogo norteamericano John H. Rowe, numerosos investigadores se vieron influenciados por sus innovadoras técnicas y metodologías, enfocadas en identificar patrones que evidenciaran un pasado preincaico. Bajo esta corriente arqueológica, el puneño Manuel Chávez Ballón emprendió estudios en la zona de Marcavalle. En 1953, se le atribuyó el descubrimiento de dicho centro arqueológico.16 Aunque en la actualidad Marcavalle es una zona urbanizada dentro del distrito de Wanchaq, en su origen sus límites abarcaban espacios mucho más amplios. Las investigaciones arqueológicas desarrolladas en la década de 1950 reconocieron su gran importancia al identificar que los habitantes de Marcavalle alcanzaron un alto grado de desarrollo político, económico y social. Cronológicamente, se les ha equiparado con las grandes sociedades occidentales de la revolución neolítica. Se concluyó, además, que Marcavalle marcó el inicio de la evolución cultural en la región del Cusco.17 Dentro de la literatura especializada en ciencias sociales y humanas, Wanchaq ha sido historiográficamente relegado. Esta desatención académica podría estar vinculada a la tardía creación política del distrito en 1955, lo que llevó a que los historiadores —fieles a su tendencia de enfocarse en periodos más remotos— mostraran escaso interés en investigar una zona que parecía limitada a la historia inmediata. Sin embargo, como ya hemos mencionado, la arqueología asumió este desafío. Manuel Chávez Ballón fue el pionero con sus estudios en Marcavalle, seguidos por importantes contribuciones de otros especialistas, como John Rowe (1956), Luis Barreda (1963), Karen Mohr (1966-1968) y Alfredo Valencia y Arminda Gibaja (1991).18 El ambiente académico de la arqueología en la segunda mitad del siglo xx, impulsado por los primeros grandes financiamientos nacionales para su estudio y difusión, generó la percepción de que muchos otros espacios del Cusco podrían ser analizados e interpretados desde esta y otras disciplinas, como la historia. Si bien esto fue cierto en varios casos, Wanchaq permaneció, en gran medida, al margen de este interés. A partir de la década de 1970, la historiografía cusqueña tuvo la oportunidad de explorar los nuevos espacios urbanos que surgieron en la ciudad. Sin embargo, prevalecieron los enfoques clásicos incanistas e indigenistas, que, desde inicios del siglo xx, seguían teniendo una fuerte influencia en los círculos intelectuales del Cusco. Esta tendencia se evidencia al revisar la producción de tesis sobre historia en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. La mayoría de los trabajos estaban orientados hacia temas incanistas e indigenistas, como El ejército inca,19 La ganadería inca,20 El vestido 15 Sociedad de Propaganda del Sur del Perú, 1921; García Ochoa, 1922; Giesecke, 1924; García Ochoa y Giesecke, 1925; Valcárcel, 1934; Valcárcel, 1942. 16 Mohr Chávez, 1977. 17 Chávez Ballón, 1991. 18 Echevarría López y Monrroy Quiñones, 2022. 19 Yépez, 1969. 20 Aguilar, 1970. en el incanato,21 Fiesta de la purificación incaica,22 El matrimonio inca,23 La medicina incaica y su supervivencia actual24 o La justicia en la sociedad incaica.25 Mientras la historiografía cusqueña se enfocaba en reforzar los valores identitarios regionales, el escenario nacional se nutría de un fuerte impulso nacionalista proveniente del gobierno militar de Juan Velasco Alvarado (1968-1975). Las celebraciones por el sesquicentenario de la independencia del Perú (1971-1974) coincidieron con importantes cambios en la producción historiográfica nacional, marcados por la influencia de los postulados marxistas impulsados por una generación de historiadores de formación afrancesada26 y, más adelante, del “giro lingüístico” en la escritura de la historia. Ambos enfoques tuvieron un impacto significativo en la historiografía cusqueña, que comenzó a “competir” con la tradicional producción local. Como resultado, la historiografía cusqueña contemporánea terminó alineándose con la propuesta nacional de estudiar el Perú y la historia regional desde una perspectiva centrada en lo político, el republicanismo y la independencia nacional. El fuerte interés por los estudios republicanos e independentistas, sumado a las implicancias del “giro lingüístico”, propició que la historiografía cusqueña destacara nuevos autores y obras. Estos trabajos se