Micaela Bastidas

Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 SARA BEATRIZ GUARDIA EDICIÓN MICAELA BASTIDAS

Sara Beatriz Guardia MICAELA BASTIDAS Primera edición, marzo 2019 Segunda edición, octubre 2021 Autores: Sara Beatriz Guardia Edgar Montiel Claudia Luna Fanny Arango-Keeth Edición © Sara Beatriz Guardia Malecón Castilla N° 106, Barranco Lima - Perú Diseño de portada: Lorenzo Osores. Cuadro de Teodoro Núñez Ureta Diagramación: Carlos Yépez Tiraje: 150 ejemplares Impresor GRÁFICA DELVI S.R.L. Dirección: Jr. Sicuani 1471-1483 – Lima 01 RUC 20294670727 Teléfonos:361-1004 / 367-1447 Octubre 2021 ISBN: 978-612-46498-5-1 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº. 2021-10960 Queda totalmente prohibida la reproducción y/o transmisión parcial o total de este libro, por procedimientos mecánicos o electrónicos incluyendo fotocopias, grabación magnética, óptica o cualesquiera otros procedimientos de acuerdo a la legislación vigente.

INDICE Presentación .............................................................................................................................. 7 Sara Beatriz Guardia. Micaela Bastidas y la Insurrección de 1780 ................................................ 9 Sara Beatriz Guardia. Directora del Centro de Estudios La Mujer en la Historia de América Latina, CEMHAL. Micaela, una herida en la memoria. La mujer relegada en el discurso histórico ................................................ 45 Edgar Montiel. Ex Jefe de Políticas Culturales de UNESCO. Micaela Bastidas, del silencio a la palabra: Autodiscurso y Representación ............................................................................. 61 Claudia Luna. Universidad Federal de Río de Janeiro. Brasil. Desde La Matria: Identidad y Representación de Micaela Bastidas Puyucagua .............................................................................97 Fanny Arango-Keeth. Mans¿eld University of Pennsylvania. Estados Unidos.

7 En el intercambio de ideas que sostuvimos durante el Simposio Internacional Las Mujeres en la Formación de los Estados Nacionales en América Latina y El Caribe, convocado por CEMHAL, que se realizó en Lima del 16 al 18 de agosto de 2017, surgió la idea de escribir sobre una de las mujeres más signi¿cativas de la historia del Perú́: Micaela Bastidas. Fue entonces que nos propusimos acercarnos a ella, desde diferentes miradas e interpretaciones. Este libro es el resultado de nuestro trabajo. Al inicio, me ocupo de la presencia de Micaela Bastidas en la Insurrección de 1780, comandada por Túpac Amaru. La función que cumplió cuando quedó al frente de la parte administrativa y política de Tungasuca, mientras Tupac Amaru avanzaba hacia el sur para extender la sublevación a las provincias altas, y pasar al altiplano y Alto Perú con el objetivo de cortar la ruta de abastecimiento al Cusco. Lo que demuestra, además de otras acciones, la importante participación que tuvo. Motivo por el cual la condenaran a muerte, con una crueldad que no tiene parangón en los anales de la historia colonial: “… siendo llevada al lugar del suplicio, donde se ajustará el garrote, cortándosela allí la lengua, e inmediatamente se la hará morir con horca, (…) Y luego será descuartizado su cuerpo, llevando la cabeza al cerro de Piccho, que será ¿jada en una picota con un tarjeta en que se leerá su delito: un brazo a Tungasuca, otro a Arequipa, y una de las piernas a Carabaya conduciéndose lo restante del cuerpo al mismo cerro de Piccho, donde será quemado con el de su marido”. En la ¿gura de Micaela Bastidas – escribe Edgar Montiel - se ejempli¿ca cómo la historia y la memoria registra, sesga o silencia, la conducta de una mujer de excepción. Ciertamente que existe un amplio registro historiográ¿co de Micaela en su papel de esposa de José Gabriel Túpac Amaru, pero se pondera poco su liderazgo propio y capacidad de mando, su sentido estratégico para aconsejar los movimientos a efectuar, su PRESENTACIÓN

8 conciencia de la Justicia que movía la rebelión -convicción que trasmitió a sus hijos, familiares y vecinos- y se evade conscientemente recordar los tormentos extremos que tuvo que soportar, pues es una herida en la memoria de América. Claudia Luna establece una comparación entre autodiscurso, testimonio y representación de Micaela Bastidas. Una importante reÀexión en torno a sus cartas y órdenes, y el rol de quienes las copiaron y tradujeron. Estudia el texto de su Confesión, redactada por el Juez Mata Linares, al que considera un ejemplo de Testimonio Inmediado utilizando para ello las reÀexiones sobre testimonio y poder de Lienhard, Sklodovska, y otros. Así mismo, analiza la presentación actual de Micaela a través de su recreación en la biografía novelada Micaela Bastidas, la precursora, y en la “narrativa de extracción histórica” Habla Micaela. Fanny Arango-Keeth, traza la construcción de la identidad revolucionaria de Micaela Bastidas en forma diacrónica. Es decir, cómo se ha ido construyendo su representación desde el siglo XIX hasta la fecha. El corpus de su estudio apunta a saber si es posible reconocer una historia escrita desde la visión de la matria. Sara Beatriz Guardia Lima, 24 de febrero, 2019

9 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 Sara Beatriz Guardia Directora del Centro de Estudios La Mujer en la Historia de América Latina - CEMHAL Aproximarse a la vida de Micaela Bastidas y seguir las huellas de su lucha contra el dominio español, signi¿ca reformular las categorías del análisis sociocultural y rescribir la historia con nuevos modelos interpretativos. Una reconstrucción que examine la hegemonía del concepto eurocéntrico, que concibe a Europa como el centro, y “al sistema de valores de la cultura europea como el genuino sistema de valores universales”1. En esa perspectiva, el término “descubrimiento” implica aceptar que antes de la llegada de los españoles no existió ninguna cultura en América Latina cuando en realidad se trató de un violento encuentro entre dos mundos diferentes. Se trata, también, de la reconstrucción de una historia donde la presencia de las mujeres ha sido borrada, ignorada, minimizada2. Una historia fundada en personajes de la elite, batallas y tratados políticos, escrita por hombres en su mayoría de clases y pueblos dominantes que interpretaron los distintos procesos y experiencias que ha seguido la humanidad de acuerdo con la división de lo privado y lo público que articula las sociedades jerarquizadas, en la cual los hombres aparecen como los únicos capaces de gobernar y dictar leyes, mientras las 1 José Ramón Fabelo. “La ruptura cosmovisiva de 1492 y el nacimiento del discurso eurocéntrico”. Puebla, 2007, p.79. 2 Michelle Perrot. “Escribir la historia de las mujeres: una experiencia francesa”, p. 71.

