Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 142 | 143 | Durante la primera mitad de la década de 1970, la itinerancia y la informalidad en el comercio de productos —a través de mercadillos temporales— constituían una preocupación para el municipio de Wanchaq, pues no solo obstaculizaban los proyectos de desarrollo urbano en el distrito, sino que también exponían constantemente a la población a condiciones insalubres debido a la proximidad de estos espacios con las aguas residuales del río Huatanay. Esta situación había generado, en más de una ocasión, brotes de infecciones y problemas de salud entre los vecinos. Ante estas dificultades, los proyectos vinculados al desarrollo de la urbanización de Ttio promovieron acciones concretas y, a través de la asociación de adjudicatarios de esa urbanización, presentaron un memorial al concejo provincial solicitando una partida presupuestal de 50 millones de soles para la ejecución de obras de gran envergadura, entre ellas la construcción del mercado de Ttio.451 Al constatar que su gestión ante el concejo provincial no produciría los resultados esperados, la Asociación de Adjudicatarios de Ttio estableció una comunicación directa con el presidente de la república, general Francisco Morales Bermúdez, a quien envió un memorial en el que exponía la urgente necesidad de contar con un mercado.452 En dicho documento se señalaba que, durante más de siete años, se había gestionado —con el respaldo de la Corporación de Reconstrucción y Fomento, y, más recientemente, del Sinamos— la asignación de una partida presupuestal significativa. Sin embargo, tras el terremoto de Áncash de 1970, estos fondos fueron reorientados para atender la emergencia generada por la catástrofe.453 Dicha asociación de adjudicatarios presentó su solicitud, respaldándola en el avance de la política de alimentación que el Gobierno de facto de Morales Bermúdez venía impulsando en la sociedad. Su intención era aprovechar dicha política e insistir en que, teniendo en cuenta su acelerado crecimiento poblacional, ninguna otra urbanización en el Cusco requería con tanta urgencia la atención del Gobierno como Ttio.454 En este contexto, el mercado debía responder —al menos en parte— a las demandas de abastecimiento, consumo y comercio de las nuevas urbanizaciones vinculadas a Ttio. Con el fin de agilizar el respaldo estatal, la mencionada asociación, consciente de que no todo dependía del Estado, decidió donar 7500 metros cuadrados de terreno para la construcción del mercado.455 En los años posteriores, se consolidaría el tan anhelado mercado de Ttio; sin embargo, continuaría siendo percibido como un modesto mercadillo.456 Su rápida adaptación a las necesidades de consumo y comercio pronto se vería desbordada por el crecimiento demográfico de las urbanizaciones adyacentes. Si bien en sus inicios el mercado de Ttio desempeñó un papel fundamental como centro de abastecimiento para las nuevas urbanizaciones, no tardaron en surgir cuestionamientos sobre su incapacidad para satisfacer plenamente las expectativas de la población wanchina.457 Como muchas otras obras de infraestructura, en los años siguientes, el mercado de Ttio fue objeto de diversas remodelaciones y reacondicionamientos con el propósito de atender las crecientes demandas de una sociedad en plena transformación. 451 El Comercio (Cusco), 6 de setiembre de 1974: 1 y 4. 452 El Comercio (Cusco), 26 de noviembre de 1975: 1. 453 El Comercio (Cusco), 26 de noviembre de 1975: 1. 454 Ibid. 455 El Comercio (Cusco), 27 de noviembre de 1975: 2. 456 El Comercio (Cusco), 4 de marzo de 1977: 1. 457 El Comercio (Cusco), 2 de junio de 1977: 1 y 4. 7.3 Salud pública, autogestión y una compañía de bomberos La preocupación por la salud y el desarrollo de la asistencia médica en el Cusco durante el siglo xx estuvo marcada por dificultades estructurales que evidenciaron la centralización del sistema de salud en el país. La Ley Nro. 8433, de 1936, que decretó el funcionamiento del seguro social obligatorio, se presentó como una solución para garantizar la cobertura de riesgos como enfermedades, maternidad, invalidez y muerte; sin embargo, su implementación en el Cusco fue tardía y deficiente, lo que generó un profundo descontento en la población y evidenció las limitaciones del Estado para articular políticas sanitarias equitativas. En 1939, la prensa cusqueña denunció que la Caja del Seguro Social había percibido importantes ingresos, pero que no habían sido destinados a la atención médica de los trabajadores de la región. El Cusco había aportado más de 147 690 soles sin recibir beneficios tangibles, lo que reflejaba una política tradicional de exclusión sistemática hacia las provincias.458 La ausencia de un hospital del Seguro Social en el Cusco no solo significaba la falta de infraestructura, sino también la negación de un derecho fundamental para la población trabajadora, sobre todo en la naciente urbanización de Wanchaq, que se había erigido como el seno de la clase trabajadora del Cusco. Este escenario muestra cómo la descentralización de los servicios de salud era más una aspiración que una realidad, lo que profundizaba la brecha entre Lima y el resto del país. La deuda de una buena gestión de la salud pública en el Cusco se inscribía en un patrón más amplio de marginación. Mientras en Lima se fortalecían las instituciones médicas, las promesas estatales en provincias quedaban en el papel. La justificación oficial se centraba en la falta de recursos, pero, en la práctica, esto evidenciaba una jerarquización en la asignación presupuestaria. Esta política discriminatoria consolidó una brecha estructural que se arrastró por mucho tiempo. La ausencia de un hospital del Seguro Social llevó a la implementación de soluciones alternativas promovidas por la comunidad y por las autoridades locales. Un ejemplo de ello fue la inauguración del puesto de asistencia social materno-infantil de Wanchaq en 1955, financiado y construido con apoyo municipal en los terrenos de la Quinta Esperanza, el cual contó inicialmente con seis habitaciones, medicamentos, instrumentos para las cesáreas y una mesa para las operaciones de urgencia.459 Este hecho demuestra que, ante la ineficacia estatal, fueron los actores locales quienes asumieron la responsabilidad de garantizar la atención médica. Sin embargo, esta “descentralización forzada” no respondía a un modelo institucional planificado, sino a la necesidad inmediata de suplir carencias estructurales. Asimismo, en 1958, la parroquia de Wanchaq implementó un servicio de asistencia médica gratuita, un esfuerzo liderado por el párroco Camilo Mora Mejía. Esta iniciativa permitió brindar la atención de emergencia a pobladores de bajos recursos y garantizó la distribución de medicamentos sin costo.460 La participación de la Iglesia en la provisión de salud revela la continua dependencia de la sociedad en instituciones no gubernamentales para acceder a derechos básicos. En ese contexto, el Rotary Club del Cusco inauguró el centro de salud de Wanchaq en 1958, lo que muestra una vez más cómo organizaciones civiles intentaron suplir las deficiencias del Estado.461 Sin embargo, el constante 458 El Comercio (Cusco), 11 de agosto de 1939: 1. 459 El Comercio (Cusco), 29 de noviembre de 1955: 6. 460 El Comercio (Cusco), 2 de marzo de 1958: 1. 461 El Comercio (Cusco), 27 de agosto de 1965: 4.
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