Historia del distrito de Wanchaq: sociedad, cultura y modernidad

Historia del distrito de Wanchaq Historia del distrito de Wanchaq 130 | 131 | El ansiado ascenso lo consiguió tras vencer al Deportivo Yucay en un partido decisivo. La victoria desató una euforia desbordante entre los aficionados presentes en las tribunas, quienes, tras el pitazo final, invadieron el campo del Estadio Garcilaso para alzar en hombros a los campeones de la segunda división.392 La emoción vivida en las tribunas fue el mejor indicador de la existencia de una ferviente fanaticada wanchina. Aprovechando este entusiasmo, el secretario del Club Manco Cápac solicitó apoyo económico a la Sociedad de Propietarios de Wanchaq, argumentando la buena proyección del equipo y sus aspiraciones de conquistar el siguiente campeonato.393 No cabe duda de que en Wanchaq despertó un espíritu deportivo que trascendió la mera práctica física, el cual se reflejó en el compromiso de las autoridades locales y de sus vecinos para su desarrollo. Tras alcanzar su distritalización, se emprendieron fructíferas gestiones que consolidaron a Wanchaq como la sede del deportismo cusqueño. Junto con el fútbol y el boxeo, muchas otras disciplinas comenzaron a ganar espacio. En 1956, el alcalde Ramón Zavaleta, junto con el gobernador distrital Eladio Benavides, destinaron parte del fondo municipal para construir canchas de básquet y vóley en los terrenos del parque infantil del distrito.394 El buen ánimo vecinal en Wanchaq también se manifestó a través de diversas iniciativas. El señor Roberto Ortega, vecino muy conocido y estimado, propuso —ante las autoridades locales reunidas en las recién inauguradas canchas de básquet y vóley— que el distrito también merecía contar con un campo de tenis, para lo cual ofreció donar diez bolsas de cemento. Su iniciativa fue respaldada de inmediato por otros vecinos wanchinos —entre ellos, Ramón Zavaleta, Ángel Linares y Germán Alatrista—, quienes también contribuyeron con la donación de bolsas de cemento y sugirieron que la construcción del campo de tenis se proyectara en una zona adyacente al parque infantil Marianito Ferro.395 El entusiasmo deportivo desplegado en Wanchaq había superado cualquier antecedente. En la práctica, la juventud wanchina seguía de cerca los avances de las obras de infraestructura deportiva y respondía activamente a su convocatoria. La Asociación Juvenil de Wanchaq, colectivo pionero en la ciudad por involucrar a la juventud en la toma de decisiones, organizó en 1956 los Juegos Deportivos de Wanchaq. El distrito estaba preparado: los espacios deportivos del parque Marianito Ferro y del Estadio Garcilaso se encontraban listos para albergar esta gran fiesta de la salud física y emocional, que congregó a 800 deportistas —hombres y mujeres— de todo el Cusco, quienes compitieron en encuentros de fútbol, básquet, vóley, ciclismo, ajedrez y ping-pong.396 El festival deportivo en Wanchaq fue todo un éxito; sin embargo, también marcó el inicio de nuevos desafíos en torno al nivel y la capacidad de su infraestructura. El crecimiento poblacional y la masificación de la práctica deportiva generaron serios cuestionamientos sobre los campos deportivos en Wanchaq: no eran suficientes y requerían una mejor implementación. La solución más viable que se propuso fue la construcción de un coliseo cerrado. 392 El Comercio (Cusco), 10 de setiembre de 1956: 6. 393 El Comercio (Cusco), 1 de abril de 1957: 7. 394 El Comercio (Cusco), 16 de marzo de 1956: 6. 395 El Comercio (Cusco), 8 de mayo de 1956: 6. 396 El Comercio (Cusco), 18 de abril de 1956: 6; El Comercio (Cusco), 30 de abril de 1956: 6. Nota. Club hípico de Wanchaq. Fotografía anónima, década de 1950. Material fotográfico digital proporcionado por Ramón Zavaleta Aleman. La prensa era consciente del crecimiento y del aporte de Wanchaq al progreso de la ciudad, al punto de afirmar que —con apenas dos años de vida distrital— ya podía competir con el Cusco metropolitano.397 Esta comparación surgió a raíz del notable avance urbano que había experimentado desde sus inicios como barrio y que, con la edificación de un coliseo cerrado, no haría más que reafirmar su desarrollo. La temprana propuesta de construir un coliseo cerrado en Wanchaq —o Luna Park, como se sugirió— fue impulsada por el alcalde Ramón Zavaleta en 1956.398 La idea inicial contemplaba edificarlo en la calle Tacna, donde los terrenos disponibles bordeaban los 4000 metros cuadrados y permitirían albergar a 6000 espectadores. Asimismo, se reafirmó que dicha infraestructura sería la más adecuada para acoger espectáculos como combates de boxeo y cachascán, proyección de películas, exhibiciones deportivas de básquet y vóley, entre otros.399 Probablemente, la construcción del Coliseo Cerrado Casa de la Juventud ha sido una de las infraestructuras más esperadas, pero también una de las más cuestionadas en Wanchaq, debido al prolongado tiempo que tomó su ejecución y a una serie de desaciertos que generaron el descontento popular. Desde el pedido inicial de don Ramón Zavaleta, transcurrieron 22 años hasta su inauguración. A lo largo de ese tiempo, se hicieron presentes diversas corporaciones, instituciones públicas y oficinas, así como el clamor popular, que impulsaron acciones en favor de su edificación. El 27 de abril de 1966 se promulgó la Ley Nro. 16113, que dispuso la adjudicación de un terreno de 10 000 metros cuadrados al Comité Departamental de Deportes del Cusco, un lote que se encontraba en una zona ocupada por el aeródromo Velasco Astete. El propósito de la adjudicación era la construcción del futuro coliseo cerrado de Wanchaq. La buena noticia que significó la promulgación de la ley pronto se convirtió en angustia y malestar a causa de la inactividad en su ejecución. La prensa local comenzó a cuestionar esta situación, resaltando la existencia de coliseos de gran envergadura en todas las regiones del Perú, excepto en el Cusco.400 Ante este panorama, el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, encabezado por el general Juan Velasco Alvarado, decidió intervenir y asumir el control 397 El Comercio (Cusco), 8 de noviembre de 1956: 3. 398 Ibid. 399 Ibid. 400 El Comercio (Cusco), 26 de febrero de 1971: 2.

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