Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 144 | 145 | crecimiento urbano pronto generó nuevas problemáticas. Para 1966, la urbanización de Ttio enfrentaba un grave problema sanitario a causa de la contaminación del río Huatanay, lo que provocó brotes epidémicos.462 La demanda de los vecinos para la canalización del río refleja cómo las deficiencias en infraestructura básica se traducían en crisis sanitarias recurrentes. El impacto ambiental y sanitario del Huatanay no era un problema aislado, sino parte de una crisis estructural de saneamiento en el Cusco. La falta de planificación urbana y la inexistencia de redes de alcantarillado eficientes generaban focos de infección constantes. A pesar de las peticiones de los vecinos de Ttio, en 1968, la situación continuó agravándose con la proliferación de mosquitos y basurales en la ribera del Huatanay. Las autoridades locales —debido a la poca capacidad presupuestal— no lograron implementar acciones concretas para solucionar el problema. A pesar de sus reiteradas solicitudes al Gobierno central, los resultados fueron escasos, lo que resalta la persistente debilidad de la política sanitaria en la región.463 En este escenario, la ciudadanía continuó apelando a medidas autogestionarias, lo que reafirma que el desarrollo de las políticas de la salud en el Cusco es, en gran medida, una historia de la resistencia y la organización local frente a la omisión estatal. En un intento de mejorar esta situación, en febrero de 1973, la urbanización de Ttio avanzó significativamente en la concreción de un proyecto esencial para su desarrollo sanitario: la apertura de una farmacia. Esta iniciativa, impulsada por el farmacéutico Atilio Aparicio y respaldada por la comunidad, evidenciaba la carencia de infraestructura médica en la zona y la necesidad de descentralizar los servicios de salud. La Asociación de Adjudicatarios de Ttio desempeñó un papel clave en la identificación de un local adecuado y en la exigencia de la autorización correspondiente ante el Ministerio de Industria y Comercio; con ese tipo de acciones se reflejaba la capacidad organizativa del vecindario para suplir las deficiencias del Estado en la provisión de servicios básicos.464 Hasta ese momento, los residentes en Ttio debían trasladarse hasta el centro de la ciudad del Cusco para adquirir medicamentos, una dificultad que no solo representaba una molestia logística, sino que también limitaba el acceso oportuno a tratamientos médicos; este hecho afectaba de manera desproporcionada a sectores vulnerables, constantemente atacados por la insalubridad del Huatanay. La implementación de esta farmacia respondía a una necesidad práctica y simbolizaba un avance en la autonomía sanitaria del distrito, reafirmando así el papel de la comunidad en la construcción de soluciones locales ante la ausencia de políticas públicas eficaces. Sin embargo, este panorama, más allá de poner en evidencia lo complejo que fue descentralizar el acceso a la salud, también nos muestra que el Estado no cedió recursos ni autoridad, sino que dejó a su suerte a los nacientes barrios obreros y urbanizaciones, como Wanchaq. El modelo subsidiario de salud —basado en el esfuerzo comunitario— no resolvía el problema estructural; por el contrario, lo perpetuaba al no establecer soluciones definitivas. La verdadera respuesta institucional recién se dio en 1979 con la colocación de la primera piedra para la construcción del hospital del Seguro Social en el Cusco en los terrenos del antiguo aeródromo de La Pólvora.465 Este centro hospitalario fue un proyecto largamente esperado por la población. El alcalde de Wanchaq, Ing. Luis Siu Almonte, destacó la disposición del Municipio para agilizar los trámites administrativos, subrayando la trascendencia de esta obra en el fortalecimiento del sistema de salud regional. En una entrevista con El Comercio (Cusco), expresó su satisfacción 462 El Comercio (Cusco), 2 de julio de 1966: 1. 463 El Comercio (Cusco), 13 de diciembre de 1968: 1. 464 El Comercio (Cusco), 21 de febrero de 1973: 8. 465 El Comercio (Cusco), 13 de marzo de 1979: 1. por contribuir a la materialización de un hospital que sea capaz de responder a una demanda histórica del pueblo cusqueño. La ceremonia de colocación de la primera piedra contó con la participación de figuras clave, entre ellas el Dr. Adolfo Guevara Velasco, médico cusqueño cuyo nombre sería otorgado al hospital en 1986 en reconocimiento a su trayectoria.466 También asistieron José Graña Miró Quesada y Carlos Fernández, representantes de la firma constructora encargada del proyecto, lo que evidenciaba la necesidad de articular esfuerzos entre el sector público y el privado para concretar infraestructuras sanitarias de esta magnitud.467 Más allá del acto simbólico que marcaba el inicio de las obras, la edificación del hospital respondía a un problema estructural que el Cusco había enfrentado por décadas: la falta de un nosocomio de alta complejidad había limitado el acceso de la población a servicios médicos especializados, lo que obligaba a muchos pacientes a trasladarse a otras ciudades en busca de atención. La materialización de este proyecto representaba, por tanto, un intento de reducir las desigualdades en la prestación de servicios de salud en la región. No obstante, su posterior funcionamiento revelaría que la sola construcción de infraestructura médica no bastaba para garantizar un acceso equitativo a la salud, pues persistieron problemáticas relacionadas con la dotación de personal, equipamiento y administración de los recursos, perpetuando así las inequidades en el sistema sanitario cusqueño. Finalmente, el 6 de julio de 1986 se inauguró el hospital del Seguro Social Adolfo Guevara Velasco, convirtiéndose en el principal centro hospitalario de la red asistencial del Cusco y en un centro de complementación en la formación médica para las universidades locales.468 No obstante, su funcionamiento no estuvo exento de crisis. En 1990, las huelgas indefinidas, la falta de medicinas y la restricción de intervenciones quirúrgicas evidenciaron —una vez más— que la simple construcción de infraestructura no era suficiente sin un adecuado soporte administrativo y financiero.469 La historia de la gestión de la salud pública en el Cusco evidencia un patrón cíclico: ausencia de inversión, compromisos y autogestión local, tardía acción estatal y crisis recurrentes. Este modelo impactó en la salud y reflejó la precariedad estructural del modelo de desarrollo en el Perú. El caso cusqueño, evidenciado en los barrios obreros y en las primeras urbanizaciones de Wanchaq, permite reflexionar sobre la relación entre descentralización y exclusión. Mientras que en el discurso oficial la descentralización se presentaba como una estrategia de desarrollo y modernidad, en la práctica se traducía en una crisis constante por mantener a flote estos servicios. La lucha por la equidad de la salud en el Cusco fue, entonces, una lucha por la visibilización de la región en la agenda nacional. Por otra parte, en cuanto al origen y la participación de los bomberos voluntarios del Cusco, es posible afirmar que desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo de la sociedad, pues no solo garantizaron la seguridad de la población en situaciones de emergencia, sino que también representaron un modelo de civismo y servicio desinteresado. Su labor no se limitó únicamente a la extinción de incendios, ya que abarcó también la prevención de desastres, la asistencia en crisis y el apoyo en catástrofes naturales. Su existencia y evolución han sido determinantes en la consolidación de los sistemas de respuesta ante emergencias, evidenciando cómo la organización y el sentido de comunidad contribuyen a fortalecer la resiliencia urbana y social. 466 Ibid. 467 Ibid. 468 EsSalud, 5 de julio de 2019. 469 El Comercio (Cusco), 21 de agosto de 1990: 2; El Comercio (Cusco), 17 de octubre de 1990: 3.
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