10 Sara Beatriz Guardia mujeres ocupan un lugar secundario, en el espacio privado y alejadas de los grandes acontecimientos sociales3. Solo a partir del desarrollo de la etnohistoria andina, que signi¿co un intento sistemático por explicar el pasado de estas sociedades, cambió la visión que se tenía de la organización prehispánica, y de los términos de reciprocidad y redistribución en la organización económica del Estado inca4. El principio de dualidad empezó a ser utilizado por los historiadores en nuevas lecturas de los documentos españoles para intentar comprender la organización social y política andina, con su propia lógica, la existencia de una noción ritualizada del espacio5; categorías, y mecanismos de resistencia y sobrevivencia. Mientras que en la década de 1980, el reconocimiento de un campo histórico femenino cobró impulso en América Latina. En 1985, Asunción Lavrin publicó Las mujeres latinoamericanas. Perspectivas históricas (1985), obra que marcó una etapa en los estudios de la historiografía de las mujeres. También en 1985, apareció en el Perú la primera edición de mi libro: Mujeres peruanas. El otro lado de la historia, que actualmente está en la quinta edición. Poco después, en 1986, se impartió el primer curso de Historia Social de la Mujer en México en la Universidad Nacional Autónoma de México. Es desde esta reconstrucción de la historia que nos acercaremos a la vida de Micaela Bastidas. La Conquista Aunque los cronistas sostuvieron que la conquista tuvo un objetivo evangelizador, lo cierto es que por encima de las plegarias el factor económico fue preponderante. Por entonces, España atravesaba una grave crisis que culmina en 1593, cuando Felipe II se declara en quiebra a pesar del cuantioso botín que obtenía de sus lejanas posesiones coloniales6, cinco años después de la derrota de su Armada Invencible. 3 Eric Hobsbawn. “El hombre y la mujer: imágenes a la izquierda”, p. 17. 4 Rowe, “Probanza de los Incas nietos de conquistadores”, 1985. / Murra, Formaciones económicas y políticas del mundo andino, 1975. 5 Tom Zuidema, El sistema de Ceques del Cusco, 1972. 6 En el Archivo de Indias consta que entre 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.

11 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 En este contexto, la explotación de los indígenas a través de rígidas formas de subyugación: mita7, obrajes, repartimientos y encomiendas8, produjo el ingreso más importante del presupuesto español, a la par que jugó un papel relevante en la construcción de la nueva sociedad. El tributo que debían pagar obligatoriamente los indios a España se convirtió en instrumento de maltratos y atropellos, al grado que la Corona se vio obligada a reglamentarlo para así detener la acción de los Corregidores, crueles ejecutores de un sistema de sujeción que no tiene analogía en las crónicas del dominio colonial. La crítica más consistente a este sistema de explotación provino de Fray Bartolomé de Las Casas en su obra: Brevísima relación y destrucción de las Indias, que data de 1552, claro alegato en defensa de los indígenas por lo que fue atacado. Fray Toribio Motolinía escribió en su contra “Carta al emperador”, en Tlaxcala, el 2 de enero de 1555, y el 16 de marzo de 1571, apareció en el Perú un documento anónimo conocido como Parecer de Yucay, con la ¿nalidad de demostrar la ilegitimidad de los Incas y la legitimidad de los reyes de España en el Perú, desmintiendo “la falsedad de la opinión del padre Las Casas”, que había “causado gran daño”. Para lo cual esgrimió cuatro razones: los Incas fueron tiranos; construyeron el imperio a su antojo; antes de los Incas no hubo nada; y los indios vivían en gran confusión. Así, el papa Alejandro VI premió al rey de España por su lucha contra el dominio árabe, y le otorgó en propiedad los reinos del Perú, “reinos tan ricos de oro y plata y perlas y piedras preciosas”9. El Parecer legitimó la reforma política del virrey Toledo e intentó desautorizar la propuesta del padre Las Casas a¿rmada en el derecho natural, el derecho humano y el derecho divino de la evangelización. 7 Mita, trabajo forzado impuesto a los indios entre 18 y 50 años, orientado a las minas y a la construcción de caminos. Los obrajes fueron centros de manufactura de textiles en los que trabajaban indígenas. Los repartimientos, trabajos temporales de los indios en obras públicas al servicio de la administración colonial. 8 El encomendero debía instruir a los indios en la fe católica mediante un sacerdote llamado doctrinero, a cambio de lo cual estaban obligados a pagar tributo o realizar un trabajo. 9 Isacio Pérez Fernández O.P. El anónimo de Yucay frente a Bartolomé de Las Casas. Cusco, 1995, p. 118.

12 Sara Beatriz Guardia Esto permitió ejecutar al Inca Tupac Amaru por el delito de ser el último Inca, ordenar el sistema administrativo del virreinato, y crear la mita a ¿n de proveer mano de obra a las minas de Potosí (plata) y de Huancavelica (azogue). También se estableció el Tribunal de la Santa Inquisición el 25 de enero de 1569, que contó con el apoyo de Francisco de Ávila, vicario de las provincias de Huarochirí, y encargado de dirigir la primera campaña de extirpación de las idolatrías. En su libro Tratado de los Evangelios, Francisco de Ávila evoca con orgullo las virtudes de su tarea evangelizadora: “¿Yo propio no saqué más de treinta mil ídolos por mis manos […] y quemé más de tres mil cuerpos de difuntos que adoraban?”10. También fray Buenaventura de Salinas y Córdova, denunció una política de intensa explotación de los indios en el cumplimiento de “una múltiple y dura carga para con el colonizador, el Estado y la Iglesia”11; en Memorias de las Historias del Nuevo Mundo, describe las condiciones infrahumanas en las que vivían los mitayos al relatar el caso de un indio cuya mujer presa de la desesperación se había suicidado después de ahorcar a sus hijos ante la amenaza de que los llevaran a las minas. Este no es un hecho aislado, agrega Buenaventura Salinas, porque “lo mismo hacen las madres, que en pariendo varones los ahogan” para evitarles el destino de la mita. Abundan los testimonios del exterminio de los indios. El párroco de Alonso Ocón Álvarez, re¿riéndose a los graves daños que producían las mitas de Huancavelica y Caylloma, sostuvo que de mil indios tributarios “no quedaban más de 80”, y cuando sus tierras estuvieron abandonadas “el visitador don Diego Camaño las vendió en nombre del rey…”12. Otro párroco, Francisco Romero, denunció que los corregidores llegaban al extremo de “hacer tejer sin descanso a las mujeres, retribuyéndolas con míseras propinas o con nada…”13. Agrega otro sacerdote que se las obligaba a “tejer todo el año mucha ropa para enviarla a Potosí pagando su trabajo en tabaco, cintas y otros géneros de que no necesitan para su alivio”. Incluso el párroco Bernardo de Cela Colmenero, sostuvo 10 Citado en: Teodoro Hampe Martínez. Cultura Barroca y extirpación de idolatrías. La Biblioteca de Francisco de Ávila – 1648. Cusco, 1996, pp. 13-14. 11 Fray Buenaventura de Salinas y Córdova. Memorial de las Historias del Nuevo Mundo. Lima, Volumen I. 1957. 12 Ibídem, p. 10. 13 Ibídem, p. 16.

