Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 188 | 189 | su hermano mayor quien, dándose cuenta del peligro, regresó rápidamente y los sacó de la piscina. La piscina de Wanchaq, construida con el gran esfuerzo de los vecinos, era un punto de encuentro importante para la comunidad. Al inicio, la entrada era gratuita, pero con el tiempo se estableció un cobro de 20 céntimos para mejorar su infraestructura. Su padre, como administrador, organizaba competencias de natación con pruebas de 25 y 50 metros, en las que participaban destacados nadadores cusqueños. En aquellos años, la urbanización de Wanchaq aún carecía de servicios básicos, y la escasez de agua era un problema constante. Se luchó para instalar las primeras piletas públicas y, cuando finalmente se logró, se celebró con fiestas y actos públicos. Los vecinos del distrito eran personas comprometidas con el desarrollo de su comunidad. La construcción del primer mercado y del parque Marianito Ferro, y la creación de un puesto policial fueron logros fundamentales. La comunidad organizaba actividades —como kermeses— para recaudar fondos, con quioscos en los que se ofrecían platos típicos, juegos y música. Los vecinos más destacados —entre ellos el propio padre de Ismael— participaron activamente en la gestión del progreso de Wanchaq. La identidad wanchina se forjaba también en el deporte. Ismael recordó con orgullo que su padre fue el primer presidente del equipo de fútbol Unión Wanchina (1946), que dio origen a futuras generaciones de deportistas. En fútbol, el equipo Manco Cápac logró campeonatos en los años 1957, 1958 y 1961, y se consolidó como patrimonio deportivo del distrito. Además, el básquet y la natación contaban con representantes destacados. Otro punto importante en la memoria de Ismael era el aeropuerto Alejandro Velasco Astete. Cuando era niño, el campo de aterrizaje no tenía el tráfico aéreo de hoy, por lo que los niños de la zona lo utilizaban como cancha de fútbol en sus ratos libres. El distrito de Wanchaq se transformó con el tiempo. La expansión urbana trajo consigo la creación de nuevas urbanizaciones, como Ttio, San Borja, Magisterio y Marcavalle. Ismael recordó la construcción de colegios y la importancia de la parroquia, cuyo párroco, José Ricalde, impulsó el desarrollo de actividades juveniles, como el grupo de teatro en el que él mismo participó. Estas representaciones —algunas de corte religioso y otras cómicas— eran esperadas con entusiasmo por los vecinos. Ismael Collantes se muestra optimista respecto al futuro del distrito. Para él, Wanchaq representa esfuerzo y progreso. A pesar de los cambios, su identidad sigue viva en sus calles, en los recuerdos de su gente y en el espíritu de quienes, como su padre, trabajaron incansablemente por el desarrollo del distrito. Wanchaq, el corazón del Cusco: recuerdos de Ramiro Moreyra Portilla Ramiro Moreyra Portilla, cineasta, fotógrafo y gestor cultural, compartió con nosotros sus recuerdos sobre el distrito de Wanchaq, su evolución e identidad a lo largo de las décadas. Su testimonio nos transporta desde su infancia hasta su desarrollo profesional, siempre con un fuerte vínculo con la historia y la cultura de su entorno. Hijo de profesores apurimeños que se establecieron en el Cusco desde su adolescencia, Ramiro nació en una casona del centro histórico de la ciudad. Sus primeros años transcurrieron en esa zona entre Santiago y Vallecito de Huancaro. Su vínculo con Wanchaq se fortaleció al iniciar sus estudios superiores. En un primer momento, mientras asistía al Instituto Tecnológico Túpac Amaru, recuerda que “recorría sus calles para luego tomar el bus verde de Puquín por toda la avenida Huayruropata hasta San Sebastián”. Posteriormente, cuando en 1985 ingresó a la carrera de Arquitectura, comenzó a transitar con mayor frecuencia por el distrito, hábito que se intensificó entre 1988 y 1995, cuando, junto con su hermana Chelí y sus hermanos Lando y Fico, estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. “En esos años, la mayoría de las vías entre el óvalo y la ciudad universitaria de Perayoq eran barrizales durante la temporada de lluvias, lo que dificultaba nuestra caminata”, recuerda Ramiro. Finalmente, en 2001, cuando residía en los alrededores del templo de Santiago y esperaba el nacimiento de su primogénito —quien, al nacer, fue nombrado Cusco—, su familia adquirió una vivienda en la avenida Túpac Amaru y se establecieron de manera definitiva en Wanchaq. Al rememorar su juventud, Ramiro describe el Wanchaq de los años 80 como un distrito caracterizado por albergar los barrios más modernos del Cusco. Aunque no conserva recuerdos del antiguo aeródromo, menciona que extensas pampas se extendían en aquel lugar antes de ser ocupadas: “Fue en esta franja del antiguo aeropuerto donde se erigieron la plaza Túpac Amaru, el conjunto habitacional aledaño y otras edificaciones públicas, como el local de la Región Inka y el hospital del Seguro, símbolos del progreso urbanístico de la época”, señala Ramiro. La construcción del coliseo cerrado —conocido como la Casa de la Juventud— y del parque zonal marcó, asimismo, la modernización del distrito, consolidándolo —en palabras de Ramiro— como un enclave para el desarrollo de la capital del territorio conformado por los departamentos del Cusco, Apurímac y Madre de Dios. En los años siguientes, fue testigo de la remodelación de los barrios tradicionales de la ciudad y de “la notable ejecución, liderada por el maestro escultor y cineasta Fausto Espinoza Farfán, y la solemne inauguración del monumento al inca Pachacútec en 1992, en la zona fronteriza entre los distritos de Wanchaq y Santiago, sobre la vía que conduce al actual terminal aéreo”. Uno de los recuerdos más vívidos de Ramiro es su vínculo con el cine, una pasión que —según relata— le fue inculcada por sus padres. La familia solía frecuentar las salas cinematográficas del centro, como los cines Cusco, Garcilaso, Ollanta y, en ocasiones, el Colón; asimismo, asistían a los cines Victoria, Amauta y Aeropuerto, ubicados en Wanchaq. Estas experiencias marcaron profundamente su vida y llevaron a toda la familia a incursionar en la producción de películas. Incluso, él escribió un cuento inspirado en algunas de esas vivencias. Su amor por el cine se fortaleció aún más cuando su padre —quien inicialmente trabajó como periodista en medios escritos y locutor bilingüe en Radio Tawantinsuyo— decidió incursionar en la televisión a través del canal 4 de RTP. Según recuerda Ramiro, en la década de 1980, este canal operaba en Wanchaq, en instalaciones ubicadas dentro del coliseo cerrado, convirtiéndose en el principal centro de producción audiovisual de la ciudad. “Es así que nosotros,
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