Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 28 | 29 | presencia de representaciones iconográficas en cerámica —como aves, vizcachas, felinos y, posiblemente, loros, zorros y monos— evidencia un conocimiento detallado de la biodiversidad circundante.50 En cuanto a los recursos vegetales, hacia el 800 a. C. se documentó el cultivo de frijol, mientras que el maíz apareció en las fases C y D (700-600 a. C.), según la secuencia cronológica establecida. Estos hallazgos, junto con la ausencia de evidencias de pesca, indican una economía mixta basada en una agricultura incipiente, complementada con recolección y caza, lo que consolida a Marcavalle como un referente en la adaptación y el manejo de recursos durante el Formativo en los Andes centrales.51 Los antiguos habitantes de Marcavalle se destacaron por su especialización en actividades económicas clave, como el salado de carnes de camélidos —técnica de conservación—, el uso de la lana, la exportación de sal y, en particular, la producción de cerámica, facilitada por la disponibilidad de arcilla en las minas de San Sebastián. Los depósitos arqueológicos evidencian una abundante producción alfarera, con diez formas básicas de vasijas identificadas: ollas, ollas de cuello, cuencos redondeados, vasijas cuadriláteras, botellas de gollete y sus combinaciones.52 El análisis petrográfico comparativo de la cerámica de Marcavalle (Cusco), Pikicallipata (Sicuani) y Qaluyo (Puno) confirmó que parte de la alfarería, aunque aparentemente local, fue distribuida en regiones distantes. Este hallazgo da cuenta de una interacción socioeconómica entre el valle del Cusco y el Altiplano durante el Formativo, lo que sugiere la existencia de redes de intercambio que trascendieron fronteras geográficas y culturales.53 Los estudios pioneros en Marcavalle han sentado las bases para que las nuevas generaciones de arqueólogos descubran evidencias que amplían nuestro conocimiento sobre este sitio. Un ejemplo de ello son los recientes hallazgos, como la evidencia botánica —chonta, quinua, maíz y molle—, que revelan un vínculo activo con la Amazonía, así como con poblaciones y cultivos de la zona quechua —valles intermedios— y yunga —pisos ecológicos bajos—, tal como ya señaló Barreda Murillo (1973). Por otro lado, la presencia de fauna altoandina en contextos domésticos, junto con una dieta rica en proteínas de origen puneño, confirma que Marcavalle mantuvo redes de intercambio con la puna, lo que le permitió acceder a recursos como camélidos silvestres y, posiblemente, sal.54 Estos hallazgos, en conjunto, refutan cualquier noción de aislamiento: la población de Marcavalle articuló un sistema de adquisición de recursos que integraba múltiples ecosistemas —desde la selva hasta las alturas andinas—, lo que evidencia una adaptación estratégica a la diversidad geográfica del sur peruano.55 Así, más que un enclave, Marcavalle funcionó como un nodo dentro de un extenso tejido socioeconómico, donde los bienes biológicos y culturales circulaban como testimonio de una interdependencia ancestral. 50 Mohr Chávez, 1982. 51 Ibid. 52 Ibid. 53 Ibid. 54 Monrroy Quiñones y Echeverría López, 2018. 55 Ibid. Otro hito reciente en la investigación de Marcavalle es la recuperación y recontextualización de dos quilcas56 —rocas con t’oqos57 o cúpulas talladas—, las cuales no solo confirman la presencia de expresiones plásticas en el sitio, sino que también abren una ventana única para explorar el arte rupestre en los Andes.58 En paralelo a estos hallazgos, el estudio de materiales cerámicos sigue enriqueciendo el debate sobre los orígenes culturales de la región. A través de una metodología rigurosa que analiza las características formales de figurinas fragmentadas —comparándolas con los patrones morfodecorativos documentados por Mohr (1981a)—, el arqueólogo Nino del Solar revalida la clasificación propuesta por Mohr Chávez y plantea tentativamente un origen vinculado a Marcavalle, destacando técnicas como el uso de relieves faciales e incisiones precisas. No obstante, la influencia de Chanapata, reflejada en similitudes estilísticas, sigue siendo un eje de discusión que no puede descartarse.59 Como parte de los estudios sobre la producción cerámica temprana en el Cusco, se desarrolló una investigación centrada en los “apliques” —elementos decorativos modelados en alto relieve— empleados por las sociedades alfareras de Marcavalle. El análisis de estos componentes reveló la existencia de un lenguaje gráfico altamente especializado, caracterizado por figurinas antropomorfas y zoomorfas de notable detalle técnico y simbolismo. Estas representaciones, que destacan por su tridimensionalidad y expresividad, constituyen una de las manifestaciones artísticas más tempranas documentadas en la región, reflejando no solo un alto grado de habilidad artesanal, sino también sistemas de creencias y estructuras sociales complejas.60 La tipificación de estos apliques permite descifrar los códigos visuales y los parámetros estéticos que guiaron la producción material en Marcavalle, ofreciendo una perspectiva sobre cómo esta sociedad articuló, a través del barro, su cosmovisión y sus vínculos con el entorno natural. Así, cada aplique trasciende su función ornamental para convertirse en un testimonio tangible de la interacción entre arte, tecnología e identidad cultural en los Andes prehispánicos. Nota. Apliques no utilitarios: olla con aplicaciones seminaturalistas. Foto por Gori-Tumi, 2018. De “Los appliqué de Marcavalle, un tipo decorativo de las sociedades alfareras tempranas del Cusco”, por G.T. Echeverría López y L. M. Monrroy Quiñones, 2022, Revista del Instituto Seminario de Historia Rural Andina, (8), p. 19. 56 Según los arqueólogos Echeverría López y Monrroy Quiñones (2019), quilca es un vocablo autóctono que designa las manifestaciones gráficas ancestrales en el Perú. Este concepto engloba todas las expresiones plásticas de carácter arqueológico, entre las que se incluye el denominado arte rupestre, elaboradas mediante técnicas reductivas —como los petroglifos— o aditivas —como los pictogramas—. 57 El término quechua t’oqo hace referencia a las estructuras conocidas comúnmente como cúpulas, las cuales consisten en cavidades u hoyos artificiales, sin función utilitaria, creados de manera intencional por el ser humano. Este fenómeno ha sido documentado etnográficamente en la región del Cusco y otras zonas del sur andino, abarcando territorios del Perú y Bolivia (Monrroy Quiñones y Echeverría López, 2018). 58 Echevarría López y Monrroy Quiñones, 2019. 59 Del Solar Velarde, 2016, 2023. 60 Echevarría López y Monrroy Quiñones, 2022.
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