13 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 que era imposible que el rey conociera “el miserable estado en que se hallan los indios”, y consideró “oportuna la ocasión para signi¿car el dolor con que miro las opresiones que padecen estos miserables por sus corregidores y curacas”14. Un documento titulado “Presentación de la ciudad del Cusco en el año de 1768, sobre excesos de corregidores y curas”15, señala que el abuso cometido por los españoles contra los indios era de tal envergadura que el informante hispano no vacila en decirle al Rey que “será preciso apartar la cordura para referirle con claridad que haga ver con cuánta inhumana impiedad proceden unos hombres cristianos que, olvidados de su carácter y de toda su razón política, no tendrán semejantes en las menos incultas naciones”16. La muerte de centenares de miles de indios en el cumplimiento de una múltiple y dura carga para con el colonizador, el Estado y la Iglesia diezmó la población al grado que el cronista español Cieza de León llega a decir que: “todos los más de estos valles están casi desiertos habiendo sido en lo pasado tan poblados como muchos saben”17. Sublevaciones y resistencia Son numerosos los levantamientos que el sistema de dominación colonial produjo desde los primeros años de la conquista. La sublevación de Manco Inca en 1538, comprendió el sitio al Cusco y a Lima, y la segunda etapa principalmente de resistencia en Vilcabamba, período que coincide con las guerras civiles entre los españoles hasta 1548. Posteriormente en la década de 1600 estalló la violencia en las ricas minas de Laicacota, en Puno18. Pero es a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, coincidiendo con la crisis del Virreinato del Perú, que las protestas se suceden de manera constante. Las Reformas Borbónicas adoptadas por los monarcas de la Casa de Borbón a su llegada al poder en 1700, comprendieron además de medidas administrativas, también 14 Ibídem, p. 208. 15 La Rebelión de Tupac Amaru. Colección Documental de la Independencia del Perú. Tomo II. Volumen I, 1971. (En adelante CDIP). 16 La Rebelión, CDIP. Volumen I, p. 4. 17 José Bonilla. La revolución de Tupac Amaru. Lima, 1971, p. 46. 18 Norman Meiklejohn. La Iglesia y los Lupaqas de Chucuito durante la colonia. Cusco, 1988, p. 32.

14 Sara Beatriz Guardia militares y defensivas ante la amenaza inglesa. En esas circunstancias, el Virreinato del Perú perdió el control de territorios con la creación del Virreinato de Nueva Granada (1739), y el Virreinato del Río de la Plata (1776)19. Sin embargo, continuó siendo la más importante de las posesiones coloniales de España. La presencia de las mujeres no está registrada en estos levantamientos. Sin embargo, su lucha por el derecho a la tierra y a ser consideras cacicas aparece en los juicios e investigaciones de la campaña de extirpación de idolatrías que registraron la voz de las autoridades eclesiásticas españolas y la de los indígenas acusados; así como en títulos de tierras, partidas de matrimonio y bautizo que documentan la persistencia de los patrones andinos de parentesco. En el Archivo Regional del Cusco en legajos de causas civiles del Cabildo, ¿guran varias cacicas propietarias de tierras aptas para entablar juicios, como por ejemplo en 1712, el reclamo de “doña Ursula Martina Ñusta cacica y gobernadora de la villa de Anta viuda de don Lorenzo Poma Inga, cacique principal y gobernador que fue de dicha villa, tutora y curadora de don Pedro Julián Poma Inga, su hijo legítimo y don Mateo Quispe Guamán, (…) sobre la posesión de las tierras (…) y los títulos de los terrenos de la comunidad en Soncco Hanansaya y Urinsaya en Anta”20. A ¿nes de mayo de 1742, en las misiones franciscanas de la ceja de selva de los actuales departamentos de Junín y de Pasco, estalló un movimiento autonomista liderado por Juan Santos Atahualpa que durante diez años fustigó a los españoles con ataques sorpresivos desde el sur andino, un área periférica a los intereses del virreinato. En 1750 se develó en la ciudad de Lima una conspiración de artesanos mestizos e indios. En 1773, la contienda se extendió al norte del Perú a través de motines y revueltas. Tres años después, en 1776, los recaudadores de impuestos se vieron obligados a recurrir al apoyo de las milicias, y en 1777, se produjo una rebelión en la provincia de Urubamba en la que tomaron parte indígenas, criollos y mestizos. Tal es el clima de agitación social 19 Actuales repúblicas de Ecuador y Colombia; la separación de Bolivia, Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile. 20 Decoster - Mendoza. Ylustre Consejo, Justicia y Regimiento. Catálogo del Fondo Cabildo del Cusco (Causas civiles). Cusco, 2001, p. 61.

15 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 que precede la más importante y trascendental rebelión indígena de América Latina comandada por José Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru y Micaela Bastidas. Rebelión que puede interpretarse como la continuación de protestas mesiánicas y nativistas, lo que permite conectar “el movimiento de Juan Santos Atahualpa con el de Tupac Amaru, ya que ambos dirigentes emergieron como líderes mesiánicos21. Tupac Amaru y Micaela Bastidas Joseph Gabriel Condorcanqui Tupac Amaro nació el 19 de marzo de 1741, en el pueblo de Surimana, distrito de Tungasuca, Provincia de Canas, Cusco. Era el segundo hijo de Miguel Tupa Amaro, gobernador del pueblo de Surimana y de Rosa Noguera22, descendiente de Manco Inca y bisnieta del Inca Huayna Cápac. “Señores que fueron de estos reinos”23, como dice el propio José Gabriel. A la muerte de su hermano mayor Clemente, heredó el Cacicazgo de los Túpac Amaru, cuyas tierras se extendían por los pueblos de Pampamarca, Surimana y Tungasuca, en la provincia de Tinta. El 5 de octubre de 1766, como consta en varios documentos de la época, inició una serie de trámites para formalizar dicha posesión. Pero descender de los últimos soberanos del Imperio Incaico no era una cuestión que se limitaba a hacer válidos los títulos y pertenencias ante la ley de los conquistadores. El Inca, era el hijo del Sol, y su sola presencia causaba una profunda emoción colectiva. Cuenta el historiador inglés Clemente Markham que cuando el último Inca Túpac Amaru, fue ejecutado en 1572 en la Plaza Mayor del Cusco por el Virrey Francisco de Toledo, su cabeza quedó clavada en un palo para que sirviera de escarmiento. En la noche, los españoles contemplaron sorprendidos cómo una multitud de indios de rodillas veneraba a su Inca muerto. De esta adoración y de la esperanza surgió el mito de Incarrí, el hijo del Sol que un día uniría sus miembros enterrados en diferentes lugares y volvería para poner ¿n a la explotación: 21 Scarlett O’phelan. La gran rebelión de los Andes, 1995, p.15. 22 Según la partida de defunción de Rosa Noguera, la madre de José Gabriel murió el 11 de octubre de 1741, a la edad de 30 años. Dejó dos hijos: Clemente y Joseph Gabriel. La Rebelión, CDIP, Volumen 2°, p. 18. 23 La Rebelión, CDIP, Volumen 2°, p.40.

