Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 60 | 61 | La incapacidad de la sociedad cusqueña de inicios del siglo xx para reconocer y sincerar su autopercepción étnica constituyó un obstáculo para la consolidación de su identidad social, un fenómeno que, posteriormente, el sociólogo Aníbal Quijano analizaría en relación con la categoría de lo “cholo”. Quijano argumentaba que este comportamiento —la negativa a reconocerse como mestizo o indígena— respondía al hecho de que los individuos, cuyas características étnicas se aproximaban a las indígenas, eran excluidos del grupo dominante. Más aún, dicha condición los relegaba a un sector social desposeído, subordinado y marginado de los privilegios definidos por los parámetros de la sociedad occidental.156 Este panorama —en el que el indígena fue degradado socialmente— acentuó las características de una sociedad muy estratificada, con una distribución de los beneficios ciudadanos inversamente proporcional. Desde la marcada racialización del indígena —convertido en un sujeto ajeno a la ciudadanía y casi un huésped en su propio territorio— hasta las amplias ganancias generadas por las haciendas, las fábricas y la clase política, los beneficios económicos no lograron cerrar el círculo básico de satisfacción social mediante la empleabilidad o las políticas públicas impulsadas por el Estado. 3.2 Universidad e intelectuales Ante la tradicionalidad política —ajena a la participación popular— y la marcada estratificación social, resultaba urgente un cambio de paradigma. Una de las primeras iniciativas para atender estas necesidades fue la creación del Centro Científico del Cusco (1897-1907). Sus miembros fundadores pertenecían a la élite intelectual y a la oligarquía regional, entre quienes destacaron Antonio Lorena, Manuel Montesinos, José Lucas Caparó Muñiz, Luis Robledo, Eliseo Araujo, Gavino Ugarte, Eusebio Corazao, Benjamín La Torre, Fortunato Herrera y otros. Si bien en sus inicios el centro científico se propuso abordar temas diversos —como la historia, la geografía, la estadística nacional, la inmigración, la hidrología y la colonización amazónica—,157 finalmente terminó sucumbiendo a intereses mucho más específicos y lucrativos vinculados con las actividades empresariales de sus integrantes. La llegada de mercancías provenientes de la costa, facilitada por la apertura del ferrocarril, generó preocupación entre los comerciantes locales debido al posible desbalance de precios, que, según ellos, sería desfavorable para sus negocios. Esta situación motivó al centro a desarrollar, con gran empeño, una práctica de reconocimiento geográfico de los territorios amazónicos circundantes al Cusco con el propósito de proyectar sus industrias, expandir sus comercios y afianzar la colonización de zonas hasta entonces no explotadas.158 Esta prioridad, de carácter netamente empresarial, desvirtuó las intenciones iniciales de abordar de forma académica la región cusqueña. En su lugar, los intelectuales que conformaban dicho centro —muchos de ellos catedráticos de la Universidad de San Antonio Abad— canalizaron sus esfuerzos hacia la comprensión de estos territorios, desvinculándose de la mencionada universidad, pero con una fuerte motivación orientada al progreso regional y, sobre todo, a intereses personales. Uno de los miembros del centro científico, Eliseo Araujo —estrechamente vinculado al civilismo—, fue diputado por el Cusco en varias ocasiones, fiscal de la Corte Superior de Justicia del Cusco159 y rector de la Universidad de San 156 Quijano, 1980. 157 Centro Científico del Cuzco, 1898. 158 Rénique, 1980. 159 Ministerio de Justicia, Instrucción y Culto, 1902: 34. Antonio Abad entre 1896 y 1909. Durante las postrimerías de su rectorado, Araujo fue duramente cuestionado debido a contundentes evidencias que mostraban la consolidación de dicha universidad como una institución marcada por el compadrazgo y la red de favores en beneficio del rector.160 Este cuestionamiento no era infundado, ya que la nómina universitaria mostraba una evidente relación de parentesco entre el rector y una considerable cantidad de empleados contratados y nombrados en esta universidad. Dado que la comunidad universitaria de la época era cuantitativamente reducida, resultaba llamativo que nueve catedráticos y cuatro responsables administrativos estuvieran vinculados a Araujo mediante lazos familiares y amistosos, en calidad de tíos, ahijados, compadres, primos y cuñados.161 Esta situación constituía una clara muestra del poder desplegado por Araujo y su intención de controlar la política universitaria en el Cusco. La actitud de Eliseo Araujo, aunque reconocida por su perfil organizador como burócrata, estuvo marcada por una formación anticuada, que derivó en una mentalidad limitada y autoritaria.162 Otro de los principales reclamos hacia su gestión estuvo relacionado con el manejo administrativo y académico de la universidad. A inicios de 1907, un grupo de jóvenes universitarios reformistas presentó un petitorio al rector Araujo solicitando una serie de cambios estructurales. Entre las propuestas destacaban la renovación de todas las cátedras mediante concurso, la libertad absoluta de doctrinas y la obligatoriedad de que los catedráticos impartieran sus sesiones de acuerdo con la temática programada al inicio del año académico, entre otras reformas.163 Esta coyuntura desencadenó una serie de desavenencias que hicieron irreconciliables las relaciones entre el rectorado y el sector reformista estudiantil. El enfrentamiento en la Universidad de San Antonio Abad reflejaba tensiones mayores perceptibles en el ámbito político. En realidad, había mucho en juego, ya que quien controlara la política universitaria tendría una influencia significativa en la vida pública cusqueña. Los cuestionamientos no fueron suficientes para impulsar cambios estructurales en esta universidad; era necesario adoptar medidas mucho más radicales para su consecución. En este sentido, los estudiantes, en una primera instancia, se organizaron y fundaron, el 13 de marzo de 1909, la asociación universitaria.164 Más adelante, los miembros de esta asociación, facultados legalmente para actuar en nombre de los estudiantes, llevaron a cabo una huelga universitaria que, con el tiempo, significaría el debilitamiento de la política civilista conservadora en el Cusco, el ascenso de una nueva generación de jóvenes intelectuales y la primera gran reforma universitaria en el país. Un joven Luis E. Valcárcel, quien por entonces se desempeñaba como secretario de la mencionada asociación universitaria, recordaría el ambiente universitario bajo el rectorado de Eliseo Araujo: La Universidad cusqueña era aún una institución colonial, con un cuerpo docente incompetente y rutinario, y gobernada por un grupo reducido de personajes que se repartían los cargos impidiendo el acceso de elementos jóvenes y renovadores. Imperaba el más descarado nepotismo, con un rector como el Dr. Eliseo Araujo, personaje político que había sido diputado y ejercía altas funciones como 160 Paredes, 2011. 161 Ibid., p. 82. 162 Villanueva Urteaga, 1992: 160. 163 Ibid., p. 162. 164 Aparicio Vega, 2012.
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