beneficiaron de la adopción de novedosas técnicas narrativas para la escritura de la historia, lo que, junto con la producción historiográfica nacional, favoreció una mayor divulgación de dichas investigaciones.27 En este contexto, surgió una nueva generación de historiadores cusqueños y cusqueñistas residentes en la ciudad dispuestos a enfrentar estos desafíos intelectuales. La comisión del sesquicentenario convocó la participación de figuras como Horacio Villanueva Urteaga y Manuel Jesús Aparicio Vega, quienes, en representación del Cusco, colaboraron en la recopilación de documentos y estudios sobre las conspiraciones y rebeliones ocurridas entre el final del periodo virreinal y los momentos clave de la rebelión de los hermanos Angulo en el Cusco.28 Aunque Wanchaq permanecía relativamente alejado del interés historiográfico, no estuvo excluido por completo. Junto con los distritos de San Sebastián, San Jerónimo y los del Cercado, mantuvo una significativa vinculación económica y política durante las convulsionadas relaciones de inicios de la república. Estos espacios albergaban importantes fundos rurales, poblaciones indígenas y personajes notables de la ciudad. Durante los primeros años republicanos, estas relaciones evidenciaron la persistencia de las élites indígenas, que lograron mantener su identidad étnica y cultural a pesar de los cambios políticos.29 Ya en el siglo xx se observó la aparición y recomposición de una burguesía rural y urbana que tomó posesión de diversas haciendas en la región, incluidas las ubicadas en el actual distrito de Wanchaq.30 En este contexto, la historia política, social e incluso cultural comenzó a ganar terreno en la historiografía local. La activa participación cusqueña en los procesos de independencia —sus motivaciones, intereses y papel en los enfrentamientos bélicos— durante el último cuarto del siglo XI fue descrita y analizada en las obras del historiador Manuel 21 Salcedo, 1972. 22 Curie, 1972. 23 Rosell, 1974. 24 Paguada, 1974. 25 Zambrano, 1975. 26 Burga, 2005. 27 Aurell, 2004. 28 Villanueva Urteaga, 1971; Aparicio Vega, 1974a, 1974b. 29 Elward Haagsma, 2020. 30 Tamayo Herrera y Zegarra Balcázar, 2008.
Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 22 | 23 | Jesús Aparicio Vega.31 De igual manera, el panorama social y cultural del Cusco tras el advenimiento de la república fue brillantemente estudiado por José Tamayo Herrera, uno de los historiadores más destacados de la región.32 Entre la década de 1970 y los primeros años del nuevo milenio, la historiografía cusqueña evidenció una interesante producción enfocada principalmente en la historia política y social de los siglos xix y xx. Sin embargo, persistía una deuda respecto al estudio de la nueva dinámica social y urbana que tomó forma en la ciudad tras el terremoto de 1950, fenómeno que, en palabras del intelectual José Matos Mar, representó “una crisis del Estado y un desborde popular”,33 situación que también se replicó en muchas de las principales ciudades del interior del país. Fue recién a finales del siglo xx cuando, desde la antropología, los estudios urbanos comenzaron a desarrollarse con mayor ímpetu. El destacado antropólogo Rossano Calvo es, sin duda, uno de los investigadores que mejor ha abordado estos temas al combinar cuestiones urbanas y simbólicas con la historia local. Su prolífica producción investigadora ha despertado un interés renovado por llenar los vacíos historiográficos relacionados con la historia de los distritos del Cusco. Este enfoque regionalista ha llevado a que los análisis académicos se centren en explorar proyectos locales, la antropología urbana y las tradiciones tanto del “Cusco aldeano” como del contemporáneo.34 El valioso aporte de Rossano Calvo radica en su discusión sobre las complejas relaciones culturales de la historia local a lo largo del siglo xx. Esto ha permitido que, metodológicamente, se estudie el cusqueñismo como una ideología en constante construcción, nutrida por elementos materiales e inmateriales. Entre estos destacan el constante flujo de identidades, las bases arqueológicas que han configurado el cusqueñismo en el siglo xx,35 la iconografía,36 el arte popular en tiempos festivos37 y los imaginarios nacionalistas asociados a los elementos culturales presentes en los ambientes naturales y urbanos del Cusco.38 En las