Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 102 | 103 | Sin duda, estas medidas generaron grandes expectativas en la ciudad; y no era para menos, pues, después de haber tocado fondo, el único camino posible era salir del abismo a como diera lugar. Muchas figuras políticas e intelectuales participaron activamente en la reconstrucción, como el exrector de la Universidad del Cusco, Albert Giesecke, quien contribuyó mediando entre los intereses del Cusco y el Gobierno norteamericano.288 De igual forma, destacó la participación del distinguido Luis E. Valcárcel, quien por entonces residía en Lima, pero cuyo retorno al Cusco fue motivado por el terremoto para asumir la presidencia de la Comisión de Monumentos de la Reconstrucción.289 También participaron organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), que emitieron informes y brindaron asesoramiento. Finalmente, todas estas experiencias vertiginosas dieron forma a iniciativas propias, como la creación de entidades nacionales, entre las cuales estaba la Junta de Reconstrucción (1952) y, más adelante, la Corporación de Reconstrucción y Fomento del Cusco (1955). Mientras esto sucedía a nivel nacional e incluso internacional, los intereses wanchinos fueron asimilando esta coyuntura y alineándose con estas políticas. Si el Cusco “antiguo” iba a ser intervenido para repotenciar su contribución nacional, ¿dónde quedaba Wanchaq en este proceso? Es decir, si dos décadas antes ya se hablaba del aporte de Wanchaq al progreso y al desarrollo del Cusco, ¿no era ese el momento más oportuno para invertir en su desarrollo urbano, considerando el crecimiento demográfico, la crisis habitacional y una ciudad —literalmente— en ruinas? Por supuesto que sí lo era, y eso lo sabían los vecinos, los gestores y la opinión pública. Tras el terremoto, la prensa fue enfática al resaltar que, desde hacía 20 años, los gestores del barrio obrero habían sido los pioneros del proceso urbanizador, y que, luego de la catástrofe, no existía mejor oportunidad para invertir en Wanchaq. Era el futuro de la ciudad; inevitablemente, se convertiría en el Nuevo Cusco.290 Nota. Edificios públicos y viviendas destruidos tras el terremoto de 1950. Fotografía atribuida a Abraham Guillén, 1950. Centro y Archivo Luis E. Valcárcel. 288 Asensio, 2023. 289 Ibid. 290 El Comercio (Cusco), 2 de octubre de 1950: 2. 5.2 Wanchaq tras el terremoto: conversaciones con la modernidad Después del terremoto, el barrio obrero de Wanchaq se convirtió en un foco de atención en materia urbana. Sus amplios terrenos y la diligente actuación de sus gestores hicieron que sus espacios fueran imaginados como el futuro urbanístico de la ciudad. Esta visión fue rápidamente incorporada en los trabajos de gestión local. Mientras se seguían levantando escombros en la ciudad en ruinas, las autoridades miraban con mucho interés la posibilidad de utilizar ciertos terrenos en Wanchaq. El coronel Luis Ramírez Ortiz propuso usar los terrenos de Confraternidad —en el actual centro comercial del mismo nombre— para erigir un gran parque con la finalidad de embellecer la ciudad. Su ubicación resultaba estratégica, pues colindaba con la estación del ferrocarril, el Estadio Inca Garcilaso de la Vega y las avenidas El Sol y Pardo,291 puntos de referencia moderna de la época. El tránsito de vehículos motorizados fue otra de las preocupaciones de las autoridades del Cusco y de los gestores de la joven urbanización de Wanchaq. El terremoto de 1950 dio lugar a una crítica al transporte urbano, destacando que, desde la implementación del tranvía y la llegada del automóvil al Cusco en la década de 1910, poco o nada se había mejorado hasta la fecha.292 Para la época, los límites de la ciudad estaban comprendidos, de norte a sur, entre Santa Ana y el aeródromo Velasco Astete, y de este a oeste, por la calle Tres Cruces, el cementerio general y el hospital Antonio Lorena.293 El terremoto provocó la suspensión del transporte público por casi un año, lo que generó serios cuestionamientos por la demora en el desplazamiento de la población y por las graves consecuencias para la industria y el comercio local.294 Ante esta situación, la urbanización wanchina elevó un memorial firmado por 200 vecinos, en el que solicitaban al Concejo Provincial del Cusco reconsiderar una serie de disposiciones tomadas por la Oficina de Inspección de Rodaje, las cuales habían llevado al cierre temporal del tránsito vehicular. En el escrito pedían que la empresa Valdivia Hnos. —que brindaba el servicio de transporte público entre Wanchaq y el Cusco desde 1946— retomara su ruta, así como que se autorizase la entrada de una nueva empresa: Ómnibus Flores Cía. Los propios vecinos de Wanchaq argumentaban que la implementación del transporte público era un mecanismo irrefutable para el progreso de la urbanización.295 Nota. Cruce de la avenida de la Cultura con la avenida Huayna Cápac. Se aprecia un vehículo de transporte urbano con la ruta de San Pedro, Plaza de Armas y avenida de la Cultura. Fotografía anónima, ca. décadas de 1950 y 1960. Material fotográfico digital proporcionado por Ramón Zavaleta Aleman. 291 El Comercio (Cusco), 26 de julio de 1950: 2. 292 El Comercio (Cusco), 21 de febrero de 1951: 2. 293 Ibid. 294 Ibid. 295 El Comercio (Cusco), 15 de febrero de 1951: 3.
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