Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 52 | 53 | Un ejemplo adicional de la transformación productiva en el valle de Wanchaq fue el surgimiento de obrajes —talleres textiles coloniales—, entre los que destacaron los de Ttiobamba y Carrasco, este último ubicado cerca del control de Arcopongo. El obraje de Ttiobamba estuvo bajo la administración del capitán Juan Jiménez Pilares y su esposa doña Petronila Carrasco,135 mientras que el de Carrasco fue heredado por don Cristóbal Quispe de doña María Cisa.136 La ubicación estratégica de estos centros productivos se fundamentaba en el aprovechamiento de los recursos hídricos: el primero utilizaba las aguas del río Huatanay, y el segundo, las del río Chunchul o Totoropaccha, que recorría la actual calle Retiro. Estos complejos productivos se integraron a la economía local cusqueña como proveedores clave de textiles y otros bienes esenciales, abasteciendo tanto a la población como a los mercados regionales circundantes al Cusco, lo que evidencia su papel en la articulación entre la explotación de recursos naturales y la demanda colonial. Aunque de menor relevancia económica en comparación con los obrajes mencionados, cabe resaltar la presencia de dos chorrillos —instalaciones hidráulicas dedicadas al lavado de fibras textiles—, que operaban en el barrio de Tullumayo o Limacpampa hacia mediados del siglo xviii. Estos espacios, propiedad de Antonio González137 y del licenciado don Lorenzo de Vera Presbítero,138 se encontraban dentro de la jurisdicción de la parroquia de San Blas y funcionaban gracias al uso de las aguas del río Tullumayo. Además del lavado de fibras textiles, es posible que en estos chorrillos se llevaran a cabo procesos artesanales como el tejido, teñido o batanado de telas, destinados al abastecimiento del mercado local cusqueño. Su funcionamiento refleja la adaptación de infraestructuras menores a las necesidades cotidianas de la población colonial, complementando así las actividades económicas de mayor escala en el valle. 2.3 Wanchaq en la temprana república. Crisis y continuidad de la estructura agraria El contexto histórico de finales del siglo xviii y comienzos del xix, marcado por la rebelión indígena liderada por Túpac Amaru II, la implementación de políticas de libre comercio y el estallido de las guerras de independencia, representó un golpe devastador para el circuito comercial del Cusco. Las guerras que pusieron fin al dominio colonial significaron la destrucción de haciendas y obrajes, lo que interrumpió las dinámicas productivas y provocó un prolongado declive de los mercados locales y regionales.139 Este proceso evidenció la convergencia de conflictos internos, transformaciones económicas globales e inestabilidad política, reconfigurando de manera irreversible las estructuras coloniales en la región andina. Esta crisis socioeconómica no debe interpretarse solo como una consecuencia del declive de los obrajes o de la industria textil, sino también como un problema estrechamente vinculado al mercado de granos. Como advirtió el intendente Benito Mata Linares en sus informes, la producción de maíz —que históricamente había sostenido a los hacendados cusqueños— experimentó una drástica caída en sus precios. Mata Linares atribuyó este fenómeno al 135 ARC. ARC. Alejo Fernández Escudero. Prot. Nro. 99, 1710, ff. 106-111. “Venta de obraje de Tiobamba del capitán Juam Ximenez Pilares y doña Petronila Carrasco”. 20 de febrero de 1712. 136 ARC. Escribanos varios. Prot. Nro. 319, 1700-1799, f. 24. “Donación de tierras en Guaynpata a las Carmelitas descalzas de Santa Teresa de Jesús”. 1723. 137 ARC. Miguel de Acuña. Prot. Nro. 3, 1764, f. 327. “Arrendamiento de un alfarfar en Arcopongo de Manuel Molinedo y Araña”.11 de agosto de 1764. 138 ARC. Domingo de Gamarra. Prot. Nro. 137, 1758-1759, ff. 59-60. “Arrendamiento de Chorillo en Limapampa de Don Lorenzo de Vera Presbytero a Don Pedro de Vera y a doña Josepha”. 2 de febrero de 1758. 139 Glave Testino, 1980; Viñuales, 2015. cambio en los patrones comerciales de los indígenas del Collao, quienes, tras la rebelión de Túpac Amaru II, dejaron de abastecerse en el Cusco y optaron por adquirir granos en otras regiones.140 El fin del dominio español no hizo más que agudizar el prolongado estancamiento económico del Cusco, al tiempo que aceleró la integración del mercado surandino a los circuitos globales. Este proceso se caracterizó por dos fenómenos interrelacionados: la masiva penetración de manufacturas británicas, que saturaron los mercados locales, y la reorientación de las rutas comerciales hacia los puertos del Pacífico, lo que marginó las redes terrestres que históricamente habían posicionado al Cusco como un nodo estratégico. Como resultado, la ciudad perdió su papel central en la articulación regional, cediendo su lugar a Arequipa, que emergió como el nuevo núcleo económico del sur andino al capitalizar su proximidad a la costa y su adaptación a los flujos mercantiles transoceánicos.141 Esta reorientación de la demanda afectó gravemente al valle de Wanchaq, cuyas haciendas y fundos, especializados en el cultivo de maíz, dependían de manera crítica de los flujos mercantiles interregionales. Los datos cuantitativos evidencian este posible declive: mientras en 1689 se registraban 37 haciendas o fundos en el valle, en 1862 solo persistían 31, cifra que se redujo a 29 hacia 1887 (véanse Tabla 2 y Tabla 3). Esta reducción paulatina de unidades productivas no reflejaría necesariamente un declive de la actividad agrícola en sí, sino más bien un proceso de concentración de la tierra, mediante el cual propiedades menores fueron absorbidas por unidades productivas más grandes. En cualquier caso, la crisis económica generada por la reconfiguración comercial, junto con factores demográficos devastadores, provocó cambios significativos en las haciendas del valle de Wanchaq, particularmente durante el siglo xix. El Cusco enfrentó dos epidemias catastróficas (1720 y 1850) que diezmaron a la población indígena de sus ocho parroquias, principal fuerza de trabajo de las haciendas. Estos elementos combinados alteraron de manera profunda la estructura productiva y la organización territorial del valle. Para finales del siglo xix, la nueva república, lejos de resolver los problemas estructurales heredados del periodo colonial, los agudizó, profundizando con ello las crisis económicas y sociales. Esta situación se refleja claramente en la matrícula de contribuciones del distrito de San Blas correspondiente al ramo del predio rústico de 1887. Este documento, que registra la relación de haciendas (véase Tabla 3), no solo evidencia la persistencia de las desigualdades en la tenencia de la tierra, sino también la continuidad de un sistema agrario frágil y de baja productividad. 140 Glave Testino, 1980. 141 Ibid.
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