últimas décadas, las ciencias sociales y humanas han venido estudiando los problemas sociales y culturales del Cusco con mayor detenimiento. La historia de algunos distritos cusqueños ha despertado un interés significativo, lo que ha dado lugar a la publicación de recopilaciones, descripciones y análisis relativamente detallados. Un ejemplo notable es el distrito de San Sebastián, que ha sido objeto de estudios centrados en sus manifestaciones artísticas, monumentos coloniales, haciendas y festividades tradicionales.39 Estos trabajos han resaltado la necesidad de investigaciones de larga duración para comprender su devenir histórico. De manera similar, el distrito de Santiago ha sido estudiado desde una perspectiva de largo aliento, destacando su presencia histórica mediante una descripción de su tránsito prehispánico, colonial y republicano, lo que ha permitido comprender su construcción política, social y cultural a lo largo del tiempo.40 Un esfuerzo destacado en esta línea fue llevado a cabo por la Municipalidad Provincial del Cusco, que en los últimos años publicó un importante libro dedicado al estudio detallado del centro histórico y los barrios tradicionales de la 31 Aparicio Vega, 1974c, 2003. 32 Tamayo, 1978, 1980, 1992. 33 Matos Mar, 1986. 34 Calvo, 1991, 1998, 1999. 35 Calvo, 2018. 36 Calvo, 2019. 37 Calvo, 2020. 38 Calvo, 2023. 39 Calvo, 2005. 40 Gutiérrez Samanez, 2023. ciudad. Esta obra busca comprender los cambios y continuidades de las expresiones culturales, tanto materiales como inmateriales, y brinda una valiosa contribución al conocimiento de la historia y la cultura cusqueñas.41 Ante estas experiencias municipales, es importante destacar que el mejor trabajo editorial sobre la historia de Wanchaq fue publicado hace algunos años. Esta obra reúne, de forma interdisciplinaria, a profesionales de la antropología, la historia, la arqueología y otras disciplinas, quienes, a través de sus metodologías, exploran diversos aspectos del distrito. Desde su remoto origen fundacional, pasando por la dinámica colonial centrada en las haciendas, hasta su tránsito republicano como un nuevo espacio para proyectos urbanos reformadores, el libro ofrece una visión integral de Wanchaq.42 Sin duda, se trata de un libro valioso y el principal referente compilatorio sobre la historia wanchina hasta la fecha. No obstante, debido a las múltiples perspectivas sobre el pasado y a la aparición de nuevas fuentes archivísticas, resulta fundamental continuar con las investigaciones y producciones editoriales. A pesar de su relativa juventud, Wanchaq merece una atención académica y cultural sostenida. Su creación política, en el contexto de la reconstrucción del Cusco tras el terremoto de 1950, evidencia su vínculo fundamental con la historia de la ciudad. En tal sentido, el presente libro sobre la historia del distrito de Wanchaq se justifica en tres aspectos fundamentales: relevancia social, argumentación histórica y valor metodológico. En primer lugar, el libro resultante de esta investigación se constituirá en un material bibliográfico de consulta imprescindible para la población wanchina, la comunidad cusqueña, el ámbito académico y el público en general. Este alcance le otorga un impacto cultural de gran relevancia social. En cuanto a la argumentación histórica, esta pone en evidencia la cualidad histórica del distrito; es decir, a partir de las pruebas presentadas, Wanchaq contará con evidencias científicas que le conferirán una historicidad verificable en el tiempo. Esto, a su vez, permitirá que el distrito se beneficie como un núcleo contemporáneo que acoge nuevas contribuciones a la identidad cusqueña, el progreso y el desarrollo. Por último, el valor metodológico del presente libro radica en su contribución a la cultura local y regional mediante la recopilación y presentación de fuentes históricas para su análisis. Esta justificación es clave, ya que permite registrar dichas fuentes, de modo que, en un futuro cercano, funcionarios, vecinos de Wanchaq y público en general puedan constatar, in situ, las evidencias históricas que refuerzan la identidad y el sentido de pertenencia de la población. Por otro lado, el objetivo principal del libro es reconstruir detalladamente el tránsito histórico del distrito de Wanchaq a lo largo del tiempo. Además de ofrecer descripciones y análisis, buscamos