16 Sara Beatriz Guardia “El Inca de los españoles apresó a Inkarrí su igual. No sabemos dónde. Dicen que sólo la cabeza de Inkarrí existe. Desde la cabeza está creciendo hacia dentro; dicen que está creciendo hacia los pies. Entonces volverá, Inkarrí, cuando esté completo su cuerpo. No ha regresado hasta ahora. Ha de volver. Ha de volver a nosotros, si Dios da su asentimiento. Pero no sabemos, dicen, si Dios ha de convenir en que vuelva”24. En cambio, Micaela Bastidas Puyucahua, descendía de una familia pobre y sin ningún rango. Nació el 23 de junio de 1744 en el pueblo de Pampamarca de la provincia de Tinta, aunque según Boleslao Lewin, su nacimiento tuvo lugar en Tamburco, capital del corregimiento de Abancay. Quedó huérfana de padre de muy niña y su infancia, como la de sus hermanos Antonio y Pedro, no habría sido fácil. De acuerdo con testimonios recogidos por Guillermo Miller, y transmitidos después a Clemente Markham, poseía una singular belleza. También José Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru, quedó huérfano en la infancia y fueron sus preceptores los que cumplieron la tarea de impartirle la educación que correspondía a su rango de Cacique. Le enseñó a leer el párroco de Pampamarca, Antonio López de Sosa, y el de Yanaoca, Carlos Rodríguez de Ávila. A los diez años era ya alumno regular en el Colegio de Caciques de San Francisco de Borja, en el Cusco, fundado en 1620 y regentado desde entonces por los jesuitas hasta su expulsión del Perú en 1767. Según el Acta de matrimonio25, José Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru y Micaela Bastidas, se casaron en el pueblo de Surimana el 25 mayo 1760. Él tenía 19 años y ¿gura como hijo legítimo de Don Miguel Túpac Amaru y Rosa Noguera; mientras Micaela de 16 años aparece como hija natural de Manuel Bastidas y Josefa Puyucahua. El documento está ¿rmado por el sacerdote, Antonio López de Sosa, que permaneció junto a la pareja durante los más azarosos momentos de la insurrección. De esta unión nacieron tres hijos: Hipólito en 1761, Mariano en 1762 y Fernando 1768. 24 Francois Bourricaud. El Mito de Inkarrí. Lima, 1975, p. 179. 25 La Rebelión, CDIP, Tomo II. Vol. I, p. 19.

17 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 A diferencia de su marido, Micaela Bastidas nunca aprendió a leer ni a escribir, sólo ¿rmaba con su nombre, y tampoco hablaba español aunque sí lo comprendía. Los diversos trabajos que tuvo que realizar, y sobre todo la cercanía con Túpac Amaru, constituyen los elementos fundamentales de su formación. Al respecto, Juan José Vega sostiene que las frecuentes ausencias de su marido, empeñado durante años en legitimar el cacicazgo y en la ejecución de diversos trámites mercantiles y de comercio, permitieron que asumiera la administración de tierras y animales, llevar las cuentas, y el pago del salario a los peones26. Conformaron una pareja unida y preocupada por la educación de sus hijos, a quienes supieron transmitir el anhelo por la libertad y la justicia social. No es casual que contrataran maestros para su instrucción, pues así evitaban que estudiasen en el Colegio de Caciques del Cusco, orientado a preparar jóvenes sumisos a la Corona de España. Diez años antes de la insurrección, José Gabriel Túpac Amaru había iniciado ya una tenaz defensa de los indios contra el abuso de los españoles. Pero en esta etapa sólo buscaba protegerlos a través de la aplicación de las Leyes de Indias y el cambio de las malas autoridades. A la par que intentaba lograr el registro de su derecho como sucesor de los Incas. El cacicazgo de los Tupac Amaru se extendía por los pueblos de Surimana, Pampamarca y Tungasuca, en la provincia de Tinta, a orillas del camino real que conducía desde Lima a Buenos Aires. Frente a la negligencia de las autoridades de Tinta y el Cusco, viajó a Lima a mediados de 1777. Allí se relacionó con pensadores que posteriormente conformaron la Sociedad Amantes del País, cuya inÀuencia sería decisiva en su formación política. La misma Micaela lo dice: “a mi marido le abrieron los ojos en Lima” 27. Micaela Bastidas y la insurrección de 1780 El 4 de noviembre de 1780, aniversario del Rey Carlos III de España, José Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru le tendió una emboscada al temido y odiado corregidor Antonio de Arriaga, y después de obligarlo a escribir una carta dirigida a su cajero dándole instrucciones para que con todos los fondos y las armas se trasladara a Tungasuca, apresó a sus 26 Juan José Vega. Túpac Amaru y sus compañeros. Cusco, 1995, p. 287. 27 Conbreta. Procesos. Proceso a Mariano Banda. T. IV.

