Historia del distrito de Wanchaq: sociedad, cultura y modernidad

Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 68 | 69 | 3.4 La naciente industria turística Desde que la arqueología comenzó a adquirir mayor relevancia a inicios del siglo xx en el Cusco, el turismo también empezó a desarrollarse en consonancia con los imaginarios arqueológicos que se fueron configurando en torno a la antigua capital de los incas. Esta situación representó una espléndida oportunidad para posicionar la cultura material indígena —a través del turismo— como algo compatible con los lineamientos modernizadores que se estaban proyectando en el país. La idea de convertir al Cusco en un destino “moderno”188 requirió ciertas herramientas —como la fotografía—, que contribuyeron a modernizar la región andina mediante los usos tecnológicos y el impacto científico-visual de lo que se buscaba representar.189 El rector Albert Giesecke, desde su llegada al Cusco en 1910, dejó clara su posición respecto a las posibilidades de la región como un destino altamente recomendable para el turismo. Los epítetos que Giesecke otorgó al Cusco, como “La Roma de América del Sur” o “Meca del turismo en toda América”,190 expresaban un deseo discursivo de convertir al Cusco en un destino predilecto. Sin embargo, este objetivo sería infructuoso si antes no se lograba diagnosticar la situación en la que se encontraba la naciente industria turística. En ese sentido, Giesecke destacó una serie de ventajas que hacían del Cusco un lugar competitivo dentro del continente para el consumo turístico, pero también resaltó, de manera indirecta, una realidad incuestionable que debía ser atendida para lograr el éxito turístico: el confort. La situación hotelera en la ciudad del Cusco lograba satisfacer, en la medida de lo posible, la demanda de un turismo que todavía no despertaba la vorágine —que surgiría poco tiempo después— respecto al consumo de esta ciudad por los trotamundos y andarines. No obstante, Giesecke avizoró este escenario y destacó la limitada capacidad de habitaciones con la que contaban, hacia la década de 1920, los hoteles del Cusco, como el Pullman —en la calle San Andrés— y, en menor medida, el Colón —en la plaza del Cabildo—.191 Esta situación fue advertida por la Peruvian Corporation Company, que, alentada por el buen negocio que podría significar invertir en hoteles en el sur andino, inauguró el Hotel Ferrocarril en el Cusco el 15 de agosto de 1928. Al respecto, una detallada crónica publicitaria divulgada por la revista ilustrada limeña Mundial, por encargo de la Peruvian Corporation, anunciaba lo siguiente sobre el Hotel Ferrocarril: Construido por la Peruvian Corporation para llenar una necesidad reclamada desde hacía mucho tiempo, el “Hotel Ferrocarril” del Cuzco ha respondido a las exigencias del turismo universal. Cuenta con dos departamentos especiales, instalaciones de baños y reservados privados. Además, tiene 18 cuartos. Su capacidad para alojamiento cómoda es de 50 personas. Todos los servicios se hacen consultando los más exigentes preceptos de la higiene. El pasajero puede tomar su baño frío o caliente a cualquier hora. Situado en la misma estación ferroviaria, lo que representa una enorme comodidad para el viajero, por tener a la mano su equipaje, el servicio telegráfico y las operaciones para su movilidad, está servido por un personal muy competente.192 188 Rice, 2021. 189 López Lenci, 2007; Cox Hall, 2020. 190 Giesecke, 1921. 191 Ibid. 192 Mundial, 31 de diciembre de 1928. El Hotel Ferrocarril brindó un nuevo semblante al Cusco en términos de confort hotelero. Sus instalaciones se convirtieron en las favoritas de las élites que llegaban a la ciudad, ya fuera por motivos turísticos o por agendas políticas y empresariales. Sin embargo, el problema del confort turístico en el Cusco no se limitaba únicamente a los servicios de hotelería, restaurantes o transporte, sino que también involucraba, en gran medida, el propio acceso a las ruinas incaicas, que, por lo general, se encontraban descuidadas. Desde la creación del Instituto Histórico del Cusco en 1913, los intelectuales cusqueños vieron la necesidad de trabajar en favor de las ruinas incaicas y su potencial para erigirse como símbolos nacionales. Esta tarea llevó al planteamiento de diversas iniciativas para consolidarlas como destinos turísticos inmediatos. El despertar de Machupicchu ante los ojos del mundo hizo que el rector Giesecke promoviera acciones para sentar las bases de un turismo cultural en el Cusco mediante una serie de reformas educativas destinadas a interiorizar la relevancia cultural de la materialidad indígena, así como a fortalecer los lazos transnacionales que consolidaran las relaciones académicas y culturales entre el Perú y Estados Unidos.193 Llevar a cabo obras integrales de limpieza, conservación y restauración de los monumentos arqueológicos estaba lejos de ser viable debido a la escasa subvención que el Gobierno solía otorgar para estas tareas. En su lugar, el rector Albert Giesecke —junto con el parlamentario cusqueño José Ángel Escalante y el catedrático Luis E. Valcárcel— trabajó para constituir un establecimiento que albergara las valiosas colecciones de antigüedades prehispánicas y funcionara como un punto referencial para el turismo cultural en el Cusco: el Museo Arqueológico de la Universidad del Cusco.194 Nota. Sección de arqueología del Museo Arqueológico de la Universidad del Cusco. Fotografía anónima (1923). Tomado de Centro y Archivo Luis E. Valcárcel. Las bases del museo estuvieron compuestas por colecciones procedentes del siglo xix, como la del cusqueño José Lucas Caparó Muñiz y la colección pública de la BibliotecaMuseo del Cusco. Ambas colecciones —junto con otras 193 Rice, 2021. 194 Loayza, 2025a.

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