determinar las causas que llevaron a su creación política en la década de 1950, examinar las transformaciones sociales y culturales que se produjeron tras dicho proceso e identificar sus repercusiones en los ámbitos del progreso y la modernidad. Con los objetivos claramente definidos, sostenemos que el proceso histórico del distrito de Wanchaq se inscribe en una dinámica de larga duración. Aunque su creación política se formalizó en 1955, su trayectoria histórica antecede de manera amplia a esta fecha, pues reconoce un pasado prehispánico, colonial y republicano. Sin embargo, es durante su integración republicana en la segunda mitad del siglo xx cuando Wanchaq se incorpora de manera efectiva al proceso de modernización regional, consolidándose a través de la implementación de infraestructuras que fortalecieron su estructura política, social y cultural, lo que benefició tanto a la comunidad wanchina como a la sociedad cusqueña en su conjunto. 41 Valer Ramírez et al., 2021. 42 Municipalidad Distrital de Wanchaq, 2018.
Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 24 | 25 | Asimismo, sostenemos que la creación política del distrito de Wanchaq en la década de 1950 respondió a múltiples causas interrelacionadas. En primer lugar, el crecimiento demográfico de la ciudad del Cusco generó una creciente demanda de viviendas en el centro urbano, lo que fomentó la conformación de barrios obreros en la periferia. A ello se sumó la crisis económica y social desencadenada por el terremoto de 1950, que reafirmó esta necesidad y propició la movilización de sectores obreros y de parte de la clase media hacia la fundación del denominado Nuevo Cusco en los antiguos fundos rurales que hoy conforman el distrito de Wanchaq. Por último, sostenemos que las transformaciones y repercusiones sociales y culturales derivadas de la creación del distrito de Wanchaq están estrechamente vinculadas a los discursos y prácticas de sus líderes políticos y técnicos con capacidad de incidencia sobre las políticas gubernamentales. Tras su reconocimiento como distrito, los antiguos espacios rurales fueron rápidamente reconfigurados para dar paso a un proceso de urbanización orientado a la habilitación de viviendas destinadas a los nuevos sectores sociales que protagonizaron este cambio. Dichas transformaciones se inscribieron en los paradigmas de progreso y modernidad que tanto las élites como la ciudadanía promovían. Sus repercusiones se manifestaron en dos dimensiones: en el ámbito material, a través de una expansión de la infraestructura, que incluyó la consolidación de barrios urbanizados y la implementación de servicios básicos como agua, alcantarillado, electricidad, telefonía, mercados, hospitales y espacios deportivos; y en el ámbito inmaterial y cultural, mediante la construcción de nuevas identidades colectivas que fomentaron el sentido de pertenencia, expresado en manifestaciones como las kermeses, los carnavales y las prácticas deportivas. Las fuentes primarias utilizadas en el presente libro incluyen documentos extraídos de los protocolos notariales del Archivo Regional del Cusco, así como registros administrativos y de gestión del Concejo Provincial ubicados en el Archivo Histórico de la Biblioteca Municipal del Cusco. Asimismo, la investigación se sustenta en un importante corpus hemerográfico de la época, en el que destacan los diarios El Comercio y El Sol (Cusco), medios que documentaron detalladamente los procesos fundacionales y la evolución política, social y cultural del distrito de Wanchaq. Además, los archivos y colecciones fotográficas constituyen una fuente metodológica clave en este estudio. Su valor visual permite contrastar el desarrollo de las obras y evaluar con mayor precisión el impacto real de estos procesos en la sociedad cusqueña. El libro se organiza en ocho partes o capítulos. Se inicia con una exploración del periodo prehispánico, destacando la presencia de los primeros habitantes, cuya evidencia se encuentra en el yacimiento arqueológico de Marcavalle. En la segunda parte se analiza la ocupación y transformación del territorio de Wanchaq durante la época colonial y los inicios de la república. A continuación, en la tercera parte se detalla el contexto sociopolítico de la ciudad del Cusco a inicios del siglo xx, mientras que en la cuarta se examina la expansión urbana