18 Sara Beatriz Guardia colaboradores, y el 9 de noviembre, lo ejecutó. Poco después, decretó la supresión de¿nitiva de la mita y del pago de impuestos. En el pueblo de Pomacanchi mandó abrir un importante obraje, “y en presencia de varios caciques de los pueblos vecinos que por su orden habían concluido, les dijo que su comisión se entendía no solo ahorcar cinco corregidores, sino arrasar los obrajes”28. Había empezado la más importante insurrección indígena de América Latina. Durante las dos primeras semanas de noviembre, Tupac Amaru con sus más leales capitanes, se aseguró la adhesión de varios pueblos aledaños y el 16 de noviembre promulgó el Bando de Libertad de los Esclavos. Según el “Informe del Cabildo del Cuzco”, Tupac Amaru contaba con “un ejército de 60,000 indios”29. Mientras que las tropas españolas que avanzaban hacia Sangarara, llegaron el 17 de noviembre en la noche. En la madrugada del 18 de noviembre se produjo un violento enfrentamiento, y por primera vez el ejército español se rindió ante el avance impetuoso de las tropas comandadas por Túpac Amaru. El incendio de la Iglesia sirvió de pretexto para que el Obispo de Sangarara decretase la excomunión de Tupac Amaru, “por incendiario de capillas públicas (…) por rebelde traidor al Rey, por revoltoso y a todos cuantos le den auxilio, favor y fomento”30. Consciente del poder de la Iglesia, Túpac Amaru envió inmediatamente una carta donde aseguraba que su propósito no era otro que el de luchar contra la opresión. Después de la Batalla de Sangarara surgió en las ¿las rebeldes el clamor de avanzar hacia el Cusco. Pero Túpac Amaru rechazó la idea aunque Micaela Bastidas fuera una de más convencidas. El Cusco era el centro del poder español y allí se encontraba la elite hispana rodeada de mestizos ricos que no eran precisamente adictos a la insurrección. Incluso, Tomasa Tito Condemayta, Cacica de Acos, le advirtió que la situación en la ciudad no era favorable y que su casa “había sido atacada por campesinos quechuas que empezaban a perder el control, al no diferenciar a propios de extraños”31. 28 Bonilla, ob. cit., p.142. 29 La Rebelión, CDIP, Volumen 1°, p. 120. 30 La Rebelión, CDIP, Volumen 2°, p. 275. 31 Vega, ob. cit., p. 292.

19 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 En consecuencia, Túpac Amaru decidió avanzar hacia el sur a ¿n de extender la sublevación a las provincias altas para de ahí pasar al altiplano y después al Alto Perú, y de esa manera cortar también la ruta de abastecimiento al Cusco. Fue recibido triunfalmente en los pueblos de Kanas, Acomayo, Canchis y Chumbivilcas. También en Puno y en los valles de Arequipa y Moquegua. Los primeros días de diciembre ingresó al Collao cruzando la cordillera de Vilcanota, en tanto que su primo Diego Cristóbal Túpac Amaru, avanzaba hacia las provincias situadas en la otra ribera del río Vilcomayo. En la Paz la conspiración estaba en marcha, en Oruro incluso se organizó un gobierno indocriollo, mientras los hermanos Catari iniciaban la insurrección en Chuquisaca. En el curso de estas acciones es la primera vez que se registra el nombre de Micaela Bastidas que hasta entonces solo ¿guraba como la esposa del líder rebelde. En ausencia de Túpac Amaru, asumió la dirección administrativa y política en Tungasuca. Es en este período, entre ¿nes de noviembre y ¿nes de diciembre, que su presencia empezó a per¿larse de manera de¿nitiva. Es ella quien imparte las órdenes, otorga salvoconductos, lanza edictos, dispone expediciones para reclutar gente y envía cartas a los caciques32: Pasaporte.- Todos los guardias españoles e indios, y espías puestos por orden de mi marido Don José Gabriel Túpac Amaru, darán paso franco a los que con este pase fueren, sin hacerles el más perjuicio; pena al que contraviniere esta mi orden del castigo que corresponde, y del mismo modo cuando regresen de la ciudad del Cusco para sus lugares. Tungasuca, noviembre 27 de 1780. Doña Micaela Bastidas33. No vacila en proferir amenazas en cartas dirigidas a caciques y gobernadores. De manera clara y rotunda conmina a los gobernadores, Agustín y Lucas Núñez de la Torre y Matías Canal: 32 Esta documentación se encuentra en el Archivo General de Indias de Sevilla. Sección Audiencia del Cusco; legajos 32 y 33; y Audiencia de Lima: legajos 1039 y 1040. 33 Francisco A. Loayza. Mártires y Heroínas. Lima, 1945, p. 9.

20 Sara Beatriz Guardia “También doy a vuestras mercedes noticia que en breve pasará mi marido a la ciudad del Cusco, con la correspondiente guarnición; por lo que es necesario que la gente de vuestras mercedes esté alerta, para bajar luego que corra esta noticia; y si a esto no se avienen vuestras mercedes, prometo acabarlos de plano, como lo he ejecutado con los demás. Entre tanto, Dios nuestro Señor los guarde muchos años. Tungasuca, Diciembre siete de 1780”34. No existen sutilezas ni vacilaciones en su lenguaje. Da órdenes, llama ladrones a los corregidores y apresa a quienes se niegan a obedecer a Túpac Amaru: “Dase comisión a Don Diego Berdejo para que inmediatamente pase al pueblo de Quijana, y con auxilio de aquel Común y sus Alcaldes, prenda a Francisco Sucacahua por contradictor a las órdenes de mi marido Don José Gabriel Túpac Amaru, y lo conduzca a este pueblo de Tungasuca, con buena guardia y custodia; con prevención de que pedirá auxilio a los caciques de Combapata y Checacupi, quienes igualmente pasarán al efecto, bajo de la pena de que si así no lo ejecutan, serán castigados severamente”. Tungasuca, 10 de diciembre de 178035. “Señores Gobernadores Don Baltasar Cárdenas, Don Tomás Enríquez y Don Mariano Flores. Ya habrá llegado la noticia a ustedes de cómo mi marido se halla actualmente, practicando precisas diligencias, a ¿n de tan sólo de librar este Reino de (…) los ladrones de los Corregidores, de que resultará un bene¿cio común a todo el Reino y nos veremos libres de semejantes abusos”. Tungasuca, 15 diciembre de 1780. Doña Micaela Bastidas”36. También mantuvo correspondencia con los más importantes consejeros de Túpac Amaru, aquellos que compartieron su suerte en la derrota: Diego Berdejo, Pedro Mamani, Melchor Castelo, Pedro Mendigure, Ramón Ponce, Antonio Bastidas, Andrés Castelo, Marcos de la Torre. Los sacerdotes, Pedro Juan de Luna, Domingo de Escalante, 34 Ibídem, p. 12. 35 Ibídem, p. 12. 36 Ibídem, pp. 13-14.

