Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 92 | 93 | que deberían beneficiar a un sector más amplio de la población wanchina en cuanto a los servicios de agua, desagüe y saneamiento integral de los terrenos.256 Durante el primer gobierno de Manuel Prado Ugarteche (1939-1945), el ingeniero Carlos Sutton recibió un amplio respaldo gubernamental. La gestión de Prado aprobó un proyecto de obras públicas dedicado al fortalecimiento urbano del Cusco, el cual fue denominado Plan Sutton. En palabras de la prensa cusqueña, este proyecto buscaba “resolver los problemas sanitario[s] e higiénico[s] de la ciudad para de aquí a cien años”.257 El proyecto fijó tres objetivos clave: dotar de agua potable a aproximadamente 80 000 cusqueños, canalizar los riachuelos que intersecaban gran parte del Cercado de Cusco y mejorar de manera integral los servicios en el barrio obrero de Wanchaq. El monto proyectado para llevar a cabo dicho plan fue fijado en 3 250 000 soles de oro. Esta suma nunca antes se le había asignado al Cusco para obras públicas,258 lo que daba a entender la envergadura del proyecto, el compromiso de las autoridades políticas en el seno capitalino y la capacidad de gestión de las élites locales. Nota. Avenida Tacna. Fotografía de David Salas, década de 1950. Colección fotográfica Foto Salas. La urbanización de Wanchaq necesitaba edificar, cuanto antes, espacios que cumplieran al menos con los criterios básicos que dignificaran la habitabilidad en el nuevo barrio obrero del Cusco. Contar con esta condición era vital, pues de dicho valor cualitativo dependía la percepción moderna que Wanchaq se adjudicaba, la cual servía para tomar distancia del aspecto negativo y precarizado que ocasionaba el régimen del inquilinato en el centro de la ciudad. Sobre este último punto, la prensa cusqueña —que hasta la fecha se había convertido en el principal aliado de la causa wanchina y en canalizadora de las propuestas en pos de nuevos paradigmas urbanos— cuestionaba la situación de la vivienda proletaria en el centro de la ciudad: El obrero cusqueño y su familia sigue habitando los cuartuchos polvorientos, sucios sin condiciones de aereación [sic], edificadas todavía en tiempos de la Colonia y destinados a los esclavos de aquella época, 256 El Comercio (Cusco), 10 de abril de 1940: 3. 257 El Comercio (Cusco), 15 de febrero de 1941: 1. 258 Ibid. habitaciones más que de vivienda, de reclusión y en muchas veces de castigo. Las mismas paredes, el mismo pavimento de ahora trescientos y cuatrocientos años, sirven de albergue al trabajador cuzqueño y su familia […]. Basta visitar algunas habitaciones y tiendas, si aun así pueden denominarse, de la segunda y última cuadras de la Avenida del Sol. Más que habitaciones y tiendas, tienen el aspecto de inmundos subterráneos faltos de aire y de sol y por ende plenos de ambiente malsano y de humedad espantosa que pesan en forma aplastante sobre sus ocupantes. En la calle de Méloc se dan, asimismo, tiendashabitación cuyo nivel está a más de un metro y dos de la calle. Estas viviendas, mejor ergástulas [sic], tienen solo la puerta a la vía pública para renovar el aire cargado y viciado de su interior.259 La situación precaria de la vivienda obrera no solo estaba siendo cuestionada desde un punto de vista urbano, sino que, en ese momento, se había convertido en una preocupación desde un concepto mucho más profundo, que rozaba con una crítica hacia la estructura social tradicional y la divergencia de factores coyunturales que contribuían a las brechas de desigualdad. Esto se apreciaba en la opinión pública, que, sin necesidad de complejos parámetros teóricos, dilucidó pragmáticamente la vida y la satisfacción de la sociedad cusqueña al constatar que, hacia mediados de la década de 1940, la población alcanzaba cerca de 50 000 habitantes, de la cual solo una pequeñísima porción gozaba de una vivienda digna en los pocos barrios exclusivos, como el de la avenida Pardo.260 Creemos que estas apreciaciones no fueron pronunciadas desde el resentimiento social, pues muchos de los redactores de opinión de la época pertenecían a la clase mediaalta del círculo intelectual e incluso formaban parte de la oligarquía regional. Consideramos que dicho cuestionamiento radicaba en la esencia misma de lo que conocemos como cusqueñismo, una categoría muy amplia, que abarca diversos componentes de lo social y cultural, dedicada a singularizar la experiencia vivencial del coterráneo cusqueño sobre la base de su historia y devenir, pero que también transita —o transitó— por convicciones altruistas y de reciprocidad. Lo concreto de este asunto fue buscar la mayor satisfacción social posible. Ante balances negativos y coyunturas complicadas, una buena noticia se esparció por la ciudad a principios de 1944: El Porvenir, el barrio obrero, el Nuevo Cusco o, simplemente, la urbanización de Wanchaq —entre otras denominaciones— había conseguido, por fin, un importante reconocimiento oficial. La noticia fue rápidamente compartida por la prensa y pronto se empezó a reconocer a sus gestores.261 Los principales artífices de este logro fueron el diputado cusqueño Roberto Garmendia y los presidentes de la Sociedad de Lotizantes de Wanchaq, don Ramón Zavaleta y Manuel E. Cuadros. La correspondencia entre ellos se remonta a inicios de la década de 1940, motivada por el objetivo de lograr el tan ansiado reconocimiento oficial. Una de las medidas más importantes de esta sociedad de lotizantes fue nombrar, durante la presidencia de Manuel E. Cuadros, al diputado Roberto Garmendia como “personero legal” de Wanchaq, lo que le facultaba para gestionar ante las instancias del Gobierno todo lo relacionado con los intereses wanchinos.262 259 El Comercio (Cusco), 18 de marzo de 1942: 1. 260 El Comercio (Cusco), 24 de octubre de 1942: 2. 261 El Comercio (Cusco), 5 enero de 1944: 2. 262 Garmendia, 1944.
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