y el nacimiento del barrio obrero de Wanchaq desde la década de 1930. Luego, en la quinta parte se exponen las visiones de progreso enmarcadas en el proceso de distritalización de Wanchaq en la década de 1950, y en la sexta se evidencia el impacto de los deportes y la preocupación por la infancia en Wanchaq. En la séptima parte se reconstruyen las gestiones relacionadas con obras e infraestructuras concebidas como indicios del arribo del progreso urbano y la modernidad al distrito. En la octava y última parte se sintetizan las principales obras ejecutadas por la actual gestión municipal. Finalmente, cerramos con un anexo, en el cual se incorporan los testimonios de vecinos wanchinos, una línea del tiempo documentada con los acontecimientos más relevantes en la historia de Wanchaq y un extenso dossier fotográfico que no solo permite visualizar la evolución del distrito a través de la imagen, sino que también constituye una fuente valiosa para nuevas investigaciones e interpretaciones sobre el pasado wanchino y la historia regional cusqueña. Primera Parte Los primeros habitantes del Cusco43: Wanchaq en tiempos prehispánicos El distrito de Wanchaq se ubica sobre un territorio que ha atravesado un largo proceso de ocupación prehispánica, desde las primeras manifestaciones culturales andinas hasta el apogeo del Tahuantinsuyo. El yacimiento de Marcavalle, perteneciente al Horizonte Temprano (1000 a. C.), se erige como la cuna de las sociedades ancestrales del valle del Cusco y destaca por su cerámica arcaica, su economía diversificada —sustentada en la crianza de camélidos, el cultivo de maíz y quinua, y las redes de intercambio de sal—, así como por sus conexiones con la Amazonía, la puna y el Altiplano. Este núcleo primigenio sentó las bases culturales que, posteriormente, influirían en civilizaciones como la wari y la inca. Milenios después, durante el auge del Tahuantinsuyo, el valle de Wanchaq se consolidó como un centro sagrado y administrativo, desde el cual se expandió y gobernó el Imperio. Así, este valle simboliza la continuidad histórica andina, donde las innovaciones milenarias forjaron el legado de los grandes imperios prehispánicos. Este capítulo tiene como objetivo describir la ocupación cultural del valle de Wanchaq, centrándose en dos momentos clave: el periodo de Marcavalle, el yacimiento más antiguo de la región, y la ocupación durante el auge del Imperio inca, la civilización de mayor extensión que se desarrolló en el territorio andino prehispánico. A través del estudio de Marcavalle, se busca analizar su papel como precursor cultural mediante el examen de su producción cerámica, sus redes de intercambio multiecológico y su adaptación a diversos entornos, factores que sentaron las bases para la futura integración territorial del Tahuantinsuyo. En cuanto a los incas, el análisis se enfoca en comprender cómo transformaron el valle de Wanchaq en un paisaje sagrado y administrativo recurriendo a principios de dualidad (hanan-hurin), rituales agrícolas y sistemas de comunicación como el Qhapaq Ñan, elementos que consolidaron su estructura de poder teocrático. De este modo, ambas aproximaciones permitirán comprender el origen, desarrollo y continuidad de la cultura prehispánica en el valle cusqueño, resaltando su evolución desde las primeras sociedades hasta el apogeo imperial. 1.1 Marcavalle, el primer asentamiento humano Marcavalle se erige como uno de los yacimientos arqueológicos más relevantes del Cusco, al constituir una de las primeras ocupaciones humanas documentadas en el valle del Huatanay, con una antigüedad que se remonta al año 1000 a. C. Su estudio resulta prioritario no solo por su valor histórico, sino también porque proporciona claves fundamentales para comprender el origen de las tempranas civilizaciones cusqueñas. Este sitio adquiere especial importancia al haber albergado el estilo cerámico más antiguo identificado en la región. Su análisis, además de ampliar nuestra com43 En el presente libro, se empleará la grafía Cusco —norma ortográfica actual— de manera general, reservando la variante Cuzco o Qosqo para alusiones específicas a categorías étnicas, instituciones o contextos históricos que así lo requieran, en coherencia con fuentes documentales y estudios especializados de la época abordada.
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