Historia del distrito de Wanchaq: sociedad, cultura y modernidad

Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 190 | 191 | los Moreyra, somos considerados pioneros de la televisión cusqueña”, afirma. Gracias a este mérito, él y su padre participaron en talleres de producción audiovisual y sonora organizados por el Centro de Teleducación de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), en la dependencia de producción de la V Región de Educación, dirigida por el maestro Lucho Castro y ubicada en la avenida de la Cultura, en Wanchaq, frente a Mariscal Gamarra. Ramiro narra que, en la primera década del siglo xxi, al igual que sucedía a menor escala en su anterior vivienda, la casa de los Moreyra Portilla —en el barrio de Progreso— se convirtió en el estudio audiovisual más importante de esta parte del Perú: “Aquí hemos editado numerosos spots televisivos de emisión local y regional, videos museográficos para la Casa Garcilaso y el museo de Machupicchu, varios documentales de difusión nacional e internacional, así como, entre otras producciones, nuestra ficción En el corazón de los Andes, protagonizada por nuestro amigo, colega y maestro del teatro, Francisco León”. Actualmente, como presidente del Cine Club Cusco, Ramiro recuerda cómo su hogar en el distrito de Wanchaq recibió a personalidades de renombre mundial, como Jorge Sanjinés, Jorge Vignati, César Vivanco y Delfina Paredes, quienes llegaron en un ambiente de trabajo artístico y amistad. Según Ramiro, la identidad de la circunscripción de Wanchaq ha mantenido un equilibrio constante entre la modernidad y la tradición. “Si bien fue concebido como un espacio para el crecimiento urbano tras el terremoto de 1950, sus calles y barrios conservan un fuerte sentido de pertenencia cusqueña; no olvidemos que antes se llamaba 24 de Junio”, señala. Como evidencia de esta identidad, menciona los nombres de sus principales espacios y avenidas: Garcilaso, Túpac Amaru, Pachacútec, Manco Cápac, Micaela Bastidas, Tomasa Tito Condemayta, los Inkas y Qosqo. Asimismo, destaca que muchas viviendas presentan motivos arquitectónicos y ornamentales que celebran el pasado andino: “El barrio de Progreso es un ejemplo de inclusión y autoestima cultural, pues sus calles llevan los nombres de las trece provincias del Cusco y de algunos de sus distritos”. Ramiro también resalta la importancia de preservar la toponimia original de la avenida Thupaq Amaru, razón por la cual hizo consignar su nombre de esa manera en su documento de identidad y en los de sus hijos, respetando la denominación original en quechua. Recuerda, además, que este nombre fue rotulado en azulejos cuando la vía fue pavimentada durante la gestión del alcalde Estrada, un detalle que considera crucial para la reivindicación de la lengua ancestral, la cual él practica cotidianamente. “Wasiypiqa, Qosqo llaqtaq sonqonpi, sapa p’unchay, tukuy p’unchay, qheswa simillapin rimani”, afirma, indicando que en su hogar se comunica exclusivamente en quechua. Y añade: “En quechua converso con cualquier hablante del Cusco y del antiguo Tawantinsuyu, incluso en redes sociales. Como qosqoruna y miembro del Instituto Americano de Arte y de la Academia Mayor de la Lengua Quechua, estoy comprometido con el uso funcional del runasimi y me enorgullece que mi distrito se llame Wanchaq, tal como se dice en qheswa”. En lo que respecta a la memoria fotográfica y audiovisual de Wanchaq, Ramiro lamenta la pérdida de parte de su archivo a causa de daños en discos duros y desastres naturales. No obstante, ha publicado algunas de sus colecciones en galerías virtuales y conserva miles de fotografías y cientos de videos, que espera catalogar y digitalizar en un futuro cercano. Estos registros documentan la ciudad del Cusco desde la década de 1980 hasta los años veinte. En su documental de graduación, Tour del sol —que posteriormente fue renombrado como El tesoro de los inkas para su comercialización en siete idiomas en el ámbito turístico—, Ramiro presentó, por primera vez, un retrato audiovisual de distintas zonas de la ciudad y la vida cotidiana de sus habitantes, incluyendo el distrito de Wanchaq. Un fragmento de esta producción fue proyectado en 2024 en el Cine Club Cusco con motivo del vigésimo quinto aniversario de su realización. Al reflexionar sobre los personajes que han dejado huella en el distrito, Ramiro menciona a la familia Zavaleta y a sus propios padres, Elsa Nida y Federico, a quienes considera vecinos ejemplares y muy queridos en las dos últimas décadas. Su madre falleció en 2017, pero su padre, a sus 86 años, continúa difundiendo cultura a través de la publicación de folletos. Asimismo, recomienda conversar con otras figuras notables de Wanchaq, como sus antiguos maestros universitarios Hugo Béjar y Roberto Samanez, así como con su amigo, el pintor Adolfo Sardón, quien residió durante muchos años en la avenida Garcilaso y tuvo contacto directo con los fundadores del distrito. Ramiro destaca, además, la relevancia del salón cultural de la urbanización Progreso, un espacio que ha funcionado como punto de encuentro para diversas actividades comunitarias, incluyendo ceremonias, festividades y eventos sociales, no solo de la zona, sino de toda la ciudad. A propósito, recuerda que en una ocasión asumió el papel de director de debates durante una crisis de gobierno en la asociación vecinal, experiencia similar a la que tuvo en el Colegio de Periodistas, institución profesional ubicada en Wanchaq. Finalmente, para Ramiro Moreyra Portilla, Wanchaq no es solo un distrito, sino “el corazón del Cusco”, un concepto que ha impregnado incluso en su vida personal al nombrar así a su hija, en honor al lugar que tanto lo ha marcado. “En mi juventud, escuché al hamawt’a Faustino Espinoza Navarro afirmar que el vocablo wanchaq significa ‘triunfo supremo’, entre otras acepciones. Años después, ya como profesional, encontré la misma interpretación en la bitácora del hamawt’a Lizardo Pérez Araníbar, acompañada de un interesante gráfico explicativo. Una semana antes de su partida, mi amigo, el historiador Donato Amado Gonzales, me confirmó que tenía razón al elegir Wanchaq como nombre para mi hija, pues esa toponimia posee la misma categoría que Qosqo, con su Hanan y su Hurin”, apunta. Desde esta perspectiva, su testimonio no solo rescata la memoria de un distrito en constante evolución, sino que también evidencia el profundo vínculo de amor e identidad que lo une a su historia y a su visión del futuro.

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