21 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 Carlos Rodríguez de Ávila y Gregorio de Yapes, que también fueron procesados. Y varias mujeres: Tomasa Tito Condemayta, Ángela Pacuri, Francisca Herrera, Catalina de Zalas y Pachacutti. Son cartas destinadas a informarle cuestiones puntuales; también solicitudes de justicia a través de las cuales se advierte que tenía autoridad su¿ciente para dirimir, juzgar y sentenciar. En ellas la llaman: “muy señora mía”, “muy amada hermanita mía”, “amantísima y muy señora mía”, inclusive “señora gobernadora”. En ese período también mantuvo correspondencia con su hermano Antonio Bastidas. El 7 de febrero de 1781, éste le informó con detalle las acciones que había tomado37, y le pidió que cuide de su esposa enferma. Son cartas de quien reconoce la dirección política y militar de un superior, pero también plenas de amor fraternal. Algo usual en el movimiento de Tupac Amaru donde la participación familiar fue frecuente; por ejemplo, Simón Condori dijo en su declaración haber sido autorizado a participar “por su abuela Marcela Pallocahua y su tío Diego”38. Cartas de amor y guerra Pero es en las cartas que Micaela Bastidas dirigió a Túpac Amaru donde es posible seguir el curso de la insurrección, las acciones que emprendió, su carácter, el amor que le profesó, y la desavenencia que sostuvieron respecto del avance hacia el Cusco. Es necesario tener en cuenta que estas cartas fueron dictadas por ella, pues no sabía leer ni escribir. Entre el 23 de noviembre de 1780 y el 23 de marzo de 1781, Micaela le envió 19 cartas. En ellas lo llama sencillamente: Chepe, hijo Pepe, Chepe mío, hijo Chepe mío, Chepe de mi corazón, hijo de mi corazón, amantísimo hijo de mi corazón; y ¿rma: tu Mica, tu amantísima compañera, tu amantísima esposa de corazón, tu amantísima Micaela. Del 27 de noviembre de 1780 a diciembre de ese año, Túpac Amaru le escribió ocho cartas. La llama: hija mía, hija Mica, hija; y ¿rma siempre: Tu Chepe. La primera carta de Micaela Bastidas, es del 23 de noviembre de 1780, en ella le recomienda con afecto: “Te encargo que la comida 37 La Rebelión, CDIP, Volumen 2°, pp. 485, 501, 502. 38 La Rebelión, CDIP, Volumen 1°, p. 145.

22 Sara Beatriz Guardia que tomares sea de mano de los nuestros y de más con¿anza”39. Al día siguiente le aconseja que para promover la lucha en Arequipa, “es necesario que envíes un propio seguro con los adjuntos carteles para que se enteren de su contexto; y te advierto que sea con la brevedad posible, y puedes despachar otro propio para Pachachaca a cortar el puente con la precaución correspondiente”40. Un día antes le había dirigido una carta a Bernardino Zegarra a ¿n de que noti¿que a los caciques para que no cometan agravios contra los españoles41. “Ciertamente vienen soldados de Lampa y Arequipa, en número muy considerable, y nos quieren pillar descuidados con los del Cuzco; nuestro cura se ha ido fugitivo para allá”, le escribe a Tupac Amaru el 27 de noviembre, y agrega que le preocupa la prisión de Noguera42. Está al corriente de todo lo que sucede en el gobierno de Tungasuca, también intuye la traición que más tarde se evidenciará trágicamente: Tungasuca, 26 de noviembre 1780. “No puedo menos que participarte como los Curas de Pampamarca, de Yanaoca, el Doctor Bejarano y Don Ramón Moscoso, habían solido escribir al Cusco, al Obispo, y a los demás, relatando todo lo que pasaba en casa, y del número de soldados que tenemos, despachando las cartas con el Coaqueño (…) Todo esto me tiene con bastante cuidado, ya porque estamos entre enemigos, y ya porque nos puede sobrevenir alguna traición repentina por lo que te participo para que estés advertido, como igualmente de los soldados que con bastante estruendo se van previniendo en la pampa de San Sebastián”43. En la primera carta que Túpac Amaru le escribe a Micaela Bastidas se advierte su preocupación: “Yo pasaré mañana por Velille, y hasta aquí me va bien; pues la gente de esta provincia va saliendo más leal, y en adelante espero salir lo mismo. Tener mucho cuidado con los que están en 39 Loayza, Ob. cit., p. 43. 40 Ibídem, p. 44. 41 La Rebelión, CDIP, Volumen 2°, p. 592. 42 Loayza. Ob. cit., p. 44. 43 La Rebelión, CDIP, Volumen 2°, p. 304.

23 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 casa, y dile a nuestro Figueroa que no se descuide, con tener muy prontas las armas que estén allí. Altos de Livitaca, noviembre 26 de 178044. Juan Antonio de Figueroa, a quien Tupac Amaru llama afectuosamente “nuestro Figueroa”, era un cercano colaborador del corregidor Antonio de Arriaga que tramando la traición, se alistó con los rebeldes y se encargó de los cañones; por eso en las batallas la e¿cacia de la artillería era nula. Según el Obispo Moscoso, Figueroa “dirigía los tiros con ardid, para no dañar a los ejércitos reales”45. En otra carta, probablemente del 3 de diciembre, le avisa que vienen soldados del Cusco, y le recomienda que se quede en casa con su hijo menor, y que no se olvide de los cañones46. En todas las cartas que Túpac Amaru le escribe a Micaela, la información y el mensaje es semejante a los que se dirige a un combatiente de igual rango. Son comunicaciones de guerra, con lo preciso y necesario, no existe mención que corresponda al ámbito privado, ni siquiera de los hijos, aunque Hipólito de 19 años combatía con Tupac Amaru, y Mariano de 18 cumplía tareas de importancia. El 27 de noviembre desde Velille le dice: “Acabo de recibir carta de Layo en la que me dan la noticia de que vienen soldados de Lampa y Azángaro; y así, precisa mucho que mandes poner toda la gente en el cerro de Chullocani hasta que yo regrese de este Velille, que será el viernes, porque siempre pasaré a dicho pueblo de Layo a poner atajo en el tránsito. También será preciso que Don Juan Antonio Figueroa lleve todos los cañones a dicho cerro”47. Resulta sorprendente que a pesar de todos los testimonios existentes, la historia o¿cial continúe presentando a Micaela como una simple colaboradora de Túpac Amaru. A través de numerosos documentos queda demostrado que cumplió funciones militares y políticas de importancia. En la carta fechada el 29 de noviembre, Túpac Amaru le 44 Loayza. Ob. cit., pp. 59-60. 45 Ibídem, p. 61. 46 Ibídem, pp. 65-66. 47 Ibídem, p. 60.

24 Sara Beatriz Guardia pide intervención para que el sacerdote Ildefonso Bejarano “no se lleve de dictámenes contrarios, y que mande abrir la puerta de la iglesia y administre sacramentos a aquellos naturales”, le recomienda que ponga soldados para que la protejan y le pide que le envíe la bandera “bien surcidita”48. El 30 de noviembre, trata de alentarla: “Se que estás muy aÀigida, y tu compañía lo mismo, y así no seas de poco ánimo. Si está de Dios que muramos se ha de cumplir su voluntad; y así, conformarse con ella”49. El 1 de diciembre, recibió la información que cinco corregidores se han unido para emboscarlos, pero confía que la gente de Lampa lo apoye, “y así no hay que tener cuidado de nada, manteniéndote en ese pueblo con la gente que quedase, y poner centinelas para que te den noticia a menudo; y que los indios de la provincia de Quispicanchi se esparzan en todos los tránsitos los más peligrosos, para que no puedan salir a tu habitación; y si así sucediese, verás la forma de salir con toda la familia a Vilcanota, por Layo”50. El 2 de diciembre de 1780, Micaela le envía un reporte de las acciones: “En Carabaya se repiten muertes y embargos; de Caylloma se asegura la tranquilidad, y de Arequipa lo propio y todos dispuestos a las órdenes de Vuestra Merced a quien Dios le dé fuerzas y paciencia para nuestro amparo”51. En una carta probablemente del mismo día, Tupac Amaru le informa que “en Pisquicocha ha mandado juntar soldados el Corregidor de la provincia de Chumbivilcas, con destino a Tungasuca, y que a los indios que fueron de propios lo ha mandado a ahorcar”52. En su carta del 3 de diciembre, Túpac Amaru le avisa que vienen soldados del Cusco, “por lo que te prevengo que te vengas con todos los soldados de casa hasta Langui, entonces puedes quedarte con Fernandito y Mariano, y lo soldados que pasen con toda la gente Langui y Layo; y así puedes estar en alguna parte segura (...) Yo estaré el día domingo en la raya de Vilcanota, siempre 48 Ibídem, p. 62. 49 Ibídem, p. 63. 50 Ibídem, 64. 51 La Rebelión, CDIP. Volumen 2°, p. 596. 52 La Rebelión, CDIP. Volumen 2°, p. 323.

25 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 tratarás de traer bastante plata no viniendo a despacharme; no te olvides de los cañones, en todo caso que vengan dichos cañones a Tungasuca”53. Pero el 6 de diciembre Micaela Bastidas le dirigió una carta a Túpac Amaru en términos duros e injustos. Desde el triunfo de la Batalla de Sangarara había presionado inútilmente para que marcharan al Cusco sin ningún resultado. Cansada le escribió una carta ofensiva que puso ¿n a la correspondencia. Túpac Amaru no le volvió a escribir. “Harto te he encargado que no te demores en esos pueblos donde no hay que hacer cosa ninguna; pero tú te ocupas en pasear sin traer a consideración que los soldados carecen de mantenimiento, aunque se les dé plata; y ésta que ya se acabará al mejor tiempo; y entonces se retirarán todos, dejándonos desamparados, para que paguemos con nuestras vidas; porque ellos solamente van al interés y a sacarnos los ojos de la cara; y más ahora que los soldados se van retirando, con la voz que Vargas y Oré habían esparcido de que los de Lampa unidos con otras provincias y Arequipa, te van a cercar, y se han amilanado, procurando remontarse y temerosos del castigo que le pudieran sobrevenir; y se perderá toda la gente que tengo prevenida para la bajada al Cusco” (...) Bastantes advertencias te di para que inmediatamente fueses al Cusco pero has dado todas a la barata, dándoles tiempo para que se prevengan, como lo han hecho, poniendo cañones en el cerro de Piccho y otras tramoyas tan peligrosas, que ya o eres sujeto de darles avance” 54. Insiste en su carta del 7 de diciembre donde incluso le comunica que ha decidido marchar hacia el Cusco sola: “Hallándome prevenida para marchar el lunes once del corriente para Paruro, a cuyo efecto estoy convocando a los indios de todos los pueblos, porque son muchos los padecimientos de los infelices indios de Acos y Acomayo, llenos de miedo con la salida 53 La Rebelión, CDIP. Volumen 2°, pp. 337-338. 54 Ibídem, pp. 49 y 51.

26 Sara Beatriz Guardia de los soldados de aquel pueblo (...) La mira que llevo es hacer más gente para estar rodeando poco a poco el Cusco que se halla con bastante fortaleza según te previne en mi anterior; porque si andamos con pies de plomo todo se llevará la trampa”55. Consciente de la importancia que revestía el Cusco, Túpac Amaru intentaba ampliar el radio de acción del movimiento para después cercar y cortarle el suministro a la ciudad antes del ataque. Mientras, que según Juan José Vega, Micaela quería tomar el Cusco con el objetivo de “desencadenar una guerra campesina, (...) sin considerar una agravante: podrían producirse arrasamientos étnicos y culturales, merced a la brutal opresión a la que se hallaba sujeto el campesinado andino”. En cambio, la estrategia de Túpac Amaru estaba “destinada a doblegar a la gran urbe a través de la conjura interna y mediante la participación activa de otras clases y grupos étnicos urbanos opuestos al dominio español proceso al cual se complementaría el ataque desde fuera en el momento preciso”56. Lo siguientes días Micaela continúa presionando aunque ya evidencia una notoria fatiga y tristeza. El 10 de diciembre le comunica: “Sucacagua nos ha hecho traición, y los demás como te impondrá la adjunta; y así ya no estoy en mí, porque tenemos muy poca gente. De mis cartas has hecho muy poco caso, tratando de estregarme a las astas del toro; y así no permitas que me quiten la vida, pues tu ausencia ha sido causa para todo esto”57. Hay que tener en cuenta que se encontraba sola en medio de enemigos y de servidores que no se oponían a su autoridad. Otro aspecto que hay que considerar es que dictaba - seguramente en quechua - las cartas que le enviaba a Túpac Amaru. Lo cual pudo haber producido algún error. Por ejemplo, con¿ó en un informe que desde el Cusco le envió su primo José Palacios, donde le decía que contaba con 50 mil esclavos negros que apoyarían el ataque a esa ciudad. En ese contexto la ganó la vehemencia, la pasión de avanzar, de arrebatarle el Cusco a los extranjeros, a los opresores. 55 Ibídem, pp. 51-52. 56 Vega, ob. cit., p. 299. 57 Loayza, ob. cit., p. 53.

27 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 Marcha al Cusco El 13 de diciembre Micaela Bastidas lanzó un edicto nombrando coronel a José Mamani y capitán a Simón Aymi Tupa; colaboradores leales pero de poca importancia. No existe ninguna evidencia que tal medida haya sido consultada con Túpac Amaru, a pesar de que dice obedecer sus instrucciones. Mientras Túpac Amaru que se encontraba en el sur del país llegó el 15 de diciembre a Tungasuca abrumado por el desorden, y desde allí envió un edicto decidido a ejercer su liderazgo58. Inmediatamente después, partió al Altiplano con la intensión de regresar con sus capitanes y conducir el contingente hacia el Cusco. En Tungasuca no encontró a Micaela Bastidas que había partido hacia Pomacanchi, donde el 15 de diciembre recibió una carta de Marcos de la Torre desde Acomayo, informándole que carecía de armas y soldados. Incluso Tomás Guasa le escribe ese mismo día señalando: “me hallo solo sin ninguna persona a nuestro favor; yo sé que nos esperan con bastantes soldados en Pilpinto, y aquí tenemos muy pocos y todos en contra”59. No obstante, el mismo 15 de diciembre le envió una carta al Gobernador José Torres donde le ordenaba que, “inmediatamente conduzca usted toda la gente de este pueblo, para hacer la entrada al Cusco, y arruinar de raíz tantos ladrones perjudiciales. Tenemos a nuestro favor las provincias de Urubamba, Paucartambo, las ocho parroquias, la de Quispicanchis, Paruro, Tinta, Lampa, Azángaro, Paucarcoclla, Carabaya, la ciudad de Chuchito y otras con innumerable gente”60. También le envió una carta a Túpac Amaru en tono conciliador: “He celebrado in¿nito que hayas llegado con felicidad. Yo me hallo en este Pomacanchi haciendo más gente, porque de este Tungasuca había salido con poca”61, pero él continúa su viaje sin avanzar el trecho pequeño que lo separaba de Pomacanchi. Los jefes indios apenas recibieron la orden de marchar hacia el Cusco habían procedido a avanzar sin esperar el retorno de Túpac Amaru. Inmediatamente Micaela se trasladó a Sangarara donde le solicitó a 58 La Rebelión, CDIP. Volumen 2°, p. 354. 59 Ibídem, p. 356. 60 Ibídem, p. 356. 61 Loayza, ob. cit., p. 53.

28 Sara Beatriz Guardia la Cacica Tomasa Titu Condemayta que se uniera a la campaña, pero ella le respondió que sólo recibía órdenes de Túpac Amaru. El 18 y 19 de diciembre se produjeron matanzas en Calca y en pueblos aledaños. (...) “Pequeños líderes que por desgracia tomaron el nombre del Inca, asolaron de tal modo esas ciudades que no dejaron ser viviente criollo, mestizo o zambo, ni siquiera niños o ancianos (...)Todo un odio acumulado estalló, sin una dirigencia que controlara el desborde de aquellas vanguardias enardecidas”62. El 20 de diciembre, Juan Manuel Oblitas, obispo del Cusco, le informó al Visitador General José Antonio Arreche que los “indios han arruinado ya varias haciendas, siendo el robo y saco de frutos y ganados su mayor aliciente, y a este ejemplo han salido invadiendo otros muchos pueblos”63. La situación se tornaba cada vez más difícil, y el General José Antonio Arreche dirigió una carta a la corte de España el 22 de diciembre dándole cuenta del movimiento de los rebeldes64. En vista de la situación Túpac Amaru el 23 de diciembre expidió el “Bando a los arequipeños” con mensajes unitarios y asumió la conducción de la marcha hacia el Cusco. La batalla nal A ¿nales de diciembre Túpac Amaru inició la marcha hacia el Cusco con todo su ejército y con Micaela Bastidas. Después de varias semanas llegaron hasta los cerros que rodean la ciudad del Cusco, enfrentando la oposición del cacique Rosas de Anta y de Pumacahua65 atrincherados en la fortaleza de Sacsahuamán, ambos indios renegados aliados de los españoles como se puede leer en el Informe del Cabildo del Cusco de 1783: “A imitación del cacique Pumacahua, se manifestó ¿el y pronto Nicolás de Rosas, cacique del pueblo de Anta, de la provincia de Abancay, ofreciendo resguardar la espalda de esta ciudad con los indios de sus ayllos y parcialidades, que son muchos en número”66. 62 Vega, ob. cit., p. 326. 63 La Rebelión, CDIP. Volumen 2°, p. 363. 64 Archivo de Indias de Sevilla. Audiencia de Lima. Legajo 1040. 65 En 1814 se pasó al bando patriota y participó en el levantamiento del Cusco. Tomó Arequipa, Huamanga y La Paz. Fue ejecutado por los españoles. 66 La Rebelión, CDIP. Volumen 2°, p. 118.

29 Micaela Bastidas y la insurreccion de 1780 Durante esas semanas Micaela Bastidas tuvo a su cargo la responsabilidad de coordinar el ataque a Puno comandado por Ramón Ponce y la ofensiva sobre Arequipa de Manuel Balderrama; mientras Tupac Amaru se preparaba para enfrentar a José Arreche que avanzaba hacia el Cusco al frente de un ejército de miles de soldados. Con anterioridad, Tupac Amaru había dirigido un o¿cio, el 3 de enero de 1781, al Cabildo del Cusco solicitando su intervención para permitir el ingreso a la ciudad en calidad de emisarios al padre Domingo Castro, Ildefonso Bejarano y del capitán Bernardo de la Madrid: “Sin retener por ningún pretexto a dichos emisarios, porque representan mi propia persona, sin que se entienda sea mi ánimo causar la menor extorsión a los rendidos, sean de la clase que fuesen, como ha sucedido hasta aquí. Pero si obstinados intentan seguir los injustos hechos, experimentarán todos aquellos rigores que pide la divina justicia, pues hasta aquí la he visto pisada por muchas personas” 67. Pero ni este o¿cio ni otro del 10 de enero de 1871 fueron respondidos. No hay tregua ni negociaciones, y el 15 de enero el virrey Francisco de Jáuregui ordena preparar las milicias para que sofocar el levantamiento dirigido por “el indio rebelde Josef Gabriel Tupa Amaro”. La orden era liquidar la rebelión, y a los principales líderes indígenas. Desde Tinta Micaela le envía una carta a Túpac Amaru el 24 enero de 1781, donde lo llama: “hijo de mi corazón, de todo mi aprecio”, lo trata de Vuestra Merced y le dice que espera la resolución que él debe tomar en Quisquijana68. A medida que avanzan los días, las cartas evidencian situaciones cada vez más difíciles. El 6 de febrero, Micaela le informa: “acaban de llegar sucesivamente tres propios de Quiquijana y dicen que los enemigos se hallan en dicho pueblo, y que nuestra tropa se ha retirado a Checacupi”. (…), y agrega que “nuestros allegados son los que tiran contra nosotros”69. En tanto que Túpac Amaru continúa la lucha para que no desmaye la gente que está a su mando, y Micaela imparte órdenes e intenta reclutar adherentes. En una carta sin fecha, pero probablemente enviada a ¿nes de febrero, señala: 67 La Rebelión, CDIP. Volumen 4°, p. 78. 68 La Rebelión, CDIP. Volumen 2°, p. 458. 69 La Rebelión, CDIP. Volumen 2°, pp. 483-484.

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