Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 20 | 21 | destacados intelectuales locales contribuyeron combinando historia, arqueología, folclore y geografía. El objetivo era hacer accesible el Cusco para un público más diverso, interesado en explorar su enigmático pasado.15 A medida que la ciencia arqueológica ganó mayor protagonismo en los intereses literarios de la región, su institucionalización se consolidó al crearse una sección de arqueología en la Universidad Nacional de San Antonio Abad a inicios de la década de 1940. La llegada de misiones extranjeras para estudiar el núcleo político de los incas se volvió inminente. Desde entonces, los espacios que hoy conforman el distrito de Wanchaq fueron identificados como sectores de gran relevancia arqueológica. Con la llegada al Cusco del prominente arqueólogo norteamericano John H. Rowe, numerosos investigadores se vieron influenciados por sus innovadoras técnicas y metodologías, enfocadas en identificar patrones que evidenciaran un pasado preincaico. Bajo esta corriente arqueológica, el puneño Manuel Chávez Ballón emprendió estudios en la zona de Marcavalle. En 1953, se le atribuyó el descubrimiento de dicho centro arqueológico.16 Aunque en la actualidad Marcavalle es una zona urbanizada dentro del distrito de Wanchaq, en su origen sus límites abarcaban espacios mucho más amplios. Las investigaciones arqueológicas desarrolladas en la década de 1950 reconocieron su gran importancia al identificar que los habitantes de Marcavalle alcanzaron un alto grado de desarrollo político, económico y social. Cronológicamente, se les ha equiparado con las grandes sociedades occidentales de la revolución neolítica. Se concluyó, además, que Marcavalle marcó el inicio de la evolución cultural en la región del Cusco.17 Dentro de la literatura especializada en ciencias sociales y humanas, Wanchaq ha sido historiográficamente relegado. Esta desatención académica podría estar vinculada a la tardía creación política del distrito en 1955, lo que llevó a que los historiadores —fieles a su tendencia de enfocarse en periodos más remotos— mostraran escaso interés en investigar una zona que parecía limitada a la historia inmediata. Sin embargo, como ya hemos mencionado, la arqueología asumió este desafío. Manuel Chávez Ballón fue el pionero con sus estudios en Marcavalle, seguidos por importantes contribuciones de otros especialistas, como John Rowe (1956), Luis Barreda (1963), Karen Mohr (1966-1968) y Alfredo Valencia y Arminda Gibaja (1991).18 El ambiente académico de la arqueología en la segunda mitad del siglo xx, impulsado por los primeros grandes financiamientos nacionales para su estudio y difusión, generó la percepción de que muchos otros espacios del Cusco podrían ser analizados e interpretados desde esta y otras disciplinas, como la historia. Si bien esto fue cierto en varios casos, Wanchaq permaneció, en gran medida, al margen de este interés. A partir de la década de 1970, la historiografía cusqueña tuvo la oportunidad de explorar los nuevos espacios urbanos que surgieron en la ciudad. Sin embargo, prevalecieron los enfoques clásicos incanistas e indigenistas, que, desde inicios del siglo xx, seguían teniendo una fuerte influencia en los círculos intelectuales del Cusco. Esta tendencia se evidencia al revisar la producción de tesis sobre historia en la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. La mayoría de los trabajos estaban orientados hacia temas incanistas e indigenistas, como El ejército inca,19 La ganadería inca,20 El vestido 15 Sociedad de Propaganda del Sur del Perú, 1921; García Ochoa, 1922; Giesecke, 1924; García Ochoa y Giesecke, 1925; Valcárcel, 1934; Valcárcel, 1942. 16 Mohr Chávez, 1977. 17 Chávez Ballón, 1991. 18 Echevarría López y Monrroy Quiñones, 2022. 19 Yépez, 1969. 20 Aguilar, 1970. en el incanato,21 Fiesta de la purificación incaica,22 El matrimonio inca,23 La medicina incaica y su supervivencia actual24 o La justicia en la sociedad incaica.25 Mientras la historiografía cusqueña se enfocaba en reforzar los valores identitarios regionales, el escenario nacional se nutría de un fuerte impulso nacionalista proveniente del gobierno militar de Juan Velasco Alvarado (1968-1975). Las celebraciones por el sesquicentenario de la independencia del Perú (1971-1974) coincidieron con importantes cambios en la producción historiográfica nacional, marcados por la influencia de los postulados marxistas impulsados por una generación de historiadores de formación afrancesada26 y, más adelante, del “giro lingüístico” en la escritura de la historia. Ambos enfoques tuvieron un impacto significativo en la historiografía cusqueña, que comenzó a “competir” con la tradicional producción local. Como resultado, la historiografía cusqueña contemporánea terminó alineándose con la propuesta nacional de estudiar el Perú y la historia regional desde una perspectiva centrada en lo político, el republicanismo y la independencia nacional. El fuerte interés por los estudios republicanos e independentistas, sumado a las implicancias del “giro lingüístico”, propició que la historiografía cusqueña destacara nuevos autores y obras. Estos trabajos se beneficiaron de la adopción de novedosas técnicas narrativas para la escritura de la historia, lo que, junto con la producción historiográfica nacional, favoreció una mayor divulgación de dichas investigaciones.27 En este contexto, surgió una nueva generación de historiadores cusqueños y cusqueñistas residentes en la ciudad dispuestos a enfrentar estos desafíos intelectuales. La comisión del sesquicentenario convocó la participación de figuras como Horacio Villanueva Urteaga y Manuel Jesús Aparicio Vega, quienes, en representación del Cusco, colaboraron en la recopilación de documentos y estudios sobre las conspiraciones y rebeliones ocurridas entre el final del periodo virreinal y los momentos clave de la rebelión de los hermanos Angulo en el Cusco.28 Aunque Wanchaq permanecía relativamente alejado del interés historiográfico, no estuvo excluido por completo. Junto con los distritos de San Sebastián, San Jerónimo y los del Cercado, mantuvo una significativa vinculación económica y política durante las convulsionadas relaciones de inicios de la república. Estos espacios albergaban importantes fundos rurales, poblaciones indígenas y personajes notables de la ciudad. Durante los primeros años republicanos, estas relaciones evidenciaron la persistencia de las élites indígenas, que lograron mantener su identidad étnica y cultural a pesar de los cambios políticos.29 Ya en el siglo xx se observó la aparición y recomposición de una burguesía rural y urbana que tomó posesión de diversas haciendas en la región, incluidas las ubicadas en el actual distrito de Wanchaq.30 En este contexto, la historia política, social e incluso cultural comenzó a ganar terreno en la historiografía local. La activa participación cusqueña en los procesos de independencia —sus motivaciones, intereses y papel en los enfrentamientos bélicos— durante el último cuarto del siglo XI fue descrita y analizada en las obras del historiador Manuel 21 Salcedo, 1972. 22 Curie, 1972. 23 Rosell, 1974. 24 Paguada, 1974. 25 Zambrano, 1975. 26 Burga, 2005. 27 Aurell, 2004. 28 Villanueva Urteaga, 1971; Aparicio Vega, 1974a, 1974b. 29 Elward Haagsma, 2020. 30 Tamayo Herrera y Zegarra Balcázar, 2008.
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