Historia del distrito de Wanchaq: sociedad, cultura y modernidad

Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 104 | 105 | Junto con el tránsito tradicional de peatones, la urbanización de Wanchaq comenzó a dar apertura al tráfico vehicular. Así, puso a disposición sus nuevas y amplias calles —que contrastaban con las angostas y tradicionales del centro de la ciudad— para que los empresarios del transporte público tuvieran la posibilidad de ofrecer sus servicios utilizando las avenidas Pachacútec, Huáscar y Manco Cápac.296 En realidad, no había oposición a los procesos de modernización vinculados al transporte vehicular. Sin embargo, uno de los obstáculos fue que, a causa del terremoto, avenidas como Huáscar y Garcilaso quedaron ocupadas por “inquilinos” temporales que se asentaron en las barracas. A fines de 1951, el Concejo Provincial del Cusco oficializó su desmantelamiento,297 y, con ello, los espacios de tránsito quedaron —paulatinamente— listos para el avance y desarrollo de la urbanización de Wanchaq. A dos décadas del inicio del proyecto urbanizador en Wanchaq, los cambios eran completamente notorios. Las lotizaciones trajeron consigo el compromiso de las autoridades de apostar por el desarrollo del primer barrio obrero de la ciudad. Se abrieron calles y avenidas, y se instalaron ciertos servicios básicos. No obstante, la construcción de importantes infraestructuras educativas también agregó relevancia al entorno wanchino. La inauguración (junio de 1951) de la Gran Unidad Escolar Inca Garcilaso de la Vega y del primer pabellón de la nueva ciudad universitaria de Perayoq atrajo la atención nacional. Nota. Tala de árboles en la avenida de la Cultura, a la altura del paradero Amauta. Fotografía anónima, década de 1950. Material fotográfico digital proporcionado por Ramón Zavaleta Aleman. Ambas edificaciones estaban intersecadas por una vía que conectaba el Cusco con el vecino distrito de San Sebastián. En medio de la creación de calles y avenidas para el transporte, el Concejo Provincial del Cusco denominó a dicha vía como la avenida de la Cultura. Esta avenida —que en la actualidad funciona como límite entre los distritos de Wanchaq y el Cusco— era conocida tradicionalmente como Camino a San Sebastián. Más adelante, en 1922, gracias a la labor del prefecto César Landázuri —quien ornamentó el trayecto con árboles—, pasó a llamarse avenida Landázuri. No obstante, debido a la aparición de nuevas infraestructuras dedicadas a la ciencia y la educación, el concejo decidió rebautizarla como avenida de la Cultura.298 Estos nuevos accesos viales representaron, aunque de forma tardía, la interconectividad que el Cusco requería y constituyeron un avance significativo en su proceso de modernización. La urbanización de Wanchaq se benefició 296 Ibid. 297 El Comercio (Cusco), 7 de enero de 1952: 2. 298 El Comercio (Cusco), 11 de setiembre de 1951: 2. considerablemente de estas vías, pues, en el proceso de conectar la ciudad con otras localidades, diversos accesos fueron habilitados para facilitar el transporte público mediante la apertura de avenidas como Garcilaso, Huáscar y Pachacútec. Nota. El chachacomo. “El viajero que entra al Cuzco por el camino carretero o antiguo Chinchay-Suyo [sic], encuentrase a pocas cuadras antes de la ciudad con un robusto y milenario árbol, el chachacoma [sic]”. De Ccapacc Ilacctan Ccarcca. Apuntes de folklore (p. 31), por J. G. Samanez, 1924, T. Scheuch. Sin embargo, uno de los sucesos más representativos en torno a la irrupción modernizadora frente a la quietud del tiempo y la tradición fue, probablemente, el fin del recordado árbol de chachacomo en la avenida de la Cultura, como si simbolizara aquello que ya no podía ser ante lo nuevo que estaba destinado a surgir. Fue un recordatorio de que el tiempo sigue su curso, de la inaplazable necesidad de cubrir la tierra con asfalto y de enviar un mensaje claro: el Cusco se estaba reconstruyendo, se estaba “modernizando”. Sobre la irrupción de la modernización y el fin del chachacomo, la prensa local publicó una extensa nota, en la que se expresó lo siguiente: Después de varias centurias de vida, tiempo que solo los naturalistas pueden calcular y fijar, está en sus últimos días de vida el Chachacomo de la Pampa de la Pólvora. Tiene que ceder su sitio a la gesta del progreso. La renovación que se impone después del terremoto de 1950, lo ha desplazado y lo va a matar. Terminará así su lenta y penosa agonía de años y años. Árbol que cobijó en su sombra a las huestes del Inca que iban a la conquista de los Quispicanchis, de los Ccanchis, de los Kkanas, de los Chumpihuillcas, de los Ccollas; árbol que prestó su sombra acogedora a los conquistadores que se mataban entre sí tal vez antes y después de la batalla de Las Salinas que marcó el ocaso de Don Francisco de Carbajal; leñoso tronco que dio respiro al Libertador Bolívar; prestó amparo a miles de almas atormentadas por el amor y a miles y miles de transeúntes de todos los tiempos, se hundirá dentro de poco en la nada. Y de él solo el recuerdo quedará en las generaciones presentes, porque la del mañana, despreocupadas de todo lo ancestral, embebidas en la lucha por la vida, ni noticias tendrán de él. La Gran Avenida de la Cultura, la vía promisora del Cuzco tentacular del mañana inmediato, de decenas de metros de ancho, con cuádruples aceras y dos pistas dobles para automotores, necesita el amplio sitio en que vive el muchas veces centenario chachacomo, árbol único de estas tierras, que admiramos desde nuestros días infantiles, ejemplar admirable de la flora cuzqueña.

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