Historia del distrito de Wanchaq 11 | Prólogo Wanchaq: territorio, identidad y transformaciones en la cartografía histórica andina El Cusco, como capital cultural, edifica una historia en permanente construcción. Su impronta en el imaginario colectivo, dentro y fuera del Perú, está asociada a la civilización inca, el virreinato español y los albores de la independencia americana. Los 70 años de creación política del distrito de Wanchaq nos permiten develar una historia que se escribe recientemente, pero como acto reflejo del espíritu milenario de una ciudad andina que goza la atención permanente de investigadores de diferentes generaciones. Este esfuerzo editorial de la Municipalidad Distrital de Wanchaq, afortunadamente, no es un hecho aislado. En el último lustro llegaron a nuestras manos libros como Breve historia del distrito de Santiago (2023), de Julio A. Gutiérrez Samanez, y La Casa del Patrón. Documentos para la historia de la Iglesia de San Sebastián (2020), de Jorge A. Calero Flores y Mildred Fernández Palomino. Ambas publicaciones expresan una necesidad de conocimiento pormenorizado de la ciudad, haciendo palpable un patrimonio que también fomenta la afirmación de una identidad cusqueña que reconoce los territorios distritales de su memoria en el siglo xxi. Desde la floreciente cultura markavalle (1000 a. C.) hasta la promulgación de la Ley Nro. 24678, que, en 1987, oficializa el nombre de Wanchaq en reemplazo de Huanchac, el distrito habla gracias a los topónimos. Etimológicamente, wancha es una especie de rana y wachaq es quien pare, produce o procrea. Las acepciones no se contradicen si en el distrito encontramos el barrio de Ttio, que proviene de la palabra quechua ttiuyuska, que significa ‘gran cantidad de agua’, condición propicia para ranas y el cultivo de productos agrícolas. Es más, quienes vivimos en el distrito sabemos de ojos de agua en distintos puntos como Lirpuyphakcha o Lipuypaccha, que quiere decir ‘fuente que refleja’. Por ello, a Wanchaq se le conoce como el distrito jardín. Lipuypaccha, hoy el sector de San Judas, es un precioso ejemplo del devenir histórico del distrito. Fue asentamiento preinca e inca, y, posteriormente, hacienda colonial y fundo republicano. Alegres coincidencias de la vida para que estudie en el “jardín”; hacia ese punto todos los días llevo a mi pequeño hijo, quien nació en el hospital Adolfo Guevara Velasco - EsSalud, también en el distrito de Wanchaq. La historia cusqueña es un patrimonio que nos corre por las venas, pero también transita por sus calles. Es una historia que la hacemos nuestra como un mapa sentimental que nos lleva al pasado, nos permite vivir el presente y nos posibilita soñar el futuro. Uno de los barrios más conocidos es el de Marcavalle y se asentó sobre los restos arqueológicos que Manual Chávez Ballón, padre de la arqueología cusqueña, se encargó de dar a conocer como valioso antecedente de la cultura inca. Son numerosos los profesionales de las ciencias sociales que concentraron su trabajo en este espacio, y los conoceremos gracias a esta investigación. En esta orientación, el distrito fue escenario para el despliegue intelectual de figuras como John H. Rowe, Luis Barreda Murillo, Karen Mohr, Patt Lyon, Aurelio Carmona Cruz, Jorge Flores Ochoa, Luis Negrón Alonso, Alfredo Valencia Zegarra, Arminda Gibaja Oviedo y Walter Tapia Bueno. A ellos